El ocaso de las revoluciones y Epílogo sobre el alma desilusionada

Publicado en: Raciovitalismo | 5

En estos ensayos, Ortega expone una definición de «revolución» como modificación del estado de espíritu del hombre, de su mecanismo psíquico. Frente a la idea que se tiene de revolución como enfrentamiento violento contra la injusticia de un orden establecido, Ortega sostiene que la revolución es contra los usos, no contra los abusos. «Lo menos esencial de las verdaderas revoluciones es la violencia. Aunque ello sea poco probable, cabe inclusive imaginar que una revolución se cumpla en seco, sin una gota de sangre» Es decir, revolución es un cambio en la forma mental, en las creencias, valores, sensibilidad de la gente, en definitiva, una transformación del modo de ver el mundo, del estado de conciencia, de la representación que nos hacemos de la realidad.

Posteriormente, observa tres estados de espíritu por los que ha pasado el hombre en las distintas étapas históricas. Se trata de un mecanismo del desarrollo histórico; el proceso de formación, consolidación y declinación de las civilizaciones. Dice Ortega: «Entonces se advierte que en cada una de esas grandes colectividades el hombre ha pasado por tres situaciones esprituales distintas, o, dicho de otra manera, que su vida psíquica ha gravitado sucesivamente hacia tres centros diversos. De un estado de espíritu tradicional pasa a un estado de espíritu racionalista, y de éste a un régimen de misticismo. Son, por decirlo así, tres formas diferentes del mecanismo psíquico, tres maneras distintas de funcionar el aparato mental del hombre».

Este esquema -necesariamente simplificado- de las modificaciones de la psique humana se corresponde con un ciclo histórico completo. Esto no significa, en ningún caso, que la historia sea una sucesión de repeticiones. La realidad humana no está determinada sino que es, esencialmente, intencional. Pero se está hablando de la historia, y ésta, trata sobre el progreso de la vida humana. Desde esta perspectiva vital, se entiende la idea de ciclo como distintos momentos, o etapas conectadas por las que se debe pasar en todo proceso, como en la propia vida pasamos por la infancia, la adolescencia, la madurez y la vejez.

Lo menos esencial de las verdaderas revoluciones es la violenciaHaz click para twittear

Nuestra civilización actual -que no hemos de olvidar, es la primera en abarcar todo el planeta- ha agotado la etapa racionalista. La época mística, o pre-religiosa que le sucede, se caracteriza por ser una etapa de decadencia, de crecimiento de la superstición y el irracionalismo. «Después de la derrota que sufre en su audaz intento idealista, el hombre queda completamente desmoralizado. Pierde toda fe espontánea, no cree en nada que sea una fuerza clara y disciplinada. Ni en la tradición ni en la razón, ni en la colectividad ni en el individuo […] incapaz el espíritu de mantenerse por sí mismo en pie, busca una tabla donde salvarse del naufragio y escruta en torno, con humilde mirada de can, alguien que le ampare. El alma supersticiosa es, en efecto, el can que busca un amo. Ya nadie recuerda siquiera los gestos nobles del orgullo, y el imperativo de libertad, que resonó durante centurias, no hallaria la menor comprensión. Al contrario, el hombre siente un increible afán de servidumbre. Quiere servir ante todo: a otro hombre, a un emperador, a un brujo, a un ídolo».

Pero esta etapa decadente y pre-religiosa es el caldo de cultivo para el nacimiento de un nuevo espíritu, un nuevo tipo de hombre. Estamos asistiendo al surgimiento de una nueva civilización planetaria y el comienzo de un nuevo ciclo histórico

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5 Comentarios

  1. Teo
    | Responder

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  2. ENRIQUE MENA
    | Responder

    Bueno. Los cito en mi webá personal y recomiendo dar like.
    Otro día comento en profundidad a mi maeztririjiYO.

  3. meditaciones
    | Responder

    Muchas Gracias Enrique! Seguiremos en contacto y Felicidades por tu bogg!!!

  4. […] La ira de los overoles blancos se produce ante la impotencia de ver cómo son desperdiciadas las oportunidades de hacer una nación desarrollada y como TODOS, ¡Absolutamente Todos se conforman con las ya nombradas APARIENCIAS de las cosas, en vez de la Realidad de las cosas!   Sólo en el crítico asunto de la Educación basta recordar la legendaria fotito con “las manos arriba” de la traidora Bachelet, junto a los momios, diciendo: ¡Hemos mejorado la Educación! ¡Hace 12 años! Ante esa Reality: Ver que lo único que hacen TODOS los desgobiernos son meros montajes mediáticos, sólo la desesperación de verse presos en una sociedad, un país, donde no importa lo que quieras o pienses ni digas. Un país que jamás dejará de ser excluyente, segregador, clasista y xenófobo. A muchos nos dijeron: “Uds. son el futuro”. Pero El Futuro, como “la alegría” del Plebiscito, nunca llegó. Esa experiencia social permeó desde su nacimiento a estas generaciones, volviéndolas apáticas (por eso NO vota, por la decepción aprendida de sus padres engañados por los cantos de sirena de la Concertación 1, 2 y 3). Es la desesperación ante el hundimiento del Titanic que ha chocado contra todos los icebergs internos (Desfalcos del Estado por parte de las FFAA) y externos (crisis económicas mundiales) y que nadie quiere ver. De los cuales Ud. ha despuntado algunos síntomas, siendo el decisivo La Mediocridad. La diferencia entre ellos y mi generación (la de los ’80s), es que nosotros creímos en las vagas promesas de “desarrollo” que nos daba la Democracia recién “recuperada”.   Agachamos el moño, ante sus sabios consejos y veladas amenazas: nos rendimos antes de comenzar, nos deprimimos.   Los actuales “montaron en la yegua cólera” y se estrellan contra El Muro (a lo Pink Floyd), intentando, vanamente, NO convertirse en “Another Brick in The Wall” https://youtu.be/YR5ApYxkU-U.   La película basada en dicho disco rock es decidora del momento que vivimos, porque siempre vivimos 40 o 50 años atrasados con respecto a las metrópolis.   Superficialmente compartimos modas y electrónica, pero mentalmente siempre vamos a la siga, como el perro de su amo.  Nunca hubo tal INdependencia, tan sólo cambiamos Madrid por Londres; luego por Washington DC. y ahora por Beijing. Cuando alguien tiene real afán de Libertad, de ser uno mismo y nace en medio de una nación de esclavos sólo tiene dos opciones: siente ira o se deprime. Ellos optaron por la ira, porque la ira es movilizadora, la depresión es inmovilizadora.   El credo es secundario, porque flota sobre el mar emocional de la eterna frustración de los creyentes en las promesas sobre el futuro que nunca llegará. Como dicen en Argentina, cambiamos futuro por pasado.   Ese es el problema de ser creyente: Uno les cree a los mayores todos los cuentos y promesas de un país desarrollado e inclusivo.   Cree que NO debe protestar, que ellos se harán cargo de todo, porque ellos Saben, ellos tienen la experiencia para realizar los cambios. De la inminencia del “Cambio” pasamos a la paciencia; de la paciencia a la espera esperanzada. Pero pasan las décadas, lo único que cambia es que nos volvemos viejos y nada sustancial cambia. Sólo maquillan el cadáver de lo que alguna vez pudo llegar a ser una nación.   El cadáver de la Esperanza es la Desilusión, el caldo de cultivo de la Depresión.  Recuerdo El Epílogo sobre el alma Desilusionada, escrito por el Viejo Pepe, un filósofo de lo más facho que hay.   Un hermoso texto acerca de porqué y como toda sociedad sólo puede irse a la cresta y a él me remito, para todos los imbéciles que creen que estas ideas son de izquierda. http://meditaciones.org/el-ocaso-de-las-revoluciones-y-epilogo-sobre-el-alma-desilusionada/ […]

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