El psiquismo como función de la vida. Taller de psicología humanista

En esta serie de talleres pretendemos hacer una aproximación al tema del psiquismo desde la perspectiva del humanismo universalista inspirado en el pensador argentino Mario Luis Rodríguez Cobos (Silo) y el raciovitalismo de José Ortega y Gasset.

Hay que aclarar que cualquier descripción en el campo de las ciencias sociales ­­‑‑particularmente en psicología‑‑ siempre es una interpretación que cumple una tarea funcional. Es decir, ante la enorme complejidad de cualquier fenómeno social se hace necesario hacer algún tipo de estructuración para poder comprender su funcionamiento y operar sobre él.

Este taller no está dirigido a la resolución de conflictos psicológicos. No es una terapia. Estos estudios están pensados para personas deseosas de ampliar el conocimiento de sí mismas y del mundo en que viven. Nuestro objetivo es ganar en comprensión y profundizar paulatinamente en los entresijos de nuestra propia mente.

El punto de partida

Ya hemos aclarado el objetivo del taller, esto es, aprender sobre el funcionamiento de nuestro psiquismo investigando sobre nosotros mismos. Ahora vamos a definir nuestro punto de partida.

Nuestra posición parte de la existencia humana, de nuestra propia experiencia de vivir. Ante cualquier opinión siempre está en juego la vida concreta del que opina y es en la medida que vamos profundizando que podemos encontrar puntos de unión incluso entre aquéllos que opinan lo contrario a lo que proponemos. (Asumiendo que nuestro adversario sea honesto. Frente a la mala fe no hay otra alternativa que hacer el vacío).

El psiquismo como función de la vida

Desde el punto de vista existencial ¿Qué es lo primero que nos encontramos en nuestra vida? Para empezar nos encontramos en un mundo que no hemos elegido. Nuestra experiencia nos dice que hemos nacido en un determinado lugar y en unas condiciones sociales no decididas por nosotros.

A partir de ahí, lo primero que nos encontramos es nuestro propio cuerpo como elemento particular con el cual contamos para interactuar con el entorno que nos rodea. Diremos pues, que la primera característica de nuestra existencia es que se encuentra irremediablemente abierta al mundo. Esto quiere decir que, queramos o no, nuestra vida consiste en un hacer en y con el mundo, en una apertura activa hacia la circunstancia en que nos encontramos.

Al sistema de relación entre el ser vivo y su circunstancia lo llamamos Psiquismo. El psiquismo aparece con el surgimiento de la vida como un primitivo tropismo que conducía a los primeros seres vivos a buscar las condiciones más favorables para su desarrollo. El psiquismo trata de equilibrar los medios internos y externos de forma compensatoria, alejándose de las situaciones perjudiciales y acercándose a las más beneficiosas.

La unidad mínima de estudio

De este modo, los elementos básicos del psiquismo son el ser vivo y el medio en que vive. Ambos se pueden estudiar de forma separada pero comprendiendo que forman una estructura, una unidad inseparable. Hombre y circunstancia constituyen un todo.

El tropismo inicial, fundamentado en un rudimentario sistema táctil, fue complejificándose en la medida en que la vida iba diversificándose y adaptándose crecientemente a circunstancias más variadas. Aparecieron las funciones nutricionales, motoras y reproductivas. A partir del tacto se fueron conformando los diferentes sentidos (vista, oído, olfato, gusto...) y la evolución continuó su camino dando lugar a millones de especies en las que el psiquismo se quedaba cristalizado o iba dando saltos cualitativos: Los primeros grupos de carácter vegetativo dieron lugar al desarrollo de las funciones motrices, más adelante el sistema de emociones permitió una interactuación más compleja, como el cuidado de las crías en los mamíferos. Finalmente, las funciones intelectuales en un grupo particular de primates se desarrollaron exponencialmente a partir de un salto evolutivo en que el psiquismo, por vez primera, se volvió hacia sí mismo.

Nos encontramos con los grupos homínidos, de entre los cuales, surgió el ser humano actual. Es en nuestra especie donde el psiquismo se desarrolla en toda su plenitud y donde puede encontrar las condiciones para un nuevo salto evolutivo.

Ramas de estudio de la psicología humanista

La psicología es la ciencia que estudia los procesos mentales, las sensaciones, las percepciones y el comportamiento del ser humano, en relación con el medio ambiente físico y social que lo rodea. La psicología es el estudio del psiquismo.

Para nosotros, el psiquismo se puede estudiar desde tres puntos de vista que dan lugar a tres psicologías distintas.

Desde el punto de vista compositivo tenemos la Psicología Descriptiva que se ocupa en describir el funcionamiento de los mecanismos mentales en sus distintos aparatos de Sentidos (internos y externos), Conciencia y Centros de respuesta.

Desde el punto de vista relacional, la Psicología Conductual estudia el comportamiento individual y colectivo.

Desde el punto de vista procesal, la Psicología Evolutiva se ocupa de aclarar las condiciones de la Mente para poder preguntar acerca de la cuestión trascendental y sus posibilidades de desarrollo.

En síntesis

El estudio de nuestra propia vida parte del reconocimiento que nos encontramos irremisiblemente en un mundo o circunstancia que no hemos elegido y que nuestra existencia consiste en tomar decisiones (acertadas, erróneas, nimias, dramáticas...) sobre la base de las posibilidades que nos encontramos.

El psiquismo surge con la vida como mecanismo de interactuación con el mundo y, en el ser humano, se encuentra en su estado de mayor desarrollo y con la posibilidad de dar un nuevo salto evolutivo.

La Psicología estudia el psiquismo desde diferentes puntos de vista y, partiendo de nuestra propia experiencia, nos permite investigar sobre su funcionamiento y aplicación en una dirección más acorde a su sentido (evolutivo).


Prácticas de Relajación

Rélax físico externo

Comienza a sentir su cabeza, el cuero cabelludo, los músculos faciales, la mandíbula. Luego va sintiendo los dos ojos al mismo tiempo, las dos partes de su nariz. Luego atiende a la comisura de los labios, a sus dos mejillas, y baja, mentalmente, por ambos lados de su cuello y al mismo tiempo. Se va fijando en sus dos hombros; después, poco a poco, va descendiendo por sus brazos, los antebrazos y las manos, hasta que todas estas partes vayan quedando completamente flojas, bien relajadas.

Vuelva a su cabeza y realice el mismo ejercicio. Pero ahora va a bajar por delante de su cuerpo, por sus dos músculos pectorales. Luego hacia el abdomen, va bajando simétricamente por delante como siguiendo dos líneas imaginarias. Llega al bajo vientre y ahí donde termina el tronco de su cuerpo, ahí debe dejar todo completamente bien relajado.

Ahora retrocede de nuevo. Sube a su cabeza mentalmente, pero esta vez comienza a bajar por la nuca. Ahora va bajando por dos líneas de la nuca, simétricamente. Al mismo tiempo, desciende por dos líneas de su espalda, por su omóplato hacia abajo, cubriendo toda su espalda, llegando a las partes últimas de su cuerpo. Sigue por sus dos piernas, a lo largo de ellas, llegando hasta la punta de los pies.

Rélax físico interno

Nuevamente toma usted su cabeza como referencia. Ahora siente sus ojos, siente fuertemente los globos oculares, los músculos que rodean ambos ojos. Ahora está sintiendo sus dos ojos por dentro al mismo tiempo. Va experimentando la sensación interna y simétrica de ambos ojos, yendo hacia el interior de ellos, relajándolos, relajándolos totalmente. Ahora "cae" hacia dentro de su cabeza... se deja deslizar al interior y va relajando completamente. Sigue como cayendo por un tubo hacia los pulmones, va sintiendo simétricamente los pulmones por dentro y los va relajando. Luego sigue bajando internamente por su abdomen, relajando todas sus tensiones; sigue bajando internamente, aflojando por dentro, por su bajo vientre en profundidad, hasta la terminación de su tronco, dejando todo en perfecto relax.

Rélax mental

Sienta nuevamente su cabeza. Ahí está el cuero cabelludo, más abajo el cráneo. Comience por "sentir" su cerebro por dentro.

Sienta su cerebro como si estuviera "tenso". Vaya aflojando esa tensión hacia adentro de su cerebro y hacia abajo, como si fuera descendiendo la relajación.

Concéntrese. Vaya bajando la tensión, como si la parte superior de su cerebro se fuera haciendo cada vez más suave, agradable. Siempre bajando, bajando hacia el centro de su cerebro, más abajo del centro, mucho más abajo, cada vez algo más algodonoso, más suave, más tibio. Repita este ejercicio varias veces hasta comprender que progresivamente lo va dominando.

Encontrarás una guía completa de Prácticas de relajación en el libro Autoliberación


 

Aprender a Meditar

La simple meditación comienza en cualquier momento y lugar. Consiste en atender. Caer en la cuenta de uno mismo en el mundo. Hacerme consciente de lo que estoy haciendo en este momento.

Al hacer esto, lo primero que descubro es la divagación. Cuán disperso estoy habitualmente. Cuando intento atender descubro que la atención se desvía en múltiples direcciones.

El ejercicio consiste en atender sin forzamiento. Ir acordándose a lo largo del día en poner atención. Cuando me descubro "ensoñando", divagando en tal o cual tema, entonces estoy atento, estoy meditando.

Como herramienta de apoyo podemos anotar en un cuaderno (a modo de diario) al final del día los momentos en que hemos descubierto nuestros ensueños así como situaciones o reflexiones importantes que nos hayan acaecido. De esta manera, como necesitamos acordarnos de atender para poder anotarlo más tarde reforzamos nuestra actividad meditadora y la vamos incorporando.

Con el paso de los días tratar de cotejar lo que pasa cuando pongo más atención en la vida diaria con cuando no la pongo.

Para ampliar el interés de este ejercicio recomendamos la siguiente lectura de krishnamurti sobre la meditación.

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