En esta serie de 10 talleres pretendemos hacer una aproximación al tema del psiquismo desde la perspectiva del humanismo universalista inspirado en el pensador argentino Mario Luis Rodríguez Cobos (Silo) y el raciovitalismo de José Ortega y Gasset.

 

Este minicurso nos permitirá ampliar el conocimiento de nosotros mismos y ganar en capacidad de transformación personal y social. De forma experimental haremos un recorrido que responderá a las eternas preguntas: ¿de dónde venimos? ¿en qué estamos? ¿hacia dónde vamos?

 

Hay que aclarar que cualquier descripción en el campo de las ciencias sociales (particularmente en psicología) siempre es una interpretación que cumple una tarea funcional. Es decir, ante la enorme complejidad de cualquier fenómeno humano se hace necesario hacer algún tipo de estructuración (un modelo conceptual) para poder comprender su funcionamiento y, de este modo, operar sobre él.

 

Estos talleres no están dirigidos a la resolución de conflictos psicológicos. No son una terapia. Estos estudios están pensados para personas deseosas de ampliar el conocimiento de sí mismas y del mundo en que viven. Nuestro objetivo es ganar en comprensión y profundizar paulatinamente en los entresijos de nuestra propia mente.

 

Cada taller está pensado para una duración aproximada de dos horas. Algunos ejercicios propuestos pueden finalizarse en casa para una revisión conjunta posterior. Otros son meras propuestas que, cada cual, verá la pertinencia de realizar. La mayoría se pueden hacer en el término del taller.

El psiquismo como función de la vida

El estudio de nuestra propia vida parte del reconocimiento que nos encontramos irremisiblemente en un mundo o circunstancia que no hemos elegido y que nuestra existencia consiste en tomar decisiones (acertadas, erróneas, nimias, dramáticas...) sobre la base de las posibilidades que nos encontramos. El psiquismo surge con la vida como mecanismo de interactuación con el mundo y, en el ser humano, se encuentra en su estado de mayor desarrollo y con la posibilidad de dar un nuevo salto evolutivo. La Psicología estudia el psiquismo desde diferentes puntos de vista y, partiendo de nuestra propia experiencia, nos permite investigar sobre su funcionamiento y aplicación en una dirección más acorde a su sentido (evolutivo).
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Los fundamentos del psiquismo

El funcionamiento del psiquismo es sumamente complejo y nos obliga a realizar una estructuración esquemática para poder comprenderlo y manejarlo. Como la función del psiquismo es equilibrar el medio interno del ser vivo con el medio externo, para lograr la condición más favorable, comenzamos estudiando el funcionamiento de los sentidos. Los estímulos se traducen a un sistema de impulsos neurales y endocrinos que se graban en memoria y se estructuran por conciencia para convertirse en una acción a través de los centros de respuesta.
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La función de la imagen y el espacio de representación

La imagen es el modo en que la conciencia estructura las percepciones y sensaciones que provienen de los sentidos y la memoria a través de impulsos que son transformados y sintetizados en forma de respuestas. Las imágenes movilizan energía psíquica que puede tener carácter catártico o transferencial de lo cual se obtiene un registro de índole doloroso, placentero, integrador, contradictorio o neutro. El espacio de representación es la «pantalla» en que se representan las imágenes visuales, táctiles, olfativas, auditivas, gustativas, cenestésicas y kinestésicas. Una de sus principales funciones es delimitar la frontera entre el punto de vista observador y el mundo permitiendo las acciones en una determinada dirección. En relación al nivel de conciencia el límite del espacio de representación coincidirá con el límite del cuerpo en vigilia (particularmente la cara que concentra la mayoría de sentidos) y en el sueño aumentará considerablemente su volumen aumentando el registro del intracuerpo.
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El campo de copresencia o la raíz de nuestras creencias

Hablamos de miradas que interpretan paisajes para diferenciarnos de la postura ingenua que confunde el ver como reflejo pasivo de un mundo existente en sí mismo sin ninguna interpretación. Esta mirada cosificadora despoja de intencionalidad a la realidad humana abriendo la puerta a la discriminación, la degradación y la violencia. Es gracias al campo de copresencia que podemos direccionar nuestro comportamiento posibilitando a la conciencia intencionar respuestas entre múltiples posibilidades con las que contamos aunque no tengamos presentes en un momento dado.
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El ser humano en situación y no como subjetividad aislada

Nuestra forma de actuar y de sentirnos en el mundo está influida por el paisaje de formación que nos tocó vivir. Ese paisaje en que crecimos estaba constituido por objetos tangibles e intangibles que han desaparecido o se han transformado merced a la aceleración de los acontecimientos históricos. La principal consecuencia de esto estriba en la dificultad para comprender el mundo y adaptarnos de forma creciente a la aparición de nuevos fenómenos sociales (al cambio). Para lograr un diálogo entre las generaciones se debe tener en cuenta el paisaje de formación en que le ha tocado vivir a cada una y compararlo.
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El fantaseo cotidiano o hacia dónde va nuestra vida

En nuestras actividades cotidianas y en los distintos niveles de conciencia nuestra realidad está poblada de imágenes y divagaciones llamadas ensueños. Este «sonar despierto», en la mayoría de ocasiones, escapa a nuestra conciencia distrayéndonos de la actividad que estamos realizando. Los ensueños cumplen la función de descargar tensiones internas y cuando son repetitivos y tienen un mismo tono emotivo es que giran en torno a un tema central que llamamos núcleo de ensueño. El núcleo de ensueño es la tendencia básica de nuestra vida y puede estar ligado a un clima al que puede estar asociada una imagen o no. Estos climas son de difícil rastreo y no tienen por qué ser necesariamente negativos pero guían nuestra conducta en todos los casos.
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El lenguaje del psiquismo

El psiquismo trabaja con impulsos electroquímicos que se estructuran de diferente forma. Estas formas constituyen ámbitos mentales de registro interno que nos permiten aprehender los distintos fenómenos internos y/o externos. Según estas imágenes se configuren por vía asociativa operarán en forma alegórica, como representaciones que unen múltiples elementos en forma narrativa. O, si lo hacen por vía abstractiva, configurarán símbolos que sintetizan lo esencial del fenómeno permitiendo ordenarlo o codificarlo convencionalmente.
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El equilibrio interno del psiquismo

En rigor, toda actividad implica una descarga, una catarsis de tensiones que, en muchos casos guardan relación con el circuito necesidad y satisfacción, placer y displacer, pero en otros, cumplen la función de restablecer el equilibrio interno del psiquismo como en el caso de descargas catárticas del tipo de la risa, el llanto, la comunicación de problemas, producción artística, actividad física desinteresada, etcétera.
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La integridad del psiquismo

Las acciones que realizamos determinan la integridad de nuestro psiquismo. Allá donde realicemos actos coherentes construiremos armonía y unidad interna mientras que la acción desintegradora (incoherencia, contradicción entre lo que se piensa, siente y hace) acumulará sufrimiento ilusorio en uno mismo y en aquéllos que le rodean. No sólo la acción tiene carácter catártico y transferencial sino que un trabajo con imágenes, en el espacio de representación, puede lograr la integración de contenidos mentales opresivos y la liberación de energía disponible para ampliar las posibilidades de desarrollo de nuestra propia vida.
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Las posibilidades del psiquismo

La psicología trascendental se ocupa de habilitar las condiciones adecuadas para responder a la pregunta sobre el sentido de la vida desde el punto de vista de las posibilidades evolutivas del psiquismo. Se interesa por la experiencia de lo sagrado en el ser humano, particularmente en las prácticas conocidas como «místicas», de acceso a lo profundo, y de sus reminiscencias.
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