La espiral de la historia: ¿Volvemos a las sociedades hortícolas?

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Antes de la domesticación de plantas y animales, hace unos 10.000 años, nuestros antepasados vivían en bandas nómadas dedicadas a la caza y la recolección de alimentos. A diferencia de la imagen tosca del cavernícola arrastrando del cabello a la mujer, los antropólogos han descubierto que se trataban de sociedades igualitarias basadas en un sentido de reciprocidad en las que no existía la propiedad privada. Todavía hoy, existen pueblos de subsistencia hortícola, como los kaikuru de la selva tropical sudamericana, que viven en aldeas de unas 150 personas que responden a estas características.

La realidad vital siempre es mucho más compleja que los estereotipos e idealizaciones en que suelen incurrir los investigadores sociales. De este modo, no es difícil imaginar cómo, desde una mirada ingenua, se ha considerado a estas culturas un estadio primitivo hacia la consolidación de la civilización actual. Eran las primeras teorías evolucionistas de principios del siglo pasado. Otros pensadores sociales, inspirados en la «bondad natural» que Rousseau atribuida a la naturaleza humana, interpretaron estas comunidades como el origen de una añorada sociedad comunista que, de alguna manera, debía servirnos de guía.

Giambattista Vico (1668-1774) pasa por ser el precursor de la historiografía. Trató de interpretar el caos de la historia sobre la base de la participación en tres edades: divina, heroica y humana. Esta idea tuvo gran influencia en posteriores filósofos de la historia como Herder, Comte o Spengler. Se trata de una concepción lineal de la historia, que Silo denomina «historia sin temporalidad», donde la humanidad pasa por determinados estadios evolutivos impulsada por fenómenos motivantes como la Providencia, por ejemplo, hasta llegar a la consecución de un Fin, que es la sociedad actual. Para Silo, el problema no está en la recopilación y clasificación de datos historiográficos (que pueden ser interpretados de las formas más diversas) sino en la concepción de «historicidad y proceso», es decir, deberíamos ser capaces de responder científicamente sobre el cómo y porqué de los acontecimientos humanos.[i]

La filosofía de la vida de Dilthey y la fenomenología de Husserl ahondaron en el protagonismo que correspondía al ser humano en la construcción de su propio destino. Ortega introduce el tema de la dialéctica generacional como palanca de transmisión del devenir de la historia. En todo momento histórico coexisten varias generaciones que sucesivamente, en la medida que se van sustituyendo, van modificando el sistema de valores y creencias en que se hubieron formado. De esta manera, el mundo cambia y la historia se va construyendo.

Hemos visto cómo la visión de la historia se ha ido interiorizando desde una mirada externa e ingenua hasta una perspectiva más temporal y propiamente histórica en la que el ser humano es protagonista y constructor de su propia realidad.

Desde este punto de vista, Ortega y Gasset, también observa tres periodos o etapas por las que transcurre la historia en el ciclo de vida de una civilización. Ya no se trata de una visión lineal sino espiral. Del mismo modo que, en la vida individual, se transita por la niñez, la adolescencia, la madurez y la vejez. Del mismo modo que las generaciones se van sucediendo. También las épocas pasan por distintos procesos. Dice Ortega: «Entonces se advierte que en cada una de esas grandes colectividades el hombre ha pasado por tres situaciones espirituales distintas, o, dicho de otra manera, que su vida psíquica ha gravitado sucesivamente hacia tres centros diversos. De un estado de espíritu tradicional pasa a un estado de espíritu racionalista, y de éste a un régimen de misticismo. Son, por decirlo así, tres formas diferentes del mecanismo psíquico, tres maneras distintas de funcionar el aparato mental del hombre»[ii]

Desde nuestro punto de vista, esta forma de ver la evolución, como un proceso cíclico en espiral, en que cada giro se produce en un plano diferente, nos permite pensar que, en cierto modo, sí vamos hacia una sociedad igualitaria, sin estratos sociales, sin sentido de la propiedad y fundamentada en la reciprocidad como aquellas sociedades que comentábamos al comienzo. Será porque hayamos completado el mayor giro de nuestra espiral histórica.

la visión de la historia se ha ido interiorizando desde una mirada externa e ingenua hasta una perspectiva más temporal y propiamente histórica en la que el ser humano es protagonista y constructor de su propia realidad.Haz click para twittear

Se trata de construir un relato coherente de los hechos humanos, que los dote de significado y nos permita predecir una dirección, un sentido a nuestras propias acciones (como individuos y como especie). Entonces, se podrá explicar este ciclo de 10.000 años como un proceso, con avances y retrocesos, en el que la estratificación social, la desigualdad, también fueron contrarrestados por sistemas sociales más complejos y por nuevas formas culturales.

En definitiva, observamos un cambio de ciclo en el que la mirada humana, nuestra perspectiva, se va interiorizando y tomando un carácter más intencional. La mirada ingenua que toma al mundo y a las personas como meros objetos se tornará en una mirada que descubre lo sagrado que hay en toda forma de vida y en todo ser humano.

[i] Para ampliar esta idea recomendamos la lectura del ensayo Discusiones historiológicas inserto en el libro Contribuciones al Pensamiento

[ii] Esto se desarrolla en los ensayos El ocaso de las revoluciones y Epílogo del alma desilusionada que podéis leer/descargar en este enlace. Recomendamos complementar la lectura con el texto Ideas y Creencias. Se trata de escritos breves de gran profundidad y ágil lectura.

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