La precondición de la supervivencia

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Estimado lector:

Tiene Ud. en sus manos un libro que no puede dejar de hacerle pensar. No sólo porque está dedicado a un tema eterno, que es el humanismo, sino porque habiendo puesto este tema en marcos históricos, permite sentir, comprender, que se trata de un verdadero desafío de nuestra época.

Mijail Gorvachov. Moscú, 30/10/94

El autor del libro, Dr. Salvatore Puledda, con toda razón subraya que el humanismo en sus tres aspectos: como concepto general, como conjunto de ideas específicas y como acción que inspira, tiene una historia muy larga y complicada. Según él escribe, su historia ha sido similar al movimiento de las ondas: ora el humanismo salía a un primer plano, al proscenio histórico de la humanidad, ora “desaparecía” en algún momento. En ocasiones, fue relegado a un segundo plano por las fuerzas que Mario Rodríguez Cobos (Silo) con toda razón califica de “antihumanistas”. En aquellos períodos, fue brutalmente tergiversado. Las mismas fuerzas antihumanistas a menudo se pusieron la máscara humanista para actuar bajo su cobertura y, en nombre del humanismo, realizaron sus oscuras intenciones. En esos momentos el humanismo verdadero permanecía en la profundidad de la conciencia humana, en las mentes de los mejores representantes del pensamiento humano como ideal, objetivo y dirección de la acción social deseada.

El autor del libro tiene razón al decir que el humanismo, tanto en el pasado como en la actualidad, tenía y sigue teniendo una multitud de interpretaciones, incluso de las más contradictorias. Y es posible que diferentes categorías de lectores perciban de modo distinto el contenido de su libro, coincidiendo o no con sus conclusiones. Y, a propósito de esto, debo decir que desde mi personal apreciación el Dr. Salvatore Puledda de ningún modo se considera poseedor de la verdad en su última instancia; él reflexiona e invita a reflexionar a sus lectores y ésta es una muy importante peculiaridad de su libro.

Estoy convencido de que su libro es oportuno y actual. Es mi opinión y de la Fundación que encabezo, que estamos viviendo la crisis de los fundamentos de la civilización y que ésta desgasta aceleradamente su potencial... Y esto, si les parece, puede verse como una crisis del ser humano mismo. Da la impresión que todo, o la mayor parte de lo que ocurre, es una verdadera agresión contra el ser humano. Al ser humano le amenaza todo. Los resultados del progreso científico-tecnológico (que en otras condiciones podrían hacer la vida prolífica y digna) ahondan la crisis en las relaciones entre el ser humano y el resto de la naturaleza. Y así llegamos a este estremecimiento en la esfera político-social, a esta agudización de las contradicciones entre el ser humano y la sociedad, entre el ser humano y el poder. Esta situación nos emplaza frente a callejones sin salida en el desarrollo de la educación y la cultura. Pero, como un recuento de las actuales dificultades sería demasiado extenso, me permito remitir a las “Cartas a mis amigos” de Silo, donde él, muy detalladamente, trata todos estos problemas precisamente desde el punto de vista del humanismo verdadero. Hago aquí esta recomendación porque nuestras visiones respecto de la crisis actual, social y personal, son muy cercanas.

Debo observar aquí lo siguiente. Hoy en día, el problema de las relaciones entre el ser humano y la naturaleza ha adquirido una trágica significación. Pero la resolución de este problema, como es de imaginar, no puede ser estrictamente antropocéntrica. Efectivamente, el ser humano es la creación suprema. Pero él, al mismo tiempo, es parte de la naturaleza. Y la tarea consiste, estoy convencido, no en garantizar el dominio del hombre sobre la naturaleza (como se ha afirmado durante siglos), sino en el logro de condiciones para un armónico desarrollo conjunto. Solamente en este caso, podrá el hombre recibir todo lo necesario de la naturaleza, si él le garantiza sus requerimientos actuando para el restablecimiento y mantenimiento del equilibrio de la biósfera, hoy ya seriamente deteriorado.

La superación de la desencadenada crisis de la civilización presupone, en nuestra opinión, el paso hacia un nuevo paradigma de la existencia humana, hacia una nueva civilización que debe partir de la importancia y dignidad del ser humano y ser dirigida hacia la realización de su potencial. En otras palabras, el tema es el paso hacia una civilización verdaderamente humana que garantice no sólo la eliminación de los peligros y amenazas existentes para la continuidad del género humano, sino que también genere condiciones para una digna existencia de las generaciones actuales y futuras.

Exagerando un tanto la situación, yo diría que estamos ante la necesidad de una revolución humanista. Es posible que la palabra “revolución” en este caso no sea totalmente adecuada, si se tiene en cuenta el concepto que de ella se ha difundido. Por eso aclaro: el tema es la revolución por medio de la evolución, por medio de progresivas transformaciones y a través del logro de un consenso convergente de diferentes corrientes de pensamiento y acción. Claro que tal camino no descarta la necesidad de hacer frente a las fuerzas del antihumanismo, en caso de contraataque de su parte. Pero en principio la revolución humanista comprende los medios humanistas correspondientes a su contenido. De otro modo se perderá su misma esencia. Debe comprenderse, me parece, esta cuestión. La revolución humanista no se concretará (o se convertirá en una nueva manifestación del antihumanismo), si ella se realiza en la forma de una “uniformación general”; si dicha revolución lleva a la privación en las gentes, pueblos y naciones, de la libertad de elección. Toda la historia de la humanidad ha sido signada por la superación de la opresión hacia la libertad de elección y esto muestra que la revolución humanista habrá de garantizar al ser humano esta libertad y dar amplio espacio a la multiplicidad de la existencia humana.

Nosotros, en la Unión Soviética, comenzamos diez años atrás una serie de transformaciones que recibieron el nombre de “Perestroika”. Su sentido consistía en garantizar la humanización de los distintos aspectos de la vida social. La primera y más importante tarea consistió en concretar el paso desde el Totalitarismo hacia la Democracia. Esto, en general, se logró. Pero no todo lo que planeamos se resolvió tal cual lo habíamos querido. Las fuerzas antihumanistas, ancladas en el orden anterior, organizando el golpe del 19 de agosto de 1991 frustraron mucho de lo pensado. Y después de esto, en diciembre del mismo año, el acto concretado de liquidación de la Unión Soviética llevó a los países, a sus herederos, por caminos muy alejados de los valores y tareas de la Perestroika. De este modo, tanto para Rusia como para los otros estados formados en el lugar de la Unión, la tarea de humanizar la vida ha quedado aún sin resolver.

En el plano de la política mundial, después de 1985, nos propusimos también la tarea de una enérgica contribución a la humanización de la vida de la sociedad mundial, nos propusimos la superación de la confrontación y el logro de una pacífica colaboración entre estados y pueblos a fin de generar precondiciones para la resolución de esta tarea. En este camino fue logrado el fin de la “guerra fría”, el paso desde la carrera armamentista nuclear hacia el desarme, el paso desde el crecimiento de otros tipos de armamentos hasta la disminución de sus reservas. Como consecuencia de estos hechos fueron reconocidos a escala mundial determinados niveles en la esfera de los derechos humanos y se produjo una significativa atenuación de la crisis en la relaciones entre el hombre y el resto de la naturaleza.

Sin embargo, ha quedado pendiente una colosal cantidad de tareas de gran envergadura. Hasta lograr una aceptable humanización de la vida de la comunidad mundial y superar todas las deficiencias del pasado confrontativo (y en parte del presente), queda por recorrer no poco camino.

El Dr. Puledda está en lo cierto al decir que nuestros tiempos han sido marcados por el eclipse del humanismo. A pesar de esto me parece que ahora estamos en una etapa de desarrollo, apta para superar el déficit de humanismo que nos ha dejado el pasado. La afirmación del humanismo, no tanto como una corriente contemplativa y compasiva, sino como una fuerza de acción y colaboración es, realmente, un imperativo de nuestro tiempo. Es una precondición de supervivencia de la humanidad. En estas condiciones el libro de Salvatore Puledda aparece como un fenómeno notable y significativo. Se trata de la búsqueda de un camino de desarrollo que responda a las necesidades esenciales del ser humano y dé un aporte a la superación espiritual de la actual crisis de la civilización.

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interpretaciones-historicas-humanismo.pdf (28 descargas)

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