La realidad primaria de las «cosas» es servirme o estorbarme

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El mundo, pensamos, no es sino la gran «cosa». Y nada hay en él, ni fuera de él, que no nos parezca poseer, en última instancia, este modo de ser substante, este carácter de «cosa». Lo que a todas luces no es «cosa» – como, por ejemplo, un color o un movimiento – nos parece no tener verdadero «ser» y, por eso, nos sentimos siempre llevados a buscarle un apoyo en una efectiva «cosa». Por eso decimos que no hay color en sí y por sí, sino que el color es siempre de una cosa y que el movimiento es el moverse una cosa. Yo mismo me pienso como una «cosa», y cuando el análisis me hace notar que hay en mí algo – lo más importante y característico -, que no tiene caracteres corporales, invento un modo de ser de «cosa» que no tiene los atributos de la materia, que es inextenso e imponderable, pero que tiene las notas esenciales del ser cosa, a saber, subsistencia independiente de toda otra cosa y existencia estática, y a ese algo le llamo: alma, espíritu.

Aquí tienen ustedes el concepto de ser, de realidad perenne en la historia de la filosofía, tomado, sin duda, de la interpretación pre-filosófica que el hombre halló tan pronto como se le ocurrió pensar en el ser. Diríamos, pues, que es la ontología primigenia. Por qué acaece que el hombre topa primero y se contenta con esa idea del ser, es asunto que, claro está, nos ocupará un día. No es verosímil que noción tan primeriza y persistente surja por casualidad. Lo que ahora necesitamos subrayar, con sorpresa, es que a lo largo de la evolución filosófica haya perdurado sin interrupción. Porque todas las diferencias entre los sistemas filosóficos se redujeron siempre a preferir uno u otro objeto – materia o espíritu, mente finita o mente infinita, etc., como ser substante – pero eso, que Ser, que Realidad quería decir subsistencia estática no fue jamás dudado formalmente, como a su hora minuciosamente veremos.

Y, sin embargo, es innegable que ese modo de ser que se considera como el prototípico y fundamental es simplemente un supuesto y una construcción que hacemos en vista de otro modo de ser, de realidad, que es la que de verdad hallamos y en la cual no obstante no nos fijamos al fraguar nuestra interpretación.

Cuando de esta lámpara eléctrica digo que es una «cosa» ya me he saltado lo que esta lámpara era primariamente, ya he añadidos atributos hipotéticos a su originario ser. En efecto, esta lámpara no es, por lo pronto, sino lo que me está ahora alumbrando. Su ser no es otro que ejercer la función de alumbrarme a mí; como esta silla es «lo que me sirve para sentarme», como tierra es «lo que me sostiene», «lo que resiste a mis pies», «lo que siembro y me da cosechas», «lo que guarda mis muertos», etc, El ser de todo, esto consiste originariamente sólo en su servicio positivo o negativo de mi vida, y para mí. Que esta tierra además de servirme de sostén y para caminar y para darme cosechas tenga, además, otro ser, o existir por su cuenta y no servicial, para mí, es algo, evidentemente, que no se me puede ocurrir, sino después de que primero, tuvo para mí un ser puramente servicial.

El ser originario, la realidad primaria de cuanto forma parte de mi circunstancia consiste en su servirme o estorbarme, por tanto, en ser, facilidad o dificultad para mi vida.Haz click para twittear

Tenemos, pues: el ser originario, la realidad primaria de cuanto forma parte de mi circunstancia consiste en su servirme o estorbarme, por tanto, en ser, facilidad o dificultad para mi vida. No es para mí primero una cosa que está ahí por sí y sin referencia alguna a mí, y que luego me resulta útil o perjudicial. Recuerden ustedes que mi circunstancia se compone sólo de lo que existe para mí, sólo eso forma parte de mi vida, y sólo lo que forma parte de mi vida existe. De modo qué existir para mí y existir en absoluto son, por lo pronto sinónimos. Pues bien, ahora, lo que investigamos es en qué consiste ese existir para mí. Y yo digo que, primariamente, consiste en un concreto facilitarme o dificultarme la vida. Pero esto significa que no existe sino en cuanto actúa efectivamente sobre mí, es decir, en cuanto funciona. La silla es silla porque me siento en ella. Cuando la veo en mi paisaje pero no la uso, es decir, no funciona actualmente, digo de ella que es lo que me sirvió o me va a servir. Nunca originariamente abstraigo de su servicio, Pero el que yo caiga en la cuenta de que una silla en qué no estoy ahora sentado, en espera de que luego o mañana me vuelva a servir, tiene también un, ser que ya no es servicial, a saber, lo que llamamos cosa, un ser en sí y por sí supone, fíjense bien en esto porque, es decisivo, supone que yo me he hecho cuestión de qué le pasa a la silla cuando no es silla, cuando no la uso; [pero esa] nueva ocupación con ella distinta del sentarse, es también, hacer con ella algo, a saber: inquirir su ser, por tanto, filosofar.

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