La violencia como origen de todo conflicto individual y social: Pautas de superación

Es tan acelerada la crisis que vivimos, que los individuos y los grupos humanos pierden certeza de su vida, certeza en su futuro, en el criterio de la acción y en la forma de conducir su relación consigo mismo y con los demás. Asistimos, casi indefensos, al incremento evidente de tres fenómenos sociales:

La Desreferenciación:

No creer a nada ni a nadie. Lo que ayer era respetado por muchos hoy es cuestionado. El padre de familia es cuestionado por sus hijos. El profesor es puesto en juicio por sus alumnos. El gobernante es objeto del desdén por los ciudadanos, quienes no creen en la igualdad de derechos y en su capacidad de elegir y ser elegidos. No existen modelos sociales a los que referirse para orientar la vida en una dirección trasformadora personal y socialmente. Más bien, los modelos existentes, artistas, deportistas, influencers, agudizan los antivalores del sistema (egoísmo, individualismo, consumismo, materialismo, indiferencia…)

La Fragmentación:

La desintegración y el fraccionamiento de todo tipo de grupos. Los estados se desestructuran, las naciones se dividen, los partidos políticos se fragmentan, los sindicatos se debilitan, las agrupaciones laborales son ámbitos de competencia, la familia ya no se encuentra para hablar y no se apoya internamente, la relación de pareja tiende a ser calculada y pasajera e incluso el individuo mismo está en lucha interior entre lo que piensa, lo que siente y lo que hace.

La Desorientación:

Muchas personas no saben qué hacer, cuál es la actitud más adecuada para los tiempos actuales. En este caldo de cultivo resurgen antiguos fanatismos de posturas destructivas y nihilistas que succionan toda esperanza y todo afán de desarrollo en las nuevas generaciones. Aumenta el cinismo, el facilismo y la incredulidad en las nuevas generaciones al ver el lamentable legado social, moral y ecológico que le dejan sus predecesores.

Tipos de violencia

Consecuencia evidente de todos estos fenómenos descritos es el crecimiento de la violencia tanto en el ámbito personal, como familiar y social.

Cuando hablamos de violencia no nos estamos refiriendo solamente a su expresión más grosera que es la violencia física, también existe una violencia económica, una violencia racial, una violencia religiosa, violencia en las relaciones familiares, en el barrio, en la escuela, en la universidad y en el trabajo, violencia psicológica, interna y personal, reflejada en la incomunicación, el aislamiento, la resignación y el sin-sentido.

Que no nos sorprenda entonces cuando alguien, limitado en su capacidad de reflexión u opción, da una respuesta de violencia física, si ha sido sometido a inhumanas presiones psicológicas, de explotación, discriminación o intolerancia. Si es que nos sorprendemos por esta respuesta, es o porque somos parte interesada de la injusticia o porque vemos solamente los efectos sin advertir las causas que determinaron tal explosión. También en nuestra sociedad crece desproporcionadamente la locura, el suicidio, la marginación y el aislamiento, en los que solemos ver el efecto espectacular, pero no las causas que lo determinan.

La violencia es personal y social

Estos trágicos desenlaces que nos parecen simplemente individuales, son manifestaciones del sistema de presión violenta en el que vive, se educa y crece la sociedad en general, donde la falta de libertad de opción impulsa a resignar toda aspiración individual o colectiva, para poder responder a las exigencias que se imponen arbitrariamente.

El hecho de que hoy, millones de personas de todas las edades, en todas partes, están sintiendo el mismo aislamiento, la misma incomunicación, la misma incertidumbre y la misma desesperanza, nos demuestra que estas dificultades no son problemas personales, sino problemas sociales que los padecemos en forma personal.

La violencia es la expresión personal y social de un sistema de vida inhumano, es la expresión de una dirección de vida incoherente y contradictoria, es la manifestación de una cultura decadente que se ha impuesto y que no tiene en cuenta al ser humano como su máximo valor.

La violencia no sólo se ha instalado en el poder y en quienes dirigen el destino del pueblo, sino también en el interior de cada individuo, en las relaciones personales y en los diversos grupos sociales independientemente de su condición cultural ó económica.

La violencia es la expresión personal y social de un sistema de vida inhumano, es la expresión de una dirección de vida incoherente y contradictoria, es la manifestación de una cultura decadente que no tiene en cuenta al ser humano como su máximo valor.Haz click para twittear

La violencia es un problema de todos

La violencia se ha instalado en el pensar y sentir de una sociedad, que peligrosamente observa como avanza y se consolida la falsa ideología de: «No existe solución al problema de la violencia».

Es necesario reflexionar personalmente acerca de que «nadie puede sentirse ajeno a este problema». No existe «la solución personal» mientras todo se derrumba a nuestro alrededor, pues, si no hay un cambio de dirección y de conducta, «lo que hoy les sucede a otros, está muy cercano de sucederme a mí».

Es necesario entonces asumir un compromiso real frente a los problemas actuales, ya que siempre, la primera y más importante decisión es íntima y personal, es con la propia conciencia, reflexionando pausadamente acerca de las condiciones internas y externas en que vivimos, y decidiendo seriamente acerca de las condiciones en las que quisiéramos seguir viviendo.

La metodología de la no violencia activa

De la situación de violencia deriva todo conflicto individual y social.

La solución al problema de las diferentes formas de violencia existe, y reside en aplicar una metodología precisa: la «Metodología de la No-Violencia Activa».

Esta metodología no es simplemente la expresión de una intención. No es una frase hecha a la medida de la situación que nos toca vivir. Esta metodología tiene formas precisas que definen claramente un modo de pensar, un modo de sentir y un modo de actuar. Su aplicación tiene indicadores claros que permiten a cada individuo y a cada conjunto medir con precisión su eficacia en función de ir superando los problemas de dolor y sufrimiento a los que puedan estar sometidos.

Es necesario fortalecerse internamente, desalojando el nihilismo y dando lugar a un futuro siempre abierto a nuevas opciones, porque es allí donde podemos proyectarnos y actuar.

La forma de actuar y los parámetros precisos que definen esta metodología de acción en la conducta personal son los siguientes:

1. Un trato personal basado en la regla de oro de la ética humanista: Trato a los demás como quisiera ser tratado.

2. Una conducta interna y externa basada en la coherencia: Actúo sobre la base de aquello que pienso y siento es lo mejor para mi vida y la vida de aquellos que me rodean.

3. Desarrollo de las propias virtudes y atención a las virtudes de los demás.

4. El rechazo, denuncia y vacío a las diferentes formas de violencia que se expresan a mi alrededor.

La forma de actuar y los parámetros que definen esta metodología en la acción social son:

1. La Salud y la Educación, son prioridades impostergables para todos los habitantes.

2. Los poderes económicos, políticos y sociales, deben actuar en función del punto 1, y no de intereses particulares.

3. La igualdad de todas las personas

4. Superar la formalidad de iguales derechos ante la ley para avanzar hacia un mundo de iguales oportunidades para todos.

5. Afirmación de la diversidad personal y cultural

6. Reconocimiento de las características propias de cada persona y pueblo, y condena a toda discriminación que se realiza por razones económicas, raciales, étnicas y culturales.

7. Desarrollo del conocimiento por encima de limitaciones y prejuicios aceptados como verdades absolutas

8. Libertad de ideas y creencias.

9. Repudio a toda forma de violencia

Educar para la No-Violencia Activa implica desactivar los mecanismos de la violencia en la vida social, y también en la vida cotidiana de cada uno de nosotros