Lo apolíneo y lo dionisíaco

En el libro  «El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la  música” Nietzche explica que los griegos antes de Sócrates, sabían que la vida es inexplicable y peligrosa y que, a pesar de esta certeza, no se entregaban al pesimismo sino, lo que hacían, era trasformar la realidad, por medio del arte, en un fenómeno estético. Consideraba que la cultura griega había sido conducida por dos fuerzas estéticas que se combatían mutuamente pero que no podían  existir la una sin la otra: lo apolíneo y lo dionisiaco.

 

Lo apolíneo proviene de Apolo, dios de la paz, del ocio y del reposo. Encarna la emoción estética y la contemplación intelectual; representa lo armónico, equilibrado, mesurado y por lo tanto, lo racional. Lo dionisiaco remite al dios Dionisos (o Baco), dios del vino, de la orgía y de la embriaguez. Representa el gozo en la acción, desemboca en la emoción y la inspiración estética. La realización de la cultura griega, antes del racionalismo socrático, radicaba en la fusión de los elementos apolíneos y dionisiacos. A pesar de la oposición entre una  y otra fuerza, “Apolo no podía vivir sin Dionisos”. La cultura auténtica sería la unidad de las fuerzas de la vida –lo dionisiaco- con la forma –lo apolíneo-.

La desintegración entre lo apolíneo y lo dionisiaco es una de las grandes contradicciones de nuestra cultura. Haz click para twittear

Vamos a tomar de la obra de Nietzche los conceptos de lo Apolíneo y lo Dionisiaco para explicarnos algunas cosas.

Lo Apolíneo, (en la medida que lo conceptualizas y lo profundizas), lo puedes entender como el mundo de la forma y del deber ser. Y lo Dionisiaco se refiere más al mundo de las pulsiones y de las sensaciones.- Exagerando un poco: lo apolíneo tiene que ver con toda la concepción idealista, platónica, cristiana, con los arquetipos formales de perfección, que son imposibles de realizar, que siempre están a contramano con tus impulsos. Esto es lo apolíneo.

Tú me dices que por un lado quieres abrirte a ciertos impulsos que buscan expresarse, pero que por otro lado los reprimes. Ahora me comentabas que al pasar en el auto frente a Roberto y a mi, que estábamos en la calle esperándote, pensaste: «que bueno que me están esperando, les voy a tocar bocina» (esto fue lo dionisiaco). Pero luego pensaste: «no, como los voy a interrumpir, si están conversando, están en otra cosa y yo no debo…» (esto fue lo apolíneo).  La desintegración entre lo apolíneo y lo dionisiaco es una de las grandes contradicciones de nuestra cultura.

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