Ortega y Gasset: de la filosofía a la psicología

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Las facetas del pensamiento de José Ortega y Gasset, una de las luces filosóficas del siglo XX español y europeo, no se centraron, tan sólo, en el interés por la especulación propiamente filosófica, sino que también, y a la vez, penetraron en lo más hondo del alma humana en busca de un elemento distintivo, de una esencia característica, de lo humano. Al contrario de lo que la actual y más estricta (y restrictiva) ciencia cognitiva suele adoptar como canon, todo proceso psicológico se encuentra inextricablemente unido a una reflexión por el saber filosófico, por ahondar en las raíces de aquello que, aun sólo pensado, se hace realidad a través de la acción. O dicho en otras palabras: uno de los intereses centrales de la investigación filosófica es el de conocer los resorte psicológicos que nos empujan a pensar y, sobre todo, a conducir nuestra vida conforme a elementos racionales, rasgo que acaso defina el quehacer humano.

 

 

El profesor Heliodoro Carpintero (miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia de Psicología de España), que a quien suscribe estas líneas impartió clase en la ya extinta Licenciatura en Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid en la asignatura de “Fundamentos de psicología”, escribe en Fórcola un magnífico, muy documentado y ameno ensayo sobre la faceta psicológica del pensamiento orteguiano, desarrollando así una vertiente no suficientemente explorada en el devenir de los estudios sobre el trabajo del filósofo madrileño. Como apunta Carpintero, “Ortega ha situado su pensamiento muy próximo al terreno del psicólogo, y ello puede llegar a facilitar no poco su comprensión. Pero ésta no ha sido una aproximación azarosa”, pues Ortega siempre se interesó por el funcionamiento de la psique humana en su relación con la fisiología y la anatomía humanas, y llegó a decir de la psicología que es “una disciplina fabulosamente interesante”.

A juicio del autor de este ensayo que todo orteguiano –así como todo interesado en el desarrollo del pensamiento hispanoamericano del siglo XX– ha de leer, Ortega se vio en la obligación de dar respuesta a dos elementos o interrogantes que, a finales del XIX, se resultaban acuciantes: por un lado, el conocimiento de eso que podemos llamar “conciencia individual”, es decir, intentar desescombrar la siempre escurridiza partícula elemental a la que llamamos “yo consciente”, y, por otro lado, aportar una fundamentación a las ciencias humanas, las llamadas –en alemán– Geisteswissenschaften o ciencias del espíritu, lo que aúna, a su vez, lo individual con lo colectivo (y que, en este punto, remite desde luego, y respectivamente, a Freud y a Jung).

He aquí la clave para entender la archiconocida y tan manoseada (por mal entendida) cita de Ortega: “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo a mí”

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