Petrov: El hombre que salvó a la humanidad

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Tal día como hoy, hace 37 años, la humanidad estuvo a punto de sufrir una hecatombe nuclear. El 26 de septiembre de 1983, en plena guerra fría y en un momento de extrema tensión entre la URSS y los EEUU, los sistemas de detección de misiles de la Unión Soviética alertaron un ataque nuclear contra Moscú. Cinco misiles habían superado todos los sistemas de seguridad y los ordenadores confirmaban, sin la menor duda, la inminente detonación de bombas atómicas cinco veces más potentes que la de Hiroshima que causó la muerte instantánea de más de 70.000 personas. El contraataque ruso significaría la aniquilación de cientos de millones de personas y, probablemente, un retroceso a las etapas más primitivas de la civilización humana para los que tuvieran la "suerte" de sobrevivir al colapso total.

La vida de una persona se mide por las decisiones que toma. Somos lo que decidimos hacer en cada momento. Pero no elegimos en abstracto sino que, en la mayoría de ocasiones, es el medio el que nos condiciona en una u otra dirección. El mundo se nos presenta como un conjunto de posibilidades entre las que tenemos que elegir. A veces, las circunstancias nos favorecen para tomar decisiones que nos hacen grandes.

Stanislav Petrov fue una persona humilde que vivió de una modesta pensión en los suburbios de Moscú. En 1983 tenía 44 años y era teniente coronel del ejército soviético a cargo del Centro de Detección de Ataques Nucleares de la URSS. Ese día libraba pero tuvo que sustituir a un compañero en una tarea rutinaria de chequeo de sistemas. El protocolo era sencillo: Informar a su superior de un ataque estadounidense para activar el contraataque que destruiría ambos países (y allegados).

La decisión de Petrov concernía a la existencia de la humanidad completa. Fue la persona adecuada en el momento oportuno. Apenas tenía 20 minutos para que los misiles alcanzaran su objetivo. Petrov razonó que, por muy estúpidos que fuesen, los estadounidenses no podían estar tan locos como para iniciar un ataque que acabaría por destruirlos a ellos también. En esa época gobernaba Reagan que amenazaba con un sistema de misiles instalados en el espacio, la carrera armamentística estaba en su apogeo y unos meses antes los rusos habían derribado "por error" una avión comercial con más de 200 personas abordo. A pesar de la tensión y la expectación de sus compañeros, Petrov supo mantener la calma y esperar. Consideró que necesariamente debía tratarse de una falsa alarma y decidió desobedecer el protocolo.

Su razonamiento fue lógico. En cualquier caso no podían detener los misiles. Moscú estaba condenada. Si se producía el impacto, contraatacarían. Si era una falsa alarma se salvarían millones de personas. Optó por la mejor de las posibilidades y acertó. En ese ambiente enrarecido e irracional triunfó la cordura. Cualquier otro militar habría obedecido el protocolo y, entonces, tú no estarías leyendo este artículo.

Lejos de ser reconocido, nuestro héroe fue degradado, olvidado y jubilado anticipadamente con una pensión misérrima. En 2004 recibió una condecoración y un premio de 1000 dólares (que repartió entre sus familiares) por salvar a la humanidad y, años más tarde, Kevin Costner realizó un documental en su honor titulado "El botón rojo". Falleció en 2017.

En 1985 Gorbachov inició el proceso de la Perestroika que, entre otras consecuencias, significó la reducción unilateral por parte de la URSS del armamento nuclear y el comienzo del fin de la carrera armamentística porque obligó a los Estados Unidos a hacer lo propio. Sin embargo, todavía existen en el mundo suficientes armas nucleares como para destruir nuestro planeta. Todavía estamos en manos de locos como Trump que podrían tomar una nefasta decisión, o de otro "accidente" de consecuencias no tan felices como en el 83.

Los verdaderos héroes son los que toman las buenas decisiones. Una buena decisión debe medirse en función del beneficio que produce en los demás. El verdadero héroe, que toma una decisión que repercute en el bien ajeno, no necesita vanagloriarse pues la acción válida se "paga" con el registro de unidad y crecimiento interno. Un verdadero héroe es un bombero o médico de urgencias que, después de salvar una vida te responde, humildemente, que "sólo hacia su trabajo". En la pandemia hemos aprendido que también son héroes los cajeros de supermercados, los transportistas o el servicio de limpieza... todos ellos injustamente olvidados ahora que hemos vuelto a lo que llaman "nueva normalidad".

Vivimos en un mundo donde los "héroes", es decir, los modelos a seguir, las vidas ejemplares son aquellos que toman decisiones en beneficio propio. Se considera que una buena decisión es aquella que mejor repercute en uno mismo. Nuestros héroes son deportistas hedonistas que ganan tropecientos millones de euros, políticos psicópatas y gobernantes corruptos. Artistas degenerados, filósofos irracionales, tertulianos histriónicos, reyes mamarrachos, etcétera. Con semejantes referencias ¿qué se le puede pedir a la gente? El verdadero héroe no sigue el ejemplo del sistema pero es el que hace progresar al mundo llegando al extremo de salvarlo como los muchos Petrov que seguramente han existido.

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