Silo: «La finitud está presente como primera condición absurda que la naturaleza impone a la vida humana»

En términos generales, observamos que la concepción del tiempo que ha primado es aquella propia de la percepción ingenua en la que los hechos se desenvuelven sin estructuralidad y en sucesión desde un fenómeno anterior a uno posterior, en secuencia lineal, en la que cada evento está «uno al lado del otro» sin comprenderse cómo es que un momento deviene en otro, sin aprehenderse en suma, la transformación íntima de los hechos.

Porque decir que un acontecimiento va desde un momento a hacia uno b, y así hasta un momento n; desde un pasado, transitando por un presente y proyectándose hacia un futuro, solo nos habla de la ubicación del observador en un tiempo de fechabilidad convencional haciendo resaltar la percepción del tiempo del propio historiador y, como percepción que es, espacializnándolo hacia un «atrás» y hacia un «adelante» del modo en que las manecillas del reloj espacializan el tiempo para mostrar que este transcurre.

Comprender esto, no ofrece dificultades luego de saber que toda percepción y representación se dan en forma de «espacio». Ahora bien, ¿por qué habría de transcurrir un tiempo desde un atrás hacia un adelante y no, por ejemplo, en sentido inverso, o a «saltos» imprevisibles? No se puede responder con un simple «¡Porque así es!» Si cada «ahora» es, «por ambos lados», sucesión indeterminada de instantes, se llega a la conclusión de que el tiempo es infinito y al aceptar esta supuesta «realidad» se aparta la mirada de la finitud del que mira, y se transita por la vida con la presencia de que el hacer entre las cosas es infinito, aunque copresentemente se sepa que la vida tiene una terminación.

De este modo, «las cosas que hay que hacer» eluden la muerte de cada instante, por esto se «tiene más o menos tiempo» para determinadas cosas porque «tener» se refiere a las «cosas» y el mismo transcurrir de la vida se convierte en cosa, se naturaliza.

Un pensar reflexivo estricto nos lleva a comprender que en todo quehacer humano, los tiempos no se suceden 'naturalmente' sino que constructivamente actúan los instantes pasado, presentes y futurosHaz click para twittear

La concepción naturalista del tiempo que han padecido hasta hoy la Historiografía y la Filosofía de la Historia reposa en la creencia de la pasividad del ser humano en la construcción del tiempo histórico y con ello se ha llegado a considerar a la historia humana como «reflejo», como epifenómeno o simple polea de transmisión de acontecimientos naturales. Y, cuano, en un aparente salto de lo natural, individual, a lo social, se ha hablado del conjunto humano como productor del hecho histórico, se ha seguido arrastrando el naturalismo en el que la sociedad se ha «espacializado» dentro de una ingenua visión del tiempo.

Un pensar reflexivo estricto nos lleva a comprender que en todo quehacer humano, los tiempos no se suceden «naturalmente» sino que constructivamente actúan los instantes pasado, presentes y futuros, siendo tan determinante lo ocurrido en cuanto memoria y conocimiento, como los proyectos que se tratan de alcanzar por la acción actual.

El hecho de que el ser humano no posea una «naturaleza» del modo en que la tiene cualquier objeto, el hecho de que su intención tienda a superar las determinaciones naturales muestra su historicidad radical. Es el ser humano el que se constituye y se construye en su acción-en-el-mundo y con ello dota de sentido a su transcurrir y al absurdo de la inintencionada naturaleza.

La finitud, en términos de tiempo y espacio está presente como primera condición absurda, sin sentido, que la naturaleza impone a la vida humana con claros registros de dolor y sufrimiento. La lucha contra ese absurdo, la superación del dolor y el sufrimiento, es la que da sentido al largo proceso de la historia.

Extracto de la Conferencia de Silo sobre el libro Contribuciones al pensamiento

 

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