¿Y si Dios ha muerto…?

Una cosa es el tema de Dios y las creencias religiosas y otra la religiosidad o el sentimiento de Dios o de lo sagrado en uno mismo. Hoy, la mayoría de personas practicantes o no de una religión, vivimos como si Dios no existiese o se tratara de algo más bien lejano. Podemos pedir, con mayor o menor fruición, pero al final, nuestros problemas existenciales no se resuelve por esa vía.

Sobre este tema trata el capítulo del libro Manual de Filosofía Práctica del profesor José Manuel García González.

Tras el absoluto cuestionamiento de Dios en nuestra cultura, sintetizado en la famosa sentencia de Nietzsche “Dios ha muerto”, nos encontramos en una sociedad en la que la religión o Dios ya no sirven para explicar el funcionamiento del universo. Este fenómeno, lejos de ser desalentador, abre las puertas a nuevos caminos en la búsqueda de Dios. A un Dios interno, que no tiene por qué ser denominado así, más personal y cercano.

Hoy encontramos nuevos movimientos y nuevas formas de vivir la espiritualidad que se están expresando en el mundo. Dice el autor:

En las acciones filosóficas le propongo algunas encaminadas a conseguir silencio, concentración y capacidad de meditación. También es buena idea acercarse a grupos de meditación y espiritualidad. Siempre con la alerta de utilizar nuestro propio criterio para ver si nos convencen o no, porque también hay mucha superchería. Pero si en un grupo de meditación advertimos que nos encontramos bien, que crecemos, que nos proporciona paz y capacidad de contemplar nuestra vida y, además, no van a sacarnos el dinero, puede ser un lugar donde desarrollar la espiritualidad.

Se trata de espiritualidad, no de autoayuda, ni de consulta de un psicólogo, sino de la posibilidad del encuentro con uno mismo que haga que nuestra conciencia crezca y se desarrollo. Se parece más a la percepción del arte que a una ayuda de tipo psicológico (…) La espiritualidad trata el desarrollo consciente de todas las capacidades del ser humano.

Luego nos propone un sencillo ejercicio de contemplación y lo relaciona con algunas prácticas religiosas tradicionales .

 

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