Academias populares y resistencias en el barrio del Raval
El pasado 28 de enero, en el marco del Congreso de Antropología (COCA) celebrado en la UB, la INA (Imaginant Noves Antropologies), un Congreso alternativo y autogestionado por AfroUB y ANTRO, organizó la Ruta “Academias populares y resistencias en el barrio del Raval”. Este artículo es una breve reseña acerca de la impresión y reflexiones suscitadas por la experiencia. No pretende ser una descripción detallada sino una subjetiva visión general del recorrido.
Por Juande Martos
Lo primero que cabe señalar es que uno de los objetivos del INA, además de la crítica a la actividad puramente académica, era trasladar la antropología al ciudadano común y la ruta cumplió ampliamente esa expectativa; en algún momento llegamos a ser más de cuarenta participantes de lo más variopinto. Lo segundo es que la actividad fue extraordinariamente original y conmovedora, tanto por el formato como por el contenido que propuso una radiografía humana del emblemático barrio barcelonés desde un punto de vista antropológico, es decir, comprensivo desde la mirada de sus propios protagonistas.
La primera parada de la ruta, después de encontrarnos en la UB del Raval, nos llevó a las puertas del MACBA donde nos esperaba Santi Araña, un joven comerciante del barrio que planteó, con toda su crudeza, el problema de la mercantilización del espacio público (anejo a todo centro histórico de cualquier ciudad) que expulsa a sus habitantes robándoles sus espacios de ocio para los jóvenes, sus centros sanitarios y sus equipamientos culturales y deportivos. Estamos ante la denuncia de una verdadera mafía económica, en este caso, representada por la burguesía catalana, con la absoluta complicididad de los estamentos políticos, sean del color que sean. El desparpajo de sus descripciones respecto a cómo se gestó e implementó el museo de arte contemporáneo de Barcelona y sus consecuencias nos deja claro que no se trata de un problema de corrupción atribuible a una responsabilidad particular (que la hay, obviamente) sino que, más bien, es la “normalidad” de un modelo capitalista totalmente desconsiderado ante la vida en general, y la humana en particular. El dinero, la imagen y el poder son los valores supremos de un proceso que conduce a la deshumanización de la vida en los barrios.
Después del baño de realidad, perfecto encuadre para el resto de la ruta, la segunda parada fue la librería latinoamericana Lata Peinada; un proyecto amplio centrado en la promoción de la literatura latinoamericana. Es una propuesta muy interesante y proporciona una proyección internacional a nuestro barrio pero nos deja una sensación un tanto ambigua. Nos preguntamos hasta qué punto no es una consecuencia de lo anterior. Por otro lado, no podemos aceptar la no evolución de la dinámica barrial. Estas nuevas propuestas y sensibilidades, más o menos contestatarias, intentan encontrar un equilibrio integrador en un contexto gentrificante y de control social del espacio público.
La tercera parada fue de índole arqueológica y coincidió, infelizmente, con el aniversario de la desocupación del espacio autogestionado de la Antiga Massana. Varios de sus participantes testimoniaron acerca de las actividades que se realizaban en el lugar y la función que cumplía respecto al vecindario. El ahora solar, destinado a facilitar una vía con fines estrictamente turísticos, representa la exclusión, o mejor, la destrucción de los espacios de libertad donde los jóvenes pueden auto-organizarse y generar alternativas al sistema, amén de cumplir una función de ayuda mutua con los vecinos como, nos explican, hicieron en los momentos crudos de la pandemia. Por nuestra parte no les vamos a conceder ninguna grandeza a los funcionarios del poder económico que carecen de inteligencia alguna para comprender el peligro que representan estos espacios para su propia pervivencia. Para ellos son un simple estorbo a su afán depredador que, al no entenderlo, asocian al incivismo, a la droga y a la perversión juvenil (y así lo venden a la “opinión pública”).
La cuarta parada nos pareció la más emocionante y auténtica. Se trata de el Lokal, un espacio de resistencia donde Iñaki nos habló del Raval de toda la vida, de sus luchas, de las periódicas campañas de estigmatización del barrio, de los pocos bares que quedan, de las putas, del deterioro de la vida cotidiana… un montón de batallitas de un personaje que representa uno de los últimos bastiones de lucha social en el Raval. Este lugar nos toca la fibra romántica y nos alumbra sobre la importancia de no perder nunca la esperanza por muy incierto que se vislumbre el futuro.
En relación con lo anterior se conecta la siguiente visita. El EMUGBA (Ecomuseo Urbano Gitano de Barcelona) es un lugar de recuperación y conservación del legado cultural gitano del Raval. La calle de la Cera, donde se ubica, fue la cuna de la Rumba catalana, el lugar donde Peret, Ramunet o el Pescailla, entre otros, dieron origen a ese popular e internacional estilo musical. El ecomuseo gitano representa la importancia de la preservación de la memoria para que los jóvenes puedan asumirla y transmitirla en una continuidad que no rompa el ciclo generacional, eje del cambio en la historia, a pesar de que los gitanos hayan dejado de vivir en el Raval (porque se han tenido que ir como tantos otros).
La restauración de memoria y espacio nos lleva, ya como empezando a atar cabos, a los dos siguientes puntos del itinerario. El primero es el Casal de Barri del Raval donde nos explican la función del equipamiento público a partir de la pregunta sobre los límites de actuación institucional en relación a la acción de barrio. Más allá de las informaciones, un servidor no puede evitar echar volar su imaginación y representarse el aséptico espacio lleno de carteles en las columnas y murales en las paredes anunciadores de un bullicioso cóctel de actividades autogestionadas. Es claro que este centro muncipal, gestionado por una empresa privada, responde a la pregunta planteada: no es otra cosa que la política del “como sí” (aparentar como si les importara un carajo lo que pasa con la gente). El ayuntamiento de Barcelona lleva muchos años fagocitando el tejido social de la ciudad, también en el ámbito de las entidades sociales, neutralizándolo con “equipamientos públicos” y “animadores sociales” (todos bien intencionados, no los criticamos a ellos) generadores básicos de negocio y enajenación.
Por justicia restitutiva concluímos que si el ayuntamiento les roba a los jóvenes su espacio de libertad (léase, Antiga Massana) nosotros reivindicamos la okupación (léase, cesión cortés) del Casal de Barri a una Asamblea Autogestionada de Jóvenes. De esta manera, los contribuyentes nos ahorraríamos un importante gasto público, que a lo sumo se reduciría a cubrir insumos y alguna actuación de mantenimiento puntual. Por otro lado, consideramos la posibilidad de que el ayuntamiento participase en dicha asamblea a través de algún tipo de delegación que cumpla una función de arbitraje (sin poder coercitivo) cuyo principal cometido sería contribuir a que ninguna facción ideológica o política pudiese copar la dinámica asamblearia.
Y continuando con la restauración de la memoria histórica llegamos, ahora sí, a un espacio recuperado. Se trata del Ateneu Enciclopèdic del Raval clausurado y expropiado por la dictadura franquista que, tras años de insistencia, ha conseguido que el Ayuntamiento les ceda un lugar donde continuar las actividades iniciadas en la Segunda República como alternativa popular al Ateneo Barcelonés de aire más intelecto-burgués. Hay una anécdota que me llamó la atención; cuando tras explicarnos cómo se organizaba y funcionaba el Ateneo nos contaron que aquí se reúnen los chicos de ¨Raval Rebel”, un colectivo dedicado a ocupar viviendas expropiadas por los bancos para familias necesitadas. Me gustó el uso del “nosotros” con toda su complicidad inclusiva (nosotros okupamos) denotador de la práctica del buen pensar comunitario; ese que no se olvida del pasado, pero tampoco se refugia en él, sino que lo trae a presente dándole un sentido, una direccción a futuro.
Para finalizar, ya oscurecido, llegamos al Ágora del Raval donde el INA había organizado el Brindis inaugural del Congreso de Antropología. Haciendo honor a su nombre, nos encontramos con un espacio al aire libre cuidadosamente decorado donde nos espera el grueso de congresistas relajado mientras toman unos refrigerios. Es un lugar en el que se respira una atmósfera especial y que rompe los esquemas mentales. En la presentación Ana, una brasilera a la que a veces cuesta seguir el hilo, nos explica con gran vehemencia que básicamente estamos en un espacio de resolución de conflictos en el que tienen presencia más de 400 colectivos y en el que se practica una sana intolerancia ante cualquier forma de violencia. Realmente, es un lugar que hay que vivenciar porque es como entrar en otro espacio que no puedes creer que esté ahí, que sea real.
Llegado el momento del intercambio en el Ágora, mientras tomábamos un vinito, coincidimos en que la ruta nos había resonado interiormente, nos había cambiado la percepción del Raval como poco y, en mi caso, debo reconocer que el recorrido externo fue suscitando en cada destino una serie de experiencias reflexivas muy inspiradoras, como una acción poética, que debo agradecer a las antropólogas y que he tratado de transmitir en esta reseña.