El principio femenino. La nueva serie de videos del canal “Buenas ideas que tal vez no conozcas”
Los registros arqueológicos muestran que hace mucho tiempo, en la llamada prehistoria, la religión estaba referida a una diosa y no a un dios masculino. Y que se trataba de sociedades en que la mujer tenía un papel central. Con toda probabilidad, la espiritualidad humana y el avance tecnológico se despertaron en este contexto.
Por Álvaro Orús – Buenas Ideas…
Más adelante y con el correr de los milenios este mundo cayó. Cambió la organización social y cambiaron mitos y religiones. A la vez que las diosas perdían su posición central, las mujeres perdieron su estatus social y fueron subordinadas a los hombres en un régimen patriarcal. Esta ruptura fue traumática y allí se perdieron muchas cosas que eran buenas y necesarias para vivir. Fue la condición de origen de la discriminación de la mujer y, de alguna manera, del sistema social que rige hasta hoy. Pero hoy, se está produciendo otro giro milenario, en nuestra sociedad, nuestras creencias y nuestra espiritualidad.
Este sería el tema alrededor del cual giran los nuevos cinco videos de la nueva serie del canal “Buenas ideas que tal vez no conozcas” (también pertenecientes al fondo de documentales de Pressenza). En esta ocasión se han sumado como guionistas Juana Pérez Montero y Madeleine John, que ya llevan tiempo publicando escritos que versan sobre estos temas. Los videos van desde el dato científico a la parodia social, pasando por la aproximación poética. El tono es didáctico y son cortos y amenos. Alternan el tono de denuncia con las aspiraciones conciliadoras.
Aquí se pueden ver los cinco videos
Introducción para principiantes
El principio femenino
La energía femenina y masculina
Los grandes cambios de hoy
La brecha
Esclarecer los valores acerca del mundo y de nosotros mismos
Para saber un poco más sobre uno mismo, vamos a reconocer que valoraciones hacemos de las cosas, del mundo y que valoraciones hacemos de nosotros mismos (en cuando a cualidades se refiere).
Estas valoraciones o prestigios son, en gran medida, las responsables de nuestra dirección de vida, de lo que aceptamos y de lo que rechazamos, de lo que buscamos, de lo que nos resulta de interés… Los valores están relacionados con aquéllo que es importante para nosotros y, en muchos casos, organizan nuestro sistema de tensiones en la vida cotidiana y condicionan nuestra conducta. Por ejemplo: Si para mí, el valor principal es el dinero, por encima de la familia o de los amigos, tendré un comportamiento y un tipo de preocupaciones o problemas muy diferentes a si priorizo la amistad ante todo.
A lo mejor, siguiendo con el ejemplo, una persona por no perder la amistad podría llegar a traicionarse a si misma y hacer cosas que le hacen sentir mal. Puede que, por dinero, se podría engañar a un ser querido para aprovecharse de él. En ambos casos, los valores sirven de justificación a comportamientos incoherentes que dan a otros un trato distinto al que se quisiera recibir (asumiendo la premisa que, en general, no es agradable que se aprovechen de uno o que finjan hipócritamente nuestra amistad, al caso). Es decir, sobre la base de esa valoración se articula toda una película que, por un lado, nos legitima ante los demás y, por el otro, nos reafirma más si cabe.
Por ese motivo es relativamente difícil esclarecerse acerca de nuestras valoraciones porque, en ocasiones, también tienen que ver con nuestras carencias (tema que estudiaremos más adelante). Entonces, lo mejor es tratar de meditar con calma y sinceridad acerca de la pregunta: ¿Qué es lo más valoro en general? Y verlo en relación con el análisis de nuestra situación actual y de nuestros roles.
También el hecho de conocer los propios valores nos permite distinguirlos y ponderarlos entre primarios, secundarios, terciarios y así siguiendo; teniendo la posibilidad de modificar esa escala de valores cuando lo consideremos realmente necesario. De este modo, podemos observar hasta qué punto somos consecuentes con nuestros valores y en qué medida resultan válidos para mejorar nuestra coherencia vital y la relación con los demás. Por ejemplo, la sinceridad es un valor de prestigio muy interesante porque nos hace sentir bien con nosotros mismos y transmite confianza a quienes nos rodean pero si no va acompañada de tacto o empatía puede hacer daño a quien no está preparado para recibirla.
Ejercicio:
Toma nota en tu cuaderno de trabajo de las siguientes cuestiones
Piensa cuál es el valor más importante para ti. (puede ser el dinero, el prestigio social, el sexo, la familia, la amistad, la inteligencia, etc.).
Piensa cuál es el valor menos importante, lo menos significativo para ti.
Realiza una escala de cinco o seis valores en círculos concéntricos. En el centro coloca el de mayor valor y hacia afuera los de menor valor, gradualmente, hasta llegar al que menos te interesa.
Algo parecido a la siguiente figura:
Este artículo está inspirado en la Lección 4 de Autoconocimiento del Libro Autoliberación de Luis Ammann
Ese señor al que llamamos «yo»
La conciencia humana es tan compleja que es capaz de crear epifenómenos sin base real y dotarlos de «existencia» propia. Tal es el caso del yo. Desde la más tierna infancia todos tenemos el registro de que uno es uno. Veo fotos antiguas y me digo «ese soy yo». Luego me miro al espejo y me digo (con tono resignado) «este también soy yo». El cambio es notable y más que evidente, sin embargo, tengo un registro de continuidad, de que soy el mismo ahora que el que sale en las fotos antiguas. Mis experiencias son mucho más numerosas ahora, mi forma de ver el mundo, mis creencias, mis valores y mis aspiraciones han cambiado mucho desde entonces y seguramente seguirán cambiando.
Por Jordi Jiménez
Además, fíjate qué ropa usaba entonces… y ese peinado… ¡qué horror! Es como si yo ya no fuese el mismo. ¿Qué queda de ese yo infantil o adolescente que veo en las fotos? Ni siquiera las células de mi cuerpo son las mismas, ya que se han ido renovando cada cierto tiempo. No parece que quede mucho de ese yo anterior, sin embargo, sigo teniendo el registro de que siempre soy el mismo, siempre soy yo.
Aunque todos tengamos esta misma experiencia de unidad del yo a lo largo del tiempo, si lo miramos desde cierta distancia vemos que no hay motivos para sentir que esa existencia del yo es única debido a los numerosos cambios que se verifican en nosotros con el paso del tiempo, pero lo cierto es que es así.
Experiencias de silencio del yo
Este yo actúa como una especie de coordinador de funciones de la conciencia. Se alimenta de los datos que suministra la memoria , los que aportan los sentidos externos e internos y de las imágenes generadas como posibles respuestas al mundo. Su misión es mantener, digamos, la coherencia estructural del psiquismo. Aún en los sueños y en el semi-sueño continúa trabajando, aunque toda la estructura se encuentre en un nivel de conciencia más bajo, de forma que en esos niveles organiza las respuestas de otra manera, como las imágenes oníricas de los sueños que se producen de forma que no movilizan al cuerpo. El único momento en el que parece desaparecer totalmente la actividad del yo es en la fase del sueño vegetativo.
La mejor forma de comprobar su actividad es tratando de pararla o silenciarla. Nos proponemos hacer silencio mental: buscamos un lugar oscuro y tranquilo, nos relajamos y tratamos de silenciar toda actividad mental. No solo queremos detener el diálogo interno que parece darse en nuestra cabeza, sino el fluir de imágenes y sensaciones. Algo así como disminuir cualquier señal o actividad interna, creando una especie de vacío interior. Bueno, al cabo de poco vemos que eso no es tan fácil. Si insistimos un poco más tal vez logremos una cierta bajada de los ruidos mentales, pero no logramos pararlos del todo. Si somos muy disciplinados e insistentes, tal vez un día logremos un breve instante de algo parecido al silencio en la actividad del yo, pero éste se esfumará en un segundo y la maquinaria seguirá en marcha como si nada.
Esto nos muestra la actividad constante del yo y que ésta es un factor de ruido mental que impide el silencio mental. También nos muestra que si pudiéramos parar al yo nuestra conciencia también se pararía y no podríamos hacer nada. No podríamos acceder a la memoria, no podríamos dar ninguna respuesta ni coordinar ningún impulso. Por tanto, eso de hacer desaparecer al yo, o cosas semejantes, no es posible y para los que pretenden hacerlo como si tal cosa denota escaso conocimiento del funcionamiento de la conciencia humana.
Desplazamientos del yo
Aunque no es posible lograr ninguna desaparición del yo, sí que es posible silenciarlo durante breves momentos, como hemos comentado. En las prácticas iniciales de silencio, donde el fracaso está garantizado, veremos que nuestra atención va y viene, y que se mueve como el vuelo de una mosca, sin rumbo fijo, yendo de un tema a otro. Si después de un tiempo no nos hemos rendido, habremos logrado una mínima educación de nuestra atención (artículo 13) y podremos hacer que se mantenga en el tema un ratito, sin irse a otras cosas. Bueno, desde ahí podremos avanzar hacia la disminución de los ruidos mentales. Una técnica breve y simple para entrar en el silencio mental, si nuestra atención ya está mínimamente educada, es la de imaginar un sonido que se va alejando de uno. Puede ser cualquier sonido, lo importante es imaginar que se aleja de uno y que cada vez se escucha menos. La intención es tratar de escucharlo con toda la atención posible aunque apenas se pueda oír. Este «tratar de oír» algo apenas imperceptible produce por simple mecánica una especie de silencio en los mecanismos de conciencia. Si queremos oír un susurro, pedimos silencio alrededor y en el mundo interno es igual. Es un paso inicial y a partir de ahí hay que ir profundizando en ese silencio.
Después de otro buen montón de fracasos en esta segunda fase, si hemos mantenido nuestros intentos de manera impecable, tal vez un día notemos una experiencia un tanto diferente a las habituales. No se puede explicar aquí qué experiencia será esa, porque cada uno tiene las suyas. Lo que sí parece común es que esas experiencias son breves y cuando se pasan uno tiene el registro como de haber vuelto de otro lugar, como si las referencias espaciales y temporales hubiesen desaparecido por un instante. Este tipo de registros se dan, precisamente, por un desplazamiento del yo. Es como si el yo se hubiese difuminado o se hubiese desplazado, como si no hubiese estado en su posición central, como si se hubiese apartado. Ese desplazamiento del yo y la experiencia poco habitual que sucede en ese momento son fenómenos que van en estructura, se dan el uno junto al otro.
Lo interesante de esto es que nos muestra que existen otros espacios en la mente humana por explorar. Existen otras profundidades en la conciencia donde el tiempo y el espacio funcionan de otra manera. Existe otra forma de sentir las cosas que no es la habitual y la única forma de acceder a ello es silenciando el ruido de la conciencia y del yo. Es sorprendente cuando compruebas que hay otras profundidades de la mente aquí mismo, al alcance de nuestra mano. Simplemente no las vemos ni oímos porque estamos cegados y ensordecidos por la actividad de nuestro yo.
Estas experiencias que se salen de los cauces habituales de nuestro pensar y sentir son un magnífico alimento para nuestra vida, ya que nos colocan en otra actitud y en otra predisposición ante los demás y ante el mundo.
En la web de REHUNO Salud puedes consultar la serie completa de Psicología del Nuevo Humanismo
Optimizar nuestro comportamiento para avanzar en el mundo
En la serie de artículos sobre Autoconocimiento comenzamos con un análisis sobre nuestra situación actual para luego revisar nuestra biografía para comprender el origen de nuestros conflictos. Ahora observaremos nuestra manera de actuar frente a las distintas circunstancias de nuestra vida.
Podríamos tomar en consideración la analogía del Gran Teatro de la vida. Efectivamente, en nuestra vida cotidiana, cual actores protagonistas de nuestra propia historia personal e intransferible, asumimos distintos papeles o «roles» según las situaciones que nos toca afrontar. Por ejemplo, no actuamos de la misma manera frente a nuestro jefe que frente a nuestros hijos.
Podríamos definir estos «roles» como comportamientos sociales que nos permiten ahorrar energía, es decir, como sistemas codificados de adaptación social. Cuando no disponemos de un rol adecuado a una determinada circunstancia tenemos un problema, como el actor que no sabe improvisar y se bloquea. Sucede que no sabemos cómo comportarnos y tenemos que hacer un esfuerzo de atención (que implica un consumo energético) para amoldarnos y entender cuál debe ser nuestra conducta más correcta. De esta manera podremos configurar un nuevo papel que nos permitirá movernos con más facilidad y soltura en esa situación sobrevenida.
Como vemos, los roles se van configurando a lo largo de la vida de manera que cuando somos jóvenes tenemos muy pocos y, de mayores, ya deberíamos ser actores con muchas tablas en el escenario. Pero no siempre sucede que nuestros roles son los más adecuados. También acontece, en ocasiones, que no disponemos de un repertorio acorde a situaciones nuevas o de sorpresa o de crisis. Y, finalmente, es habitual que confundamos tipos de comportamientos relativos a un ámbito de la vida con otro que no tiene nada que ver como, por ejemplo, ir de «padre» con un compañero de trabajo.
Por todo esto, es muy importante estudiar los propios roles porque corregirlos, en caso de estar mal configurados, nos permite ser más eficaces en nuestra actividad, mejorar la comunicación y evitar el conflicto. Habilitar roles adecuados para situaciones nuevas o difíciles nos sirve para mejorar nuestra capacidad de improvisación que nos proporcionará mayor seguridad en nosotros mismos. Por último, ampliar nuestro repertorio de roles nos hará sentir más libertad interna gracias al aumento de disponibilidad energética y, por supuesto, nos ayudará a manejarnos mejor en el mundo.
En todo caso el trabajo con los roles no es nada sencillo pues hemos de comprender que nuestro comportamiento está fuertemente arraigado y por eso es muy importante no emprender este ejercicio hasta haber completado e integrado el análisis de nuestra situación actual donde revisábamos los conflictos en los distintos ámbitos de la vida (relacionados con los roles) y el trabajo autobiográfico donde encontrábamos el origen de nuestras creencias y actitudes básicas (que también se manifestarán en los roles).
Vamos a definir nuestros roles en cada circunstancia de nuestra vida. Es importante hacer una descripción del rol en cuestión. No vale con decir «rol de padre», por ejemplo, porque un padre puede ser autoritario o despótico o sobreprotector… Para concluir y como síntesis será muy importante intentar reducir todos los roles que cumplo en mi vida con una cierta actitud básica que explica en gran medida por qué algunos de ellos están mal conformados, o por qué otros están confundidos o por qué otros me resultan tan difíciles de dominar.
Ejercicio:
En diferentes renglones de tu cuaderno de trabajo describe los roles que asumes en las distintas circunstancias de tu vida como por ejemplo: el trabajo, el hogar, las amistades, el sexo opuesto, las situaciones nuevas, las situaciones difíciles, etc. Y, en el último renglón, sobre la base de los trabajos anteriores, trata de reducir la actitud básica a partir de las coincidencias en la forma de jugar todos tus roles.
Una vez hecho esto debe analizarse la conveniencia de los distintos comportamientos y la manera de efectuar las correcciones pertinentes si es necesario.
Este artículo es una redacción libre la la Lección 3 de Autoconocimiento del Libro Autoliberación de Luis Ammann
Espíritu, psique, sociedad: toda realidad es triple
En esta serie de psicología del Nuevo Humanismo nos hemos centrado en varios aspectos del funcionamiento de nuestra conciencia y hemos dado orientaciones para salir del mundo del sufrimiento, para avanzar hacia una vida coherente y para abrir la posibilidad de un cambio real y profundo en nosotros mismos y en quienes nos rodean.
Por Jordi Jiménez
Muchos de los temas tratados han tocado lo que nosotros llamamos «espacios profundos» de la conciencia humana: temas como el agradecimiento y el pedido, el guía interno, los ejercicios con la Fuerza e incluso los Principios de la Acción Válida. Por sencillos que parezcan algunos de ellos, tienen la capacidad de introducir a quien los practica diariamente en esos espacios poco habituales en la vida cotidiana. Ese viaje interno tiene, a su vez, la capacidad para transformar esa misma vida, ya que los cambios se dan en la profundidad de la conciencia.
Otros temas han tocado de lleno el funcionamiento de nuestra conciencia desde el punto de vista de la experiencia, desde los registros que tenemos, desde la vivencia, en una especie de psicología de los fenómenos (fenomenológica) que se basa en eso, en la experiencia. Temas como las imágenes mentales, la memoria, la atención, la posesión o los climas y tensiones se adentran en este campo más mental o psicológico.
Ser-en-el-mundo
Así que hemos recorrido unos caminos que podríamos llamar espirituales y otros que serían más psicológicos. Pero no nos podemos olvidar de algo muy importante: todo ser humano y toda experiencia humana se dan siempre en un medio, en un contexto. El ser humano siempre es un ser-en-el-mundo (así, todo junto con guiones). No existe absolutamente nada en este universo que esté aislado de su entorno. Incluso en los infinitos vacíos siderales cualquier elemento existente está en relación con ese contexto, aunque tal contexto sea el vacío total. El ser humano viviente y existente tampoco es un ser aislado de su entorno, por mucho que algunos intenten con ahínco tal aislamiento. Uno se puede alejar, por ejemplo, del medio social urbano e irse a vivir a una isla desierta, pero sin duda que al hacer eso tendrá que relacionarse con ese nuevo entorno de alguna forma, ya que su supervivencia dependerá de la relación que establezca con ese medio natural.
Solucionada la inevitabilidad de la relación entre ser y medio, vayamos al grano. Amigos psicólogos y espiritualistas, muchos ya lo sabéis, pero no está de más recordarlo: nada cambia realmente en una persona si no modifica su relación con el medio, con su entorno social, personal e incluso con su entorno material. Hoy escuché una broma en la radio muy ilustrativa. Una chica le explica a su amiga que fue al psicólogo y que por fin le dio un diagnóstico para lo que le ocurre. ¿Y qué te diagnosticó?, le dice la amiga. Me diagnosticó falta de dinero. Efectivamente, muchos de los problemas que podemos padecer en la vida cotidiana tienen más que ver con las dificultades externas, sociales, que con algún problema interno o psicológico. La amenaza del desempleo y la pobreza, el chantaje laboral al que someten a millones de personas en todo el mundo, la escasez de los elementos más básicos para la supervivencia, la inexistencia de una sanidad o una educación mínimas en grandes zonas del planeta, la extorsión social basada en la especulación de la vivienda o de los precios de los alimentos, la violencia descontrolada que se expande por todas partes… Podríamos seguir un buen rato relatando situaciones penosas en multitud de contextos donde muchísima gente tiene que vivir su día a día. No amigos, hay gente que no tiene problemas psicológicos, sólo vive en un contexto de m… terrible.
Pero bueno… qué pasa con la gente que sí que vive en una sociedad acomodada, que tiene todos sus asuntos materiales resueltos y no tiene angustias ni temores de importancia en su día a día… y luego resulta que son los que más se suicidan, por ejemplo.
Los intangibles
Cuando hablamos de medio social o de contexto no nos referimos sólo al contexto material, sino también a un contexto que podríamos llamar «intangible», al campo de valores y prioridades de una sociedad. Hay culturas materialmente acomodadas, pero que ensalzan valores como el individualismo a ultranza, la insolidaridad, la hipercompetitividad, la incomunicación, donde se manipula la información y se engaña descaradamente a la gente, donde se pone como máximo valor la lucha por el poder del más apto, el autoritarismo y la falta de libertad, la venganza, la discriminación y la intolerancia del diferente…, en definitiva, sociedades con relaciones personales crueles, depredadoras y egoístas. Sí, amigos marxistas, tener las necesidades materiales resueltas no da la felicidad, y no es porque esto ocurra en una sociedad capitalista. En un contexto de intangibles inhumanos y violentos, reforzados por los medios audiovisuales, sus intereses económicos o sus intereses de poder, ¿quién puede hacer gala de una salud psicológica y un equilibrio interno razonable?
Los problemas psicológicos o internos no son solo de uno. Uno los tiene porque son síntomas de un desequilibrio social. Pero también los líos internos se irradian hacia otros y actúan socialmente en una constante realimentación. Y está claro que no nos referimos a enfermedades mentales más o menos graves que tienen su origen en fallos orgánicos. Hablamos de la contradicción interna como señal de que algo no anda bien en uno y que en muchos casos no es más que la continuidad de la contradicción social que se ve realimentada por la individual en un círculo cerrado.
En este artículo de hoy no vamos a dar ningún consejo ni a proponer ninguna práctica para nuestro bienestar. Hoy sólo queremos crear conciencia sobre la necesidad de un mundo más humano, donde avance la paz y la no-violencia. El problema central es la violencia en todas sus formas, no sólo la física, sino también la violencia económica, racial, religiosa, sexual y psicológica con todas sus variantes derivadas de estas. Y esas violencias que invaden todos los rincones del mundo son síntomas y causas al mismo tiempo de nuestra violencia interna. Pero cada uno de nosotros puede y debe superar la violencia que hay en uno y fuera de uno, tratando a los demás como quiere ser tratado y reconciliándose con uno mismo y con otros. Cada uno de nosotros puede cortar las cadenas de la violencia allá hasta donde sus fuerzas lleguen: hasta su vecino o hasta el mundo entero si fuera el caso. Cortando esa realimentación iremos humanizando el mundo y construyendo un futuro mejor para nuestros descendientes.
Gracias fracaso, si no hubiera sido por ti…
Desde la Red Humanista de Noticias de Salud REHUNO Salud ponemos en marcha un lugar de intercambio donde encontramos una nueva mirada sobre la vida cotidiana basada en una psicología experiencial y existencial (la Psicología del Nuevo Humanismo), y que da unas propuestas concretas de trabajo personal para llegar a un sentido pleno de nuestra existencia y a una vida libre de sufrimientos innecesarios.
Por Jordi Jiménez
No es, por tanto, una psicología terapéutica ni que trate sobre ninguna patología, sino que va dirigida a cualquier persona que quiera comprenderse a sí misma y tener herramientas, si así lo desea, para iniciar un cambio positivo en su vida. El bienestar psicológico es sin duda una de las bases de la salud integral, por ello es un aspecto al que hay que atender. Te invitamos a poner en práctica estas propuestas y también a que te comuniques con nosotros y nos cuentes tu experiencia. ¡Escríbenos!
¿Creéis que fracasar en algo es un… fracaso? ¿Un error? ¿Un desastre? ¿Algo que hay que evitar? ¡Todo lo contrario!
De acuerdo, en realidad depende de cuál sea nuestra dirección en la vida. Ya hemos dicho que ésta es una psicología existencial, por lo que el tema de la dirección de vida es fundamental. Si mi dirección en la vida se dirige hacia mis éxitos externos (sobre todo los míos), entonces sí, un fracaso es un horror ya que se opone a mi deseo de éxito. Sin embargo, si mi vida se dirige hacia la superación del sufrimiento, la evolución, el crecimiento interno y la liberación de los encadenamientos mentales, entonces el fracaso es un aliado extraordinario, ya que nos libera, precisamente, de un ensueño ilusorio por el que estábamos manejados.
Los ensueños
En el artículo anterior ya hablamos de lo que eran los ensueños: ese conjunto de imágenes que aparecen de forma mecánica cuando estamos en vigilia y que nublan nuestro estado mental. Ahora añadiremos algo más: esos ensueños, esas imágenes, van apareciendo para compensar situaciones, son respuestas compensatorias a estímulos internos o externos. Es decir, tengo una sensación de hambre (estímulo interno) y aparecen en mi espacio mental imágenes (ensueños) de comida, de ir a la nevera o de salir a un restaurante (compensación del estímulo de hambre). Salgo a la calle y noto que hace frío (estímulo externo) y me aparecen imágenes de lugares calentitos o de unas vacaciones en la playa (compensación del estímulo). Estos ensueños son llamados secundarios porque son situacionales, es decir, una vez que la situación cambia o el estímulo desaparece, el ensueño también cambia o desaparece.
Sin embargo, hay ensueños que son constantes, que permanecen aunque las situaciones cambien. Son los ensueños primarios. Por ejemplo, si siempre he tenido una sensación de inseguridad ante el futuro y los imprevistos, por compensación tiendo a ensoñar y a buscar situaciones estables y predecibles que me dejan una sensación de tranquilidad. Si, por ejemplo, siempre me he sentido solo y desamparado tiendo a buscar situaciones de protección y compañía. O si siempre me he sentido infravalorado y poca cosa tiendo a compensarlo buscando protagonismo y siendo perfeccionista para evitar la crítica. En fin, hay cientos de combinaciones posibles.
Todos, absolutamente todos, tenemos ensueños primarios constantes que están compensando alguna carencia y que no dependen de las situaciones concretas, sino que aparecen en todas las situaciones aunque sean diferentes. Mi ensueño de estabilidad, mi ensueño de protección o mi ensueño de protagonismo están actuando en mi modelo de familia, en mi modelo de trabajo, en mis amistades, en mis relaciones íntimas… en todo. En todos los ámbitos de mi vida tiendo a buscar aquello que compensa mis carencias básicas.
Obsérvese que el núcleo de esos ensueños es un clima emocional, es una emoción difusa y generalizada (de ahí que le llamemos «clima», ver artículo 20), un sentimiento de temor, desamparo o el que sea. Y ese clima emocional difuso es el que genera ciertas imágenes en forma de ensueños compensatorios.
Con los ensueños pasa igual que con otros temas que hemos tratado aquí: no hay que luchar contra ellos, no hay que eliminarlos, ni siquiera hay que esforzarse en cambiarlos. Además, tal cosa no es posible. Se trata de comprender cómo funcionan, cómo están actuando en mí. Esto es como descubrir el truco del mago: una vez que sabes el truco ya no tiene gracia, ya no te lo crees, pierde su encanto, se pierde la ilusión y ves la realidad de un modo nuevo. En el mundo interno pasa igual. Hay que descubrir el truco para salir del mundo de lo ilusorio y entrar en una nueva realidad.
Así que voy por la vida tirado por las narices de ensueños compensatorios que van orientando mi dirección y que van decidiendo lo que hago y lo que no hago. Pongo en marcha proyectos y me planteo objetivos movido por esas imágenes que me reconfortan, me gustan y me motivan. Pero entonces ocurre eso: el fracaso. Las cosas no salen como yo quería, o simplemente no salen. Mis proyectos, mis planes, han fracasado. Me desanimo, me vengo abajo, me quedo sin sentido, sin rumbo, me pregunto por qué ha ocurrido esto…
Aprovechemos para conocernos
Todos hemos vivido alguna situación así en más de una ocasión. ¿Qué estamos diciendo ahora? Que hay que aprovechar esa sensación de fracaso para observar qué ensueños la han provocado, para pararse un momento, reflexionar y estudiar con detalle cuál era el impulso compensatorio que movía ese proyecto. No estamos tratando de juzgar nada, no está bien ni mal, sólo queremos observar y comprender. Y si conseguimos desenredar este nudo descubriremos algo muy interesante: en realidad no he fracasado. Se ha hecho evidente mi ensueño y que ese ensueño tenía muchas dosis de ilusión, de irrealidad. Por eso no ha salido. Y si he logrado ver cómo ha actuado, si veo cómo estoy funcionando, cuántas son mis compensaciones, habré ganado en criterio de realidad, ya que para el próximo proyecto podré separar mejor lo que es posible de lo que es ilusorio.
No estamos diciendo que hay que ser pragmático y dejarse de utopías. No es eso. En muchas ocasiones el proyecto es válido, pero, por ejemplo, queremos obtener resultados en el corto plazo y eso no es posible; o bien, queremos ser protagonistas de ese proyecto y luego las cosas suceden de otra forma; o bien he querido tenerlo todo tan controlado que al final se ha descontrolado todo; o bien he forzado tanto a la gente que me acompañaba que al final me he quedado solo. Es decir, en muchas ocasiones lo que fracasa no es el proyecto, sino los ensueños que se me han colado en él. Y tal vez debido a ellos el proyecto fracasa, pero eso no quiere decir que ese proyecto no sea válido, ni quiere decir que no sea posible ni deseable. Además, para una vida plena y unitiva es necesario tener proyectos, tener el futuro abierto, hacer cosas en el mundo. En realidad no importa si los proyectos fracasan porque siempre podemos poner en marcha nuevas ideas y de esos aparentes fracasos habremos aprendido mucho sobre nuestras ilusiones, avanzando así hacia una vida más despierta y lúcida.
Acción filosófica: Elaborar analogías
Las analogías consisten en un procedimiento para establecer relaciones inusuales. La RAE la define como «relación de semejanza entre cosas distintas», pero más bien tendríamos que decir que es una semejanza de relación, porque la unión entre ambas no se basa en semejanza entre los objetos de la relación, sino que se sugieren en la mente del que los recibe. Poque atienden a la relación, a la forma de la relación, no a los objetos materiales.
Punto de partida: Conocer analogías
Punto de llegada: Hacer analogías
Preste atención a la hermosa analogía de Aristóteles. En ella se relacionan ojos de murciélago con entendimiento, luz del día con cosas claras por naturaleza. Ninguna semejanza existe entre ambas, pero el caso es que la disposición de la analogía consigue que la establezcamos.
Pues el estado de los ojos de los murciélagos ante la luz del día es también el del entendimiento de nuestra alma frente a las cosas más claras por naturaleza
Por lo que a nosotros nos interesa, la analogía es capaz de decubrir insospechadas relaciones enttre diferentes términos. Pensar en analogías, descubrirlas, desarrollarlas supone un ejercicio de imaginación, lenguaje e inteligencia de primera magnitud. Filosofía en acción.
Voy a proponerle otra. Esta es de Platón. En ella establece una relación entre una nave y el estado, sobre cómo gobernar un barco y su semejanza con el gobierno del estado. Esta analogía hoy hasta nos parece común, pero si lo piensa detenidamente, apenas hay puntos de contacto entre un barco y un estado. Hasta que lo esribió Platón en su libro La República.
Imagínate que respecto de muchas naves o bien de una sola sucede esto: hay un patrón, más alto y más fuerte que toodos los que están en ella, pero algo sordo, del mismo modo corto de vista y otro tanto de conocimientos naúticos, mientras los marineros están en disputa sobre el gobierno de la nave, cada uno pensando que debe pilotar él, aunque jamás haya aprendido el arte del timonel y no pueda mostrar cuál fue su maestro ni el tiempo en que lo aprendió; declarando, además, que nos es un arte que pueda enseñarse, e incluso están dispuestos a descuartizar al que diga que se puede enseñar; se amontonan siempre en derredor al patrón de la nave, rogándole y haciendo todo lo posible para que les ceda el timón. Y, en ocasiones, si no lo persuaden ellos y otros sí, matan a éstos y los arrojan por la borda, en cuanto al noble patrón, lo encadenan por medio de la mandrágora, de la embriaguez,o cualquier otra cosa y se ponen a gobernar la nave, echando mano a todo lo que hay en ella y, tras beber y celebrar, navegan del modo que es probable hagan semejantes individuos; y además de eso, alaban y denominan ‘navegador’, ‘piloto’ y ‘entendido en naútica’ al que sea hábil para ayudarlos a gobernar la nave, persuadiendo u obligando al patrón en tanto que al que no sea hábil para eso lo censuran como inútil. No perciben que el verdadero piloto necesariamente presta atención al momento del año, a las estaciones, al cielo, a los astros, a los vientos y a cuantas cosas conciernen a su arte, si es que realmente ha de ser soberano de su nave; y, respecto de cómo pilotar con el consentimiento de otros o sin él, piensan que no es posible adquirir el arte del timonel ni en cuanto conocimientos técnicos ni en cuanto a la práctica. Si suceden tales cosas en la nave, ¿no estimas que el verdadero piloto será llamado ‘observador de las cosas que están en lo alto’, ‘charlatán’ e ‘inútil’ por los tripulantes de una nave en tal estado? (488 b-e)
Para conseguir una analogía, piense en cosas cotidianas y objetos de su conocimiento. Si no conoce el mar, malamente podrá hacer una analogía marinera. Fíjese en alguno de esos objetos e inténtelo con él. Puede que primero consiga comparaciones o metáforas.
La mesa parece un desierto (comparación)
La luna es un colmillo blanco (metáfora)
La luna en el cielo nocturno oscuro y quieto es semejante al espíritu sereno en medio de los sucesos tristes (analogía)
No se preocupe demasiado si, sobre todo al principio, le aparecen comparaciones o metáforas. Significa que la ruta hacia la analogía se va abriendo, y ellas también son compañeras inseparables de la imaginación. Cultivar la imaginación abre posibilidades en todos los campos de la vida, desde arreglar algo estropeado a idear una campaña publicitaria o una teoría científica.
Puede seguir el siguiente procedimiento:
Escoja un objeto o un animal, mejor algo concreto: Ej. Una piedra
Piense en una cualidad de la piedra: Ej. Dureza
Escoja algo con lo que le parezca pueda trazar una relación: Ej. Corazón
Intente la relación: Ej. La dureza de una piedra en la naturaleza es semejante a la de un corazón desengañado por la vida
Y nos las pierda. Escríbalas.
Esta es una de las 25 acciones filosóficas del Manual de Filosofía Práctica de José Manuel García González
La «única» interpretación de los sueños
Lo de «única» está puesto entre comillas por dos motivos: por un lado, porque las interpretaciones de los sueños que aparecían antiguamente en la literatura se basaban en dar un significado único y estándar a las imágenes que aparecen en los sueños (una casa siempre significa X, un fuego siempre significa Y…), cuando en realidad cada persona puede dar un significado distinto a una misma imagen; por otro lado, aunque uno mismo interprete sus imágenes, el significado de cada imagen puede variar de un sueño a otro en función del contexto, por lo que la interpretación del relato también cambiará.
Por Jordi Jiménez
Así que nunca habrá una única interpretación de las imágenes de los sueños para distintas personas, ni siquiera para uno mismo en distintos momentos. ¿Cómo es posible que esto sea así? Porque el significado de las imágenes mentales viene dado por el clima emotivo que las acompaña y por el contexto de la «narrativa» del sueño. Sirve igual para los ensueños (Niveles de conciencia: del sueño al despertar).
Por ejemplo, hay sueños en los que la casa donde vivo cumple con una función protectora y otros sueños en los que la casa cumple con una función limitante o asfixiante, como de encerramiento. Además, una misma persona puede soñar en distintos momentos de su vida con la imagen de su casa cumpliendo con funciones opuestas porque su situación vital ha cambiado y la casa ya no es lo mismo que antes para esa persona. Otro caso: si hay un fuego que quema mi casa, y lo observo desde fuera, puedo sentir que ese fuego es destructivo, en el primer caso, o bien sentir que el fuego es liberador, en el segundo caso (siempre que yo no esté dentro de la casa, claro). Es la misma imagen del fuego, pero en función del objeto que quema (la casa protectora o la casa asfixiante) toma significados muy diferentes, ya no por sí mismo, sino por la función que cumple en la narración del sueño. Y no ocurre sólo con objetos tangibles. Puedo soñar que estoy solo en un lugar desierto y sentir miedo o angustia ante esa soledad o bien sentir que se me abren infinitos caminos hacia el futuro y que puedo ir hacia donde quiera. En este caso la soledad como situación cumple en el sueño con funciones también opuestas según la situación vital del soñante.
Por tanto, vemos que no podemos apuntar a interpretaciones únicas de los sueños ni confiar en los significados que se publicaran por ahí antiguamente ya que es altamente probable que no tengan relación con lo que a uno le ocurre. Despejado este asunto de las falsas interpretaciones universales, pasemos a lo que nos interesa, que es una técnica para hacer nuestra interpretación de los sueños.
Ejercicio para interpretar nuestros sueños
Primero de todo tenemos que escribir en un papel el relato del sueño a interpretar con todos las imágenes que en él aparecen. Después, en una tabla de dos columnas escribimos en la primera columna, y en el orden en que aparecieron, todas las imágenes del sueño: pueden ser objetos o acciones muy concretas. En la segunda columna escribimos el significado que tiene para mí ese objeto o acción concreta. Y aquí es donde está el asunto interesante. Uno tiene que buscar un significado propio de cada objeto en ese sueño en particular. Por último, una vez escritos los significados en la segunda columna se vuelve a escribir el relato, pero sustituyendo cada palabra por el significado que le he atribuido.
Pongamos un ejemplo de una escena de un sueño:
“Estoy de rodillas en un túnel estrecho. Al frente mío hay una gruesa puerta de madera entreabierta, se puede percibir la luz del día. Cuando trato de salir del túnel no lo logro y me percato de que un vehículo obstruye la puerta. Detrás de mí hay un grueso muro, me desespero e intento retroceder.”
Rescatamos los objetos y situaciones del relato:
Estar de rodillas, 2. Túnel, 3. Puerta del túnel, 4. Luz del día, 5. Automóvil, 6. Muro detrás.
Y ahora buscamos el significado de cada elemento para nosotros:
Estar derrotado, 2. Atrapado, 3. Querer escapar o avanzar, 4. Una vida mejor, 5. Una forma de ir por la vida, 6. El pasado.
Fijaos que en este caso la persona atribuye como significado de la imagen del automóvil «una forma de ir por la vida». No sirve decir que un coche es un medio de transporte, ese es el significado de diccionario. Con el túnel pasa igual, no sirve decir que es un sitio oscuro, eso es evidente. Hay que buscar lo que cada elemento representa en ese sueño para quien lo estaba soñando. Esta búsqueda de significados tal vez requiera parar un momento, reflexionar sin prisa y tratar de descubrir qué clima emotivo acompañaba esa imagen en ese sueño. Si para mí las puertas significan escapes o avances, significan eso y no otra cosa, por mucho que otros digan que las puertas simbolizan no sé qué cosa según mitos o creencias antiguas.
Una vez trabajados los significados de los elementos del sueño por separado, llega el momento de sustituirlos en el relato del sueño. En nuestro ejemplo el relato quedaría así:
“Me siento atrapado y derrotado por algo que está en mí mismo y cuando quiero escapar de eso e ir hacia una vida mejor, me lo impide mi forma de ir por la vida.
Presa de la desesperación, intento escapar hacia el pasado sin comprender que eso ya es imposible.”
Como véis el relato reescrito con los significados de cada elemento toma un cariz mucho más interesante. Se puede decir que este relato reescrito es la interpretación de este sueño para esta persona y esta interpretación le está contando al soñante una situación vital que está viviendo y que en el nivel de vigilia ordinaria pasa desapercibida. Sin embargo, en las imágenes libres del sueño se encadena una narrativa que trata de ordenar y dar salida a esa situación, sólo que el relato está alegorizado en imágenes. Por tanto, se requiere interpretar correctamente los significados de estas imágenes para des-velar (quitar el velo) el trabajo que está intentando hacer la conciencia con esa situación vital.
En el artículo anterior dijimos que la conciencia, en el nivel de sueño, no solamente descansa (en la fase de sueño vegetativo), sino que también se aboca a un trabajo intenso de reordenación de experiencias vividas. Al desvelar el significado de los sueños de esta manera, podemos comprobar efectivamente el enorme trabajo que hace la conciencia en la fase de sueño paradojal.
Esperemos que os haya resultado interesante y si queréis enviarnos algún sueño al correo electrónico, os podemos ayudar a que lo interpretéis en función de vuestros significados.
La felicidad se llama coherencia
Desde la Red Humanista de Noticias de Salud REHUNO Salud ponemos en marcha un lugar de intercambio donde encontramos una nueva mirada sobre la vida cotidiana basada en una psicología experiencial y existencial (la Psicología del Nuevo Humanismo), y que da unas propuestas concretas de trabajo personal para llegar a un sentido pleno de nuestra existencia y a una vida libre de sufrimientos innecesarios. No es, por tanto, una psicología terapéutica ni que trate sobre ninguna patología, sino que va dirigida a cualquier persona que quiera comprenderse a sí misma y tener herramientas, si así lo desea, para iniciar un cambio positivo en su vida. El bienestar psicológico es sin duda una de las bases de la salud integral, por ello es un aspecto al que hay que atender.
Por Jordi Jiménez
Te invitamos a poner en práctica estas propuestas y también a que te comuniques con nosotros y nos cuentes tu experiencia. ¡Escríbenos!
Mucho se habla de la felicidad, sobre todo cuando hay carencia de ella, y muchas son las recetas que se dan para alcanzarla. Nosotros vamos a enfocar este tema desde un punto de vista un tanto diferente a los que puedas haber oído. Se trata de ir consolidando un registro de coherencia con uno mismo, y con los demás, y esa coherencia es la que nos va a dar sensación de felicidad.
Cuando decimos coherencia estamos hablando de algo bastante preciso. Podemos definir la coherencia como pensar, sentir y actuar en la misma dirección, tratando a los demás como quisiera ser tratado. Por tanto, la coherencia depende únicamente de cómo actuamos, depende de nuestra acción y no de ningún condicionante externo. Observemos que no sólo se es coherente cuando unifico mi pensar, mi sentir y mi actuar, sino que además hay un elemento de relación con las demás personas que actúa a la hora de registrarme coherente. Entonces, si actuamos así con coherencia, tenemos una sensación clara de unidad interna, de que todo está bien, nos sentimos más ligeros, más alegres, más centrados e incluso las situaciones difíciles lo parecen menos, porque nos sentimos fuertes al tiempo que livianos y con el futuro abierto, donde todo es posible. Todas esas sensaciones, entre otras, son las que asociamos a la felicidad y se producen justamente cuando actuamos de esa forma, cuando somos coherentes al hacer las cosas. Existe la creencia de que la felicidad depende de la posesión de ciertos objetos o lugares, de tener ciertas cosas o no tenerlas. Veremos que esto no es tan así.
Unidad energética
Entonces ¿por qué la felicidad depende de una forma de hacer las cosas? La respuesta está en nuestro circuito energético y en la dirección en que se expresa esta energía en el mundo. No estamos hablando de una energía extraña ni extracorpórea, sino de la energía psicofísica que mueve nuestro cuerpo y nuestra mente, algo que podemos percibir claramente si prestamos atención.
Pongamos un ejemplo: es por la mañana y estoy corriendo por las calles de mi barrio cuando me encuentro con un amigo, me paro y hablamos brevemente. Entonces noto que, por un lado, tengo ganas de seguir hablando con mi amigo y por otro lado también tengo ganas de seguir con mi ejercicio matinal. Noto claramente que deseo hacer dos cosas que no van en la misma dirección, que en ese momento son incompatibles. Siento esa pequeña contradicción que sentimos a menudo en nuestro día a día y que es pasajera, que normalmente se resuelve enseguida. Así que le puedo decir a mi amigo que lo llamaré por la tarde para tomar un café y hablar tranquilamente y seguir con mi ejercicio, o puedo invitarle a correr conmigo un rato si le apetece y así vamos hablando.
De este ejemplo sencillo nos interesa sobre todo el registro de división que se siente en ese breve momento. Esa sensación se da porque parte de nuestra energía apunta a seguir corriendo y otra parte apunta a quedarse hablando más rato, como si el propio cuerpo se partiera en dos de forma sutil. Se produce una división energética porque no coinciden las direcciones de ambos deseos, quiero hacer dos cosas que en ese momento se oponen. En este caso la situación se resuelve fácil, pero en muchas otras situaciones permanece esa división energética dada por deseos que no son compatibles y que provoca un registro de contradicción. Si este registro fuese frecuente y diario, se convertiría en un estado de infelicidad creciente por acumulación de esas contradicciones.
Indicadores de unidad interna
Pero ¿qué ocurriría si normalmente sintiéramos que nuestra energía se orienta en una única dirección, que actuamos sin divisiones, que hacemos las cosas sin contradicciones, de forma unitiva, coherente? Iría creciendo nuestra sensación de felicidad. Nos sentiríamos unidos, fuertes, ligeros y alegres, ya que esas son las experiencias que se dan cuando nuestro circuito energético trabaja coordinadamente, en conjunto, en unidad. A eso se refiere la expresión «pensar, sentir y actuar en la misma dirección».
Las situaciones cotidianas nos presentan a menudo múltiples contradicciones, algunas accidentales o imprevistas, otras habituales o sistémicas. Que me encuentre con un amigo mientras corro es algo totalmente fortuito, pero me pone en una situación de pequeña contradicción. ¿Qué hacer entonces si no se pueden evitar estas situaciones contradictorias fortuitas? Simplemente tenemos que encontrar una salida coherente, dar una respuesta que nos deje sensaciones de coherencia, o lo que es lo mismo, de unidad energética, de que no hay divisiones en mi energía psico-física.
¿Y cómo puedo reconocer este tipo de respuestas o de salidas? Deben tener estas tres cualidades:
Dejan sensación de unidad en ese momento
Dejan un sabor de crecimiento interno
Pasado un tiempo no hay duda de que volvería a hacer lo mismo
Si se cumplen las tres características estamos en presencia de un acto coherente, pero si falta alguna de las tres cualidades no estamos ante una acción unitiva. Por otro lado, ya hemos dicho que las acciones coherentes deben tener en cuenta a los demás, de ahí la segunda parte de la definición «tratando a los demás como quisiera ser tratado».
Acumulación de las acciones
Las acciones coherentes o contradictorias se acumulan en uno. Esto es importante. ¿Por qué se acumulan? Porque hay un sistema de grabación, la memoria, que va guardando registros de todo lo que hacemos, lo que sentimos y lo que pensamos. De esta forma, las grabaciones de una nueva forma de actuar se irán superponiendo a las anteriores y permitirán un cambio de rumbo. Y será gracias a la acumulación de esas nuevas acciones coherentes que iremos acercándonos a ese estado de felicidad, de alegría de vivir y de sentido.
La felicidad no es un objeto que se obtiene y una vez que se posee ya está, ya soy feliz para siempre. Es más bien un lugar al que uno se acerca o del que uno se aleja según actúe en su vida.
Como decíamos al principio, no nos acercamos a ese estado consiguiendo objetos o estando en ciertos lugares, o comiendo determinadas cosas. Un objeto, un lugar o un alimento puede darme una sensación muy gratificante en un momento dado, y en ese momento puedo sentirme bien, relajado, tranquilo, etc. Pero ese estado es totalmente pasajero y desaparece en cuanto dejo de tener ese objeto, o de estar en ese lugar, o simplemente por desgaste. No cumple con la condición 2 (sabor de crecimiento interno). Los momentos placenteros tienden a desgastarse por el simple paso del tiempo. Quedan en memoria dejando un rastro de nostalgia y un deseo de volver a ellos que si se repite y se repite acaba desgastando su influencia ilusoria.
Por contra, la acción coherente es algo que depende de lo que yo haga y no de situaciones externas cambiantes. Es algo que se va acumulando en mi circuito energético, no se desgasta, va creciendo y se va consolidando con el tiempo. Es independiente de los objetos o lugares externos y no necesito poseer nada especial para alcanzar la felicidad que nos da la acción coherente. Sólo depende de mí hacer en el mundo, de mi actitud ante mí y ante los demás. Si fortalezco mi intención de actuar de forma coherente, avanzaré hacia una felicidad real y duradera.
Si quieres debatir sobre el tema puedes escribirnos a @
Autobiografía: Descubre el origen de tus conflictos para poder resolverlos
En artículo anterior presentamos un trabajo de autoconocimiento que comenzaba por una revisión de nuestra situación actual en relación a nuestras tensiones y climas en los distintos ámbitos de nuestra vida.
Estos aspectos de nuestra vida que nos generan malestar y tensión, en muchos casos, se han venido configurando a partir de determinados acontecimientos pasados. Es fácil comprender que muchas de las cosas que nos pasan tienen que ver con nuestra biografía. Determinadas experiencias desagradables, accidentes y vivencias pasadas siguen actuando en nuestra memoria influyendo en nuestra conducta actual en forma de temores, inseguridades, etc.
Existen situaciones biográficas que no quedaron resueltas en su momento y que siguen operando en nosotros, de modo latente o manifiesto, en forma de «temas pendientes», que nos hacen tender a cometer siempre los mismos tipos de errores, por ejemplo. Son hechos o circunstancias que no fueron comprendidos e integrados.
Revisar el pasado puede ser una tarea un poco desagradable, en algunos casos, pero es importante si se aspira a comprender de dónde proceden nuestras tensiones y climas actuales para emprender la tarea de modificarlos.
Por otro lado, si se quiere avanzar hacia la coherencia y la felicidad es necesario «resolver» esos «contenidos biográficos pendientes» que, en ocasiones, actúan como «islas» que dificultan el propio fluir de la conciencia arrastrándonos en direcciones vitales no deseadas.
Todos estos elementos de nuestra vida deben ser explorados y revisados con la ayuda de familiares y amigos, si es preciso, que nos ayuden a iluminar esos espacios vacíos de nuestra biografía.
El trabajo que proponemos hoy lleva su tiempo y no está exento de dificultad pero, bien realizado, puede resultar muy revelador y útil para planificar nuestro futuro.
Autobiografía
Ejercicio 1
Escribe un extenso relato de tu vida.
Ejercicio 2
Elabora un cuadro con 3 columnas (Año/Edad/Acontecimiento) que ordenen los acontecimientos año por año comenzando por el nacimiento respecto al cual no se tienen recuerdos pero puede haber alguna anotación relevante como la muerte de algún familiar, un problema de parto, etc. y así siguiendo… 1,2,3… hasta la edad actual.
Ejercicio 3
Una vez construido el cuadro, con el mayor detalle posible y con exactitud en las fechas, tratar de observar y destacar estos tres tipos de acontecimientos:
Accidentes: Sería enfermedades o circunstancias imprevistas que han sido importantes y que han provocado algún cambio en la vida o un desvío o modificación de proyectos. Por ejemplo, a los 16 años fallece mi padre y debo dejar los estudios para contribuir al sostenimiento familiar.
Repeticiones: Son situaciones similares que a lo largo de la vida aparecen más de una vez. Estas se obtienen, lógicamente, al comparar distintos años entre sí. Por ejemplo, a los 19, 23 y 28 pareja controladora que me manipula y violenta.
Cambios de etapa: Los cambios de etapa se observan de forma evolutiva, por ejemplo, en el paso de la niñez a la adolescencia, etc. pero también pueden producirse importantes «cambios de rumbo» en los que se modifican nuestros intereses vitales por alguna circunstancia que puede ser abrupta o gradual y que debe anotarse. Por ejemplo, a los 35 años me va de maravilla en la inmobiliaria que dirijo pero me siento cada vez más vació existencialmente y decido abandonarlo todo e irme a vivir a la selva amazónica.
Ejercicio 4
Por último ha llegado el momento de elaborar una síntesis biográfica tratando de resumir y extraer lo más significativo de todo el material teniendo en cuenta, sobre todo, los hechos de suponen accidentes, repeticiones y cambios de etapa.
Esta síntesis puede ser re-elaborada varias veces hasta estar en condiciones de realizar un sucinto relato de la propia vida con los elementos más determinantes de la misma. Estos darán cuenta de cómo hemos llegado a nuestro estado actual y serán susceptibles de ser modificados si queremos producir un cambio consciente en el rumbo de nuestra existencia.
Esta es una redacción libre de la Lección 2 de la parte Prácticas de Autoconocimiento del libro Autoliberación de Luis Ammann
Autoconocimiento: Analiza tu situación actual
La práctica del Autoconocimiento nos ayuda a comprender nuestros aspectos negativos para poder modificarlos así cómo descubrir las cualidades que deben ser fortalecidas. Un buen sistema de estudio es importante para impulsar nuestra vida en el sentido del cambio positivo y consciente.
Es importante comprender que autoconocimiento no significa un ensimismamiento meditativo y pasivo, más bien, todo lo contario. Para conocerse, es necesario estudiarse a sí mismo con referencia a situaciones, en lo posible, de la vida cotidiana. Es decir, el autoconocimiento tiene sentido como una herramienta de transformación personal pero también social. No es posible una mejora conductual sin referencia al mundo y a las otras personas. Uno cambia en la medida que modifica su comportamiento en relación a los otros y al mundo. Esta suerte de simultaneidad del cambio personal y social supone un esfuerzo de comprensión para nuestra mentalidad dualista y causativa.
El autoconocimiento debe ayudar a aclarase respecto del propio pasado en relación con el momento actual y de acuerdo con aquello que se aspira a futuro.
En este ejercicio vamos a revisar la situación en que vivimos de una forma ordenada. Sucede, en ocasiones, que cuando nos preguntan o nos preguntamos por nuestra situación, por cómo estamos o cómo nos va, respondemos en función de lo que vamos a denominar el «clima» en que estamos. Un clima es una sensación general, casi siempre poco racional. Si nos ha pasado algo bueno y estamos en un clima positivo todo nos parecerá maravilloso. Por el contrario si estamos en un clima negativo nuestra visión personal resultará más pesimista. En uno u otro sentido, no estamos nada clarificados respecto a cuál es el estado de nuestra vida en términos generales.
A diferencia del «clima» que es una sensación difusa, un poco difícil de apresar, las «tensiones» se suelen concentrar en determinados puntos del cuerpo. Hay situaciones de nuestra vida que nos producen tensión muscular. El sólo hecho de imaginar, por ejemplo, que me voy a encontrar con esa persona que me crea problemas me genera una tensión en el abdomen. Esas tensiones se van acumulando hasta generar un problema de salud: Problemas cervicales, contracturas, mala digestión, cefaleas, etc.
Por supuesto que la práctica de un deporte para descargar tensión, las técnicas de relajación, la visita al fisio, o tomar una aspirina ayudan a reducir la tensión pero se puede observar fácilmente que solamente aliviamos el efecto pero el foco de tensión permanece intacto. El autoconocimiento debe servir para atajar la causa y salir del círculo vicioso.
Ejercicio:
En un cuaderno elabora una clara descripción de tu situación actual en función de tu edad, sexo, trabajo, vida familiar, salud, amistades y cualquier otro ámbito específico de tu vida cotidiana. Primero aclara y anota las tensiones más desagradables que sufres en cada uno y luego trata de considerar los climas en que vives (por ejemplo en el trabajo puedo observar una tensión en la relación con mi jefe y un clima de falta de reconocimiento a mi labor, etc.)
Una vez desarrollado el escrito, y si este trabajo lo haces con otros (recomendado) discútelo y disponte a realizar el siguiente ejercicio:
En varios renglones del cuaderno anota brevemente las tensiones y climas que padeces en cada una de tus situaciones vitales. Una vez dispongas de este cuadro general de tu situación vital trata de sintetizarlo a modo de conclusión. Por ejemplo, tus tensiones pueden sobrevenir en las situaciones en que te sientes infravalorada y puedes percibir un clima general de incertidumbre, de temor al futuro por sentir que no puedes lograr tus objetivos, etc.
En todo caso, una vez realizado el ejercicio, estarás en disposición de formular propósitos concretos a partir de ese análisis general de tu vida presente.
Esta es una redacción libre de la Lección 1 de la parte Prácticas de Autoconocimiento del libro Autoliberación de Luis Ammann
Apuntes sobre la película el Guerrero Pacífico
El guerrero pacífico es una película de estilo motivacional que resulta más interesante por las preguntas que plantea que por las respuestas que en ella se da.
Por Clara Gómez – Madrid Medita
¿Si consigues todo lo que quieres serías realmente feliz? ¿Estas más pendiente de conseguir tus logros o de disfrutar el camino? ¿Qué pasaría si de repente tuvieras un accidente que truncara todos tus proyectos? ¿Qué haces cuando pierdes todo lo que ha dado sentido a tu vida? ¿Qué pasaría si estuvieras realmente conectada con tu momento presente? Son algunas de las cuestiones que se abordan en la película que resultan sugerentes y que en este breve post vamos a reflexionar.
Aunque lo primero que hay que aclarar es que esta película dirigida por Víctor Salva está basada en la novela de Way of the Peaceful Warrior de Dan Millman, pero en este análisis nos centraremos solo en los mensajes que se transmiten desde el film sin considerar las aportaciones del libro.
¿Si consigues todo lo que quieres serías realmente feliz?
Sin duda se trata de una obra del ámbito del crecimiento personal y la automotivación que encuentra su valor en los diálogos entre un personaje misterioso al que llaman Sócrates y el protagonista de la historia, Dan Millman. En uno de los primeros encuentros entre ambos, Dan le da contexto sobre su persona informándole que su familia tiene dinero, le va bien en los estudios, tiene amigos y que sus objetivos como deportista era llegar a los juegos olímpicos. Entonces, Sócrates le pregunta: ¿eres feliz?, para lo que Dan desconcertado le contesta: ¿y la felicidad que tiene que ver con todo esto? Resulta muy ilustrativa esta respuesta de Dan, ya que hace recordarnos cuántas veces nos obsesionamos con nuestros objetivos y metas perdiendo la dirección de lo que verdaderamente importa: estar conectados con la vida.
Pareciera que cuando ensoñamos con algo proyectamos en esa imagen ficticia unas expectativas de felicidad. Pensamos que nuestros problemas se resolverán cuando consigamos eso que tanto anhelamos. Creemos que nos sentiremos más seguras, confiadas y fuertes una vez alcancemos nuestros objetivos. Por eso, nos vamos obsesionando con ese objetivo externo cargándolo de significados ilusorios y sin darnos cuenta que nos estamos quedamos atrapadas en una red de sufrimiento. Como dice el personaje Sócrates de la película: “la mayoría de la humanidad sufre porque no consigue lo que quiere y hasta cuando lo consigue sigue sufriendo porque no puede conservarlo para siempre”. De ahí que lo ideal es que ese ensueño/objetivo/deseo no sea algo externo dependiente de las circunstancias, sino un propósito interno como lo son: querer aprender, desarrollarse, amar, compartir, etc. Es decir, actitudes internas hacia la vida que solo dependan de nosotras mismas. Buscar no imágenes externas que nos realicen, sino darnos cuenta que ya estamos realizadas.
¿Estas más pendiente de conseguir tus logros o de disfrutar el camino?
En otras palabras, se trata de hacer el camino/el viaje el fin en sí mismo. Y esto aparece muy bien explicado en la escena de la montaña. Donde Dan camina feliz por el campo con la expectativa de ver algo especial que Sócrates le había prometido. Esta felicidad se desmorona cuando llegan a la cima y Sócrates le enseña una simple piedra. Las expectativas de Dan cargadas de ilusiones se caen en un segundo haciéndole sentir frustración y enfado. Con esta lección Sócrates pretende enseñar a Dan lo que ha disfrutado durante todo el camino sin ni siquiera saber qué se iba a encontrar. Por eso, el aprendizaje radica en la conocida enseñanza “el viaje aporta la felicidad, no el destino”.
¿Qué pasaría si de repente tuvieras un accidente que truncara todos tus proyectos?
La importancia de que el propósito vital sea interno (no un objetivo externo y dependiente de las circunstancias) queda muy evidente cuando Dan se rompe la pierna en un accidente de moto.
Sócrates ya le había planteado previamente a Dan la pregunta de qué haría en caso de no entrar en el equipo olímpico. Entonces, él se cabreó al instante porque solo la mera idea de considerarlo le generaba tensión. Después sufre el accidente de moto que le frustra definitivamente todo su proyecto externo y, aunque parece recuperarse bien, el comité olímpico y su viejo entrenador no le permiten competir para los juegos olímpicos. El protagonista de esta historia cae en una crisis existencial de esas que te pueden conducir hasta el final más trágico de tu existencia o hacia una superación personal transcendental.
Afortunadamente cuenta con la orientación de Sócrates que puede ayudarle, aunque no resolverle, a transitar por esa circunstancia. Lo que nos recuerda la importancia de la figura de guías, maestros o maestras, orientadores y personas o ámbitos de referencia en los que poder apoyarnos y progresar en nuestros aprendizajes personales.
Regresando a la cuestión, Sócrates le comenta que si es su verdadera pasión son las anillas (el deporte que practica), no debería importarle si le dejan o no competir en los juegos olímpicos. Es decir, le está haciendo profundizar en su pasión para encontrar lo verdaderamente importante de ella, que no es el éxito o reconocimiento externo, sino la conexión, el gusto por la vida y lo que puede aportar en la acción de estar en las anillas.
¿Qué haces cuando pierdes todo lo que ha dado sentido a tu vida?
Es una lástima, -cuidado que aquí viene gran spoiler-, que el final de la película sea tan poco original y acabe con el exitoso triunfo de Dan haciendo un triple mortal en los juegos olímpicos, ya que nos despista de este mensaje tan relevante que estaba transmitiendo . Darnos cuenta que no es necesario renunciar a nuestros sueños (de hecho los necesitamos para vivir), sino que tan solo necesitamos profundizar en ellos para no caer en las redes del sufrimiento.
Antes explicaba que cuando nos obsesionamos con un objetivo externo cargándolo de expectativas e ilusiones de felicidad y bienestar, nos estamos quedamos atrapadas en una red de sufrimiento porque hacíamos depender esa felicidad de circunstancias externas ajenas. Sin embargo, si conseguimos profundizar en nuestros sueños y desvincular la imagen externa de los significados internos que en ella proyectamos recuperamos la dirección de esos ensueños. Ellos ya no te controlan a ti y a tu sentir, sino que tú los diriges a ellos con la posibilidad de adaptarlos, transformarlos y flexibilizarlos si las circunstancias no acompañan. Utilizaré el caso de Dan para ilustrarlo.
Dan proyecta inicialmente un estado de felicidad en un objetivo externo (la obtención de la medalla de oro). Un accidente le frustra esa posibilidad y por tanto se deprime, porque ya no ve la posibilidad de conseguir esa medalla que le iba a dar felicidad. De esta manera, el accidente le ha arrebatado la posibilidad de ser feliz. ¿Qué pasa si Dan profundiza en su ensueño y desvincula la imagen de obtener una medalla con ser feliz? Que Dan recuperaría la posibilidad de ser feliz. Entonces, podría proyectarla en otra imagen externa (y caer en la repetición) o podría emprender un camino de aprendizaje sobre lo que significa ser feliz que le llevaría a nuevos descubrimientos internos.
¿Qué pasaría si estuvieras realmente conectado con tu momento presente?
Posiblemente uno de esos descubrimientos es que para ser feliz se hace imprescindible estar conectados con la belleza de la vida. Es decir con las ganas de vivir. Para cultivar esas ganas de vivir o ese gusto por la vida hay varias prácticas que nos pueden servir. El agradecer cada mañana, liberarse de los resentimientos acumulados, trabajar la reconciliación sincera con una misma y con las personas que nos han herido, aprender a dar sin esperar nada a cambio, etc. En este film se propone la práctica del conocidísimo «vivir el momento presente». Una de las ideas fuerza de la película.
La importancia del aquí y el ahora es repetida en varias ocasiones y es interesante porque lo hace como una propuesta de aumento del nivel atencional. No es un simple «vive el presente» para huir del mañana que resulta demasiado incierto. Se trata de un vive el presente para estar plenamente consciente de todo cuanto acontece en el momento y de toda la belleza que envuelve a las cosas. La película lo muestra muy bien en la escena en el campus en la que Dan se da cuenta de todos los detalles de lo que están sucediendo en ese momento: los amigos que ríen, el perro que es acariciado, el lector que pasa una página, la mariquita que recorre la planta, la pareja que se besa… Dan pasa de no percatarse de nada, a ser consciente de ese momento.
Para estar más atentos en el aquí y ahora la película recomienda “sacar la basura de la mente”. Lo que significa no dar importancia o atención a aquello que no necesitas, aquello que te distraiga de lo que realmente importa. Como, por ejemplo, las creencias limitantes sobre ti misma, presiones sociales de familiares, pensamientos negativos, etc.
Sin duda resulta sugerente pensar qué pasaría si estuviéramos más atentas y conectadas con el momento presente, pero de nuevo la película se pierde en su respuesta. El film nos sugiere que podríamos hacer cosas excepcionales, como hacer un ejercicio de potro sin haberlo entrenado antes. Pero realmente el valor de estar atenta al aquí y al ahora es que nos permite estar conectadas con la vida (ese propósito interno) y no que nos vaya a dar superpoderes.
Como conclusión, El Guerrero Pacífico resulta ser una buena película para reflexionar sobre cuestiones como el sentido de la vida y el desarrollo personal, pero se recomienda andar con cuidado y no dar por sentado todo lo que en ella se plantea. En ocasiones los aprendizajes que se pretenden transmitir mezclan el desarrollo interno con el resultado o éxito social aunque sus diálogos digan lo contrario. Conviene recordar que ambos procesos (crecimiento interno y logro o éxito social) no necesariamente van de la mano. Lo relevante de un proyecto de desarrollo personal es que nos conecte con la vida y las ganas de servirla. Termino el análisis con el interesante simbolismo que utiliza la película siendo Sócrates un trabajador de una estación de servicio. «Servir» se propone como una actitud de relación con los demás que se encuentra en el camino interior de toda guerrera y guerrero.
«Conócete a ti mismo»
Interpretaciones en torno a la antigua frase que se dice estaba inscrita en el templo de Apolo invitando a reflexionar a quienes se acercaban a pedir consejo al oráculo.
Por Clara Gómez – Madrid Medita
Como una verdad sagrada está frase ha impactado y sigue impactando en el corazón de las personas curiosas por comprenderse no solo a sí mismas sino a los significados ocultos de la vida. En este artículo repasaremos algunos sentidos y contextos, seleccionados por gusto personal, en los que este aforismo ha brotado para brindar alguna sabiduría.
En una tira de comic, Mafalda le sugiere a su amigo que se conozca a sí mismo y él le responde con el temor «¿y si no me gusto?» Esta barrera es quizás una de las primeras que hay que sobrepasar valientemente para adentrarse en el camino del descubrimiento personal. A pesar de la evidente interpretación que se sucede del «conócete a ti mismo» desde el punto de vista del autoconocimiento, hay otras interpretaciones que me parecen valiosas a considerar.
Uno de los consejos que le da don Quijote a Sancho dice «has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse» (pág. 351) El contexto en el que se produce esta cita es en el capítulo XLII cuando don Quijote le da consejos a Sancho Panza antes de que fuese a gobernar la ínsula prometida por los duques. El sentido de la reflexión que me sugiere aquí está relacionado con la necesidad de mantenerse en el centro de uno para conservarse humilde, ya que a continuación menciona que gracias a conocerse uno se previene de «hincharse como la rana que quiso igualarse al buey». Especialmente si se va a ocupar cargos de poder o de gran influencia, donde es fácil perderse en la soberbia u otras externalidades. «Conocerse a si mismo» es así una gran reflexión que nos reconecta con nuestra condición humilde de ser humano.
Esta condición nos abre la posibilidad de considerar también a nuestros semejantes, a los demás seres humanos. Aunque no exactamente con las mismas palabras, en el Leviatán aparece la siguiente cita: «Antes bien, nos enseña que por la semejanza de los pensamientos y de las pasiones de un hombre con los pensamientos y pasiones de otro, quien se mire a sí mismo y considere lo que hace cuando piensa, opina, razona, espera, teme, etc, y por qué razones, podrá leer y saber, por consiguiente, cuáles son los pensamientos y pasiones de los demás hombres en ocasiones parecidas. Me refiero a la similitud de aquellas pasiones que son las mismas en todos los hombres: deseo, temor, esperanza etc.: no a la semejanza entre los objetos de las pasiones, que son las cosas deseadas, temidas, esperadas, etcétera» (pág. 3) En esta reflexión inspira a «conocerse uno mismo» para comprender a los demás. Otro sentido de nuestro aforismo que comienza a expandirse a medida que se profundiza en él. En este contexto, cabe traer a coalición otra hermosa y antigua frase «soy humano, nada humano me es ajeno» que bien merece la pena profundizar en otra entrada.
Avanzando aún más podemos encontrar otra interpretación interesante acerca de esta frase que nos lleva a considerar el «autoconocimiento» en un nivel más profundo que el descubrimiento de la propia identidad asociada al «yo». En la Mirada del sentido dice Dario Ergas: «Conócete a ti mismo», esa antigua frase del oráculo de Delfos ¿qué es lo que verdaderamente me invita a conocer? ¿Qué es lo que hay que conocer para saber el futuro? Cómo voy a conocerme a mí mismo, si se supone que convivo conmigo. Quizás sea lo más importante que ha dicho el oráculo. Tal vez convivo con alguien que no conozco. Podrá ser que muy junto a mí hay alguien muy importante llamado «ti mismo», «yo mismo» o «sí mismo», y que no conozca. Si hay algo en mí, que no muere, esencial, que está antes y después del cuerpo, sería muy interesante conocerlo» (pág. 8). Se plantea aquí una reflexión acerca del sí mismo como algo más allá y transcendente de nuestro ser cotidiano. Preguntas que se quedan sin palabras, pero no sin respuestas, pues un eco en el interior del corazón resuena abriéndose paso. Estamos en el campo de lo misterioso, de lo sagrado, de lo esotérico si se quiere decir así. Un campo tan desatendido y a la vez necesario de explorar para salir del sufrimiento. Esto me recuerda a esta parte de El Camino cuando Silo dice: «No dejes pasar tu vida sin preguntarte: “¿quién soy?” / No dejes pasar tu vida sin preguntarte: “¿hacia dónde voy?” / No dejes pasar un día sin responderte quién eres. / No dejes pasar un día sin responderte hacia dónde vas. (pág. 44).
Invito a quien este leyendo esta entrada a hacer el ejercicio de tratar de responderse esas dos preguntas «¿quién soy?» y «¿hacia dónde voy?» para darse cuenta en la reflexión de que eres algo más de lo que se puede definir con palabras. Entonces, volver a releer el aforismo «conócete a ti mismo» y descubrir este último significado que se está hablando. Aquí no cabe el temor a «no gustarse», porque eres algo más grande de lo que no gusta de ti.
Para finalizar, unas palabras inspiradoras sobre el enunciado que estamos tratando. (No he conseguido averiguar la fuente)
“Te advierto, quienquiera que fueres tú, que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros. Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses”
Bibliografía
Miguel de Cervantes, «Don Quijote de la Mancha»:
Thomas Hobbes, «Leviatán»: %20Hobbes%
Dario Ergas, «La Mirada del Sentido»:
Silo, «El Camino»:
Acción filosófica: Paseo consciente
Una sensación realmente desasosegante se produce al conducir. Hay veces que de repente te das cuenta de que no recuerdas nada de los últimos diez minutos, veinte minutos. Se pusieron en marcha los mecanismos automáticos de la conducción y sumidos en nuestros pensamientos hemos recorrido varios kilómetros. No es lo mismo que conducir distraído, no, se trata de permanecer ensimismado con los niveles de alerta precisos para ejercer una actividad que requiere tanta atención como conducir.
También nos ocurre en las acciones cotidianas. Quizá vayamos al trabajo, o al colegio de los niños, o al gimnasio por las misma calle durante años y apenas prestamos atención a las múltiples señales que jalonan el camino, salvo las más atrayentes.
Tampoco solemos prestar atención a nuestro paseo. A qué es lo que hacemos durante esos momentos.
Punto de partida: Somos lo que hacemos
Punto de llegada: Hacer consciente
A. Durante algún trayecto que realice caminando.
Hoy camine un poco más despacio.
Obsérvese al caminar
¿Cómo son sus pasos?
¿Dónde mira?
¿Le llama la atención algún color, olor, sonido?
¿Se siente bien?
B. Nunca camino.
Busque un lugar y un momento para caminar durante diez minutos
Un parque cerca del trabajo. Una vuelta a la manzana.
Camine.
¿Qué ha sentido?: Olores, sabores, luces, sensaciones, pensamientos…
Somos en el mundo, pero somos nosotros y la percepción de nuestra presencia física altera la manera en que nos representamos las cosas. La conciencia de nuestra disposición en el espacio cotidiano abre nuestra mente a la realidad que vivimos, no solo a la que pensamos.
Uno de nuestros refugios para soportar, como Sísifo, la monotonía de lo cotidiano es hacernos ajenos a las cosas. Esto se convierte en un hábito inconsciente, de manera que podemos pasar por el mismo sitio durante años y no saber que la pared de enfrente es de ladrillo rojo con una ventana con marco azul.
La conciencia del mundo que nos rodea avanza por grados. Desde comenzar a ver lo que nos llama la atención o nos amenaza, hasta conseguir que nuestra mente se llene con los múltiples estímulos y los tramite con tranquilidad atenta.
Algunos intelectuales tienen el orgullo de estar encerrados en sus cosas y de no enterarse de lo que pasa. Hacen gala de no ver la tele, de no escuchar música, salvo clásica, de no jugar, de no andar, de no mirar e incluso de no respirar. Esto es broma. Algunos de ellos confunden la realidad con sus palabras y pensamientos, incluso llegan a despreciar la realidad.
Lo cierto es que somos una cosa entre cosas, con la característica especialísima de la conciencia que nos individualiza y nos hacer ser quienes somos. Pero entre el resto de las cosas, de las que no podemos prescindir. Y de las personas, claro, pero eso lo trataremos en otro lugar.
Esta es una de las 25 acciones filosóficas del Manual de Filosofía Práctica de José Manuel García González
La actitud lúdica. El juego como herramienta de transformación personal y social
En general se suele pensar la actitud lúdica y los juegos como algo propio de la infancia. Cuando nos hacemos mayores toca ocuparse de las cosas serias de la vida y ya no queda tiempo (ni ganas) para jugar. Muchas personas adultas tienen buen sentido del humor pero ante los asuntos importantes (dificultades económicas, o de relación…) se ponen «serias». Ahí está la pesada solemnidad del trato protocolario y de los ceremoniales de todo tipo.
Entonces podemos distinguir dos tipos de actitud: La actitud lúdica y la actitud seria. Reconocemos claramente la actitud lúdica en los niños (cuya infancia no ha sido robada). Cuando somos niños la vida es un juego. En esta etapa el juego cumple una función simbólica para nuestra formación. A través del juego entendemos el mundo y desarrollamos capacidades creativas, en el sentido más amplio. El juego necesita de una actitud lúdica que básicamente consiste en tener ganas de pasárselo bien jugando. Es una expectativa de apertura al mundo, de posibilidades abiertas. Es la postura ligera del sí.
En el contexto de la sociedad actual, la actitud lúdica es sumamente subversiva. En un artículo sobre TDAH decíamos algo así: «Si en los años ochenta era un delito ser joven, hoy el delito es ser niño». Efectivamente, si analizamos el trato que el Sistema da a la infancia, a través de los padres, instituciones educativas, sanitarias, medios de comunicación, etc., podemos constatar el ejercicio de todo tipo de violencia sobre ellos destinada, en última instancia, a producir su «socialización», su adaptación al mundo de los mayores anulando todo vestigio de lo que los caracteriza como niños.
Entonces, la actitud seria propia del adulto se presenta como cerrazón de futuro. El adulto común no tiene mucha capacidad para discernir entre varios puntos de vista pues su capacidad de imaginar está limitada. Carece de la poesía infantil. La actitud seria tiende al dramatismo, a la exageración de cualquier menudencia, al distanciamiento con el otro… Es la postura grave del no.
El juego adulto, en ocasiones, toma características de fetiche. Puede cumplir una función de descarga de tensiones o desconexión de problemas, en la práctica de un deporte, por ejemplo, o una función de compensación de ensueños en el caso de los juegos de azar. Esta forma de ludismo serio puede derivar en una patología.
a) Revisa tu quehacer diario. Observa tus relaciones cotidianas en la familia, compañeros de trabajo o estudios, amistades… ¿Cuál de las dos actitudes crees que predomina en tu vida?
b) Recuerda o piensa acerca de alguna dificultad personal: Un problema económico, de relación con la pareja, en el trabajo, algún infortunio vivido… ¿Cómo lo afrontas? ¿Con qué actitud enfrentas las dificultades?
Toma nota de las dos reflexiones.
La actitud lúdica es una herramienta muy interesante para afrontar situaciones difíciles porque nos ayuda a desdramatizar los problemas y encontrar mejores soluciones dando respuestas más positivas para nosotros mismos y para los demás. En definitiva, si tu proyecto vital incluye la superación del sufrimiento y una dirección de avance hacia la coherencia contigo mismo y con los demás, no hay duda que debes incorporarla en tu vida.
¿Cómo incorporo la actitud lúdica en mi vida?
Para comenzar debes comprender que la actitud seria es lo mecánico. Es una actitud que siempre va a surgir por inercia, sin darte cuenta, porque la tenemos absolutamente incorporada. En cambio, la actitud lúdica es intencional, no puede forzarse, porque resulta falsa. Esto significa que tenemos que poner de nuestra parte para irla asumiendo paulatinamente.
Algunas propuestas:
Tomarse la vida como un juego.
Mucha gente piensa que la vida es un Gran Teatro en el que uno puede desempeñar diferentes papeles. Es una buena perspectiva para descreerse un poco de uno mismo y de los demás y quitarle carga a las situaciones que nos toca vivir.
Mirar el lado positivo de las cosas
Para salir de los círculos viciosos y los problemas sin salida lo mejor es intentar rescatar un aprendizaje que nos invite a no repetirlos a futuro. Positivizar tiene que ver con abrir posibilidades, con ampliar espacios de libertad, con atender a lo mejor de uno mismo y del otro. Es un ejercicio con la imaginación.
Sentido del humor
No se trata de ser un payaso. Hay quienes tienen muy buen sentido del humor y eso ayuda. Se trata de ir practicando el fair play, el tomarse la vida con un sentido deportivo, encajando bien los golpes. A veces, darle una vuelta a una situación, ponerle un poco de humor, ayuda a relajar tensiones y crear un ambiente más favorable.
Jugar
Relacionado con el primer punto. Si la vida es juego ¡Vamos a jugar! Se trata de ir tomándole la mano al gusto por jugar en cualquier circunstancia. Ir desarrollando las ganas de jugar y de divertirse.
Ejercicio:
c) Retoma la dificultad personal del ejercicio anterior y trata de observarla desde el punto de vista de la actitud lúdica. ¿Observas alguna diferencia? Toma nota.
El juego como herramienta de desarrollo personal
El juego puede servir de instrumento para nuestro progreso personal y para transformar situaciones en el mundo. El juego como herramienta de Autoconocimiento ayuda a descubrir aspectos de nuestro psiquismo. Con el juego también podemos mejorar nuestras aptitudes intelectuales, emocionales y motrices. El Psicodrama nos permite afrontar dificultades para integrar contenidos mentales y modificar conductas en el mundo. El juego estratégico nos facilita la planificación para llevar adelante nuestros proyectos y ponernos en situación de superar obstáculos y obtener resultados. Finalmente, jugando, podemos ir configurando un nuevo estilo de vida, sobre la base de la actitud lúdica, que nos vaya elevando a una frecuencia mental mucho más alta, hasta el plano de lo sagrado.
Ejercicios:
Juego: EL IMÁN Tipo de juego: Juego de comunicación Interés: Comunicación directa no-verbal. relación suelta entre los participes. desarrollo de la expresión Nro. de participes: Más de 2 Lugar: Aire libre o sala Materiales: Ninguno Dinámica: Se ubican de a dos. frente a frente; entonces la mano de uno se pone a 10 cm. aproximadamente de la cara del otro. e imaginan que la mano tiene cierto tipo de imán. Entonces, donde vaya la mano de uno, va la cara, y como consecuencia todo el cuerpo del otro. Y juegan libremente desplazándose, agachándose, enrrollándose… . Luego cambian el rol
Juego: LA CAJA MUSICAL Tipo de juego: Juego de atención Interés: Desarrollar la atención. Nro. de participes: Más de 5 Lugar: Aire libre o sala Materiales: Ninguno Dinámica: La clave del juego son las notas musicales: do, re, mi, fa, sol, la, si. El coordinador debe decir qué objeto meterá dentro de la caja musical: Por ejemplo un dominó. Es decir que cada objeto debe comenzar con una nota musical. Los otros jugadores van nombrando objetos para meter en la caja, y el coordinador, de acuerdo a la clave, les dirá si cabe o no cabe, hasta que cada uno vaya cayendo en cuenta de cual es la clave.
Acción filosófica: Frente al televisor apagado
Esta acción requiere una grana voluntad. Algunas personas refieren que no la soportan…
La televisión remite a un sinónimo de pasatiempo, de relajación, de perder un rato, de películas, de actividad inactiva… Hay estudios que han demostrado que se gasta más energía soñando que viendo la televisión. Puede inducir en nosotros un estado semicatatónico. Hemos asociado con la televisión una serie de acciones, reacciones y emociones. Ocupa un lugar preeminente en la casa.
A la televisión apagada se le denomina en inglés Black Mirror ¿Le suena como el nombre de una serie? Un espejo negro omnipresente que devora nuestra propia imagen mientras nos muestra las suyas. En la novela 1984 de George Orwell aparece otra expresión que ha hecho fortuna: Gran Hermano. En esta novela, en todas las habitaciones y recintos hay un televisor que no solo transmite imágenes, sino que las capta. Es decir, funciona como una cámara también. Con esas cámaras omnipresentes se puede controlar todo.
Nuestra actividad será más sencilla. Se trata de apagar la tele. Este gesto banal adquiere una gran trascendencia cuando se hace de manera consciente y premeditada.
Punto de partida: Observar el vacío
Punto de llegada: Imaginar
Sentado frente a la televisión apagada, le propongo que la mire. Quizá se vea en el reflejo de la pantalla. Continúe mirando la tele apagada. No preste atención a su reflejo.
Imagine alguna escena: pasea por el campo, va en el coche, habla con alguien, una escena de película, un recuerdo de hace tiempo. Desarrolle esa imaginación sin dejar de mirar la tele. Por ejemplo, siga el paseo por el campo, visualice por dónde va, detalle lo que ve, árboles, el paisaje, sus sensaciones, las personas con las que se cruza, el calor, el rumor del aire, saluda a alguien y comienza a hablar con él.
Deje que su imaginación se dispare, no intente poner freno. En el paseo llega un extraterrestre que busca setas. En su planeta las setas sirven como moneda valiosísima, diamantes, y si consigue varias se convertirá en el más rico de su planeta.
¿Se atrevería a escribir el resultado de esa imaginación? No tenga pretensiones literarias, solo escríbalo.
Si le divierte la actividad, hasta puede intentar un cuaderno de imaginaciones no televisivas, y vaya a saber cómo terminará…
La idea central de la actividad consiste en que a partir de un aparato que cercena la imaginación consigamos construir imaginación. Efectuamos con él una pequeña venganza con la que explorar las posibilidades más allá de la vida cotidiana, de la costumbre de sentarnos frente al televisor y aparcar nuestra capacidad crítica, imaginativa y razonadora. En este caso, vamos a utilizar todos esos recursos ante la falta de recursos del aparato apagado.
Esta es una de las 25 acciones filosóficas del Manual de Filosofía Práctica de José Manuel García González