Control del tiempo y de la energía

Para comprender en qué momento histórico nos encontramos, no se trata únicamente de la geopolítica de las grandes potencias, se trata también de tratar de captar la dinámica en el presente en la que interactúan factores de varios campos, con tiempos distintos.

Por Javier Belda – Instituto Humanista de Pronosticación Sistémica

 

DIRECCIÓN

El transhumanismo quiere atrapar los cielos por asalto

Ciertas élites mundiales están tratando de dar dirección a la humanidad. Cuando en foros como el de Davos –y otros a puerta cerrada– dicen que están velando por la humanidad no están mintiendo totalmente, y eso lo peor.

El Transhumanismo es frecuentemente presentado por los nuevos profetas como el salto evolutivo necesario, tanto es así que pretende ser la nueva religión que desplazará a la espiritualidad.

La propuesta, a pocas décadas vista, es alcanzar la felicidad plena ¡Alto! solo algunos de los pobladores terrestres, ya que serán diseñadas diferentes tipologías humanas.

Aquí tenemos un típico video que trata sobre las maravillas que nos esperan en el futuro:  . Longevidad, inmortalidad, nueva eugenesia, superinteligencia, supersoldados, fin del hambre y de las enfermedades, regeneración de órganos, bebés de diseño, colonización de otros planetas, upload de la conciencia…

Esta pretensión se inmiscuye en el terreno de la espiritualidad, cuyo fin último es «el control del tiempo y de la energía» (Silo, 1969).

El salto evolutivo no nos escandaliza, una civilización tecnológica como la que ha surgido en el Sistema Solar tendrá momentos futuros inimaginables hoy en día, visto su proceso acelerado.

Pero observemos el trasfondo, no sea que no haya nada de nuevo en todo este asunto del transhumanismo.

Esta doctrina se ha tratado de justificar intelectualmente a través de la concepción del superhombre de Nietzsche, pero omitiendo que el filósofo se refería a un nuevo ser humano esencial, no a una máquina. Ya el nazismo intentó justificarse en Nietzsche; tal vez se trate, nuevamente, de ese mismo nazismo resiliente.

 

ESPIRITUALIDAD

Machu Picchu Pueblo, Peru

La espiritualidad, como la energía, ni se crea ni se destruye

Cuando se habla de las cosas desde los tópicos, sin voluntad de estudio, se dice que Nietzsche, Newton, Einstein o Schrödinger eran ateos. Pero la realidad es que todos ellos anhelaban hallar un sentido y visualizaban un ser humano conectado con un propósito universal trascendente.

Newton estudió y desarrolló el legendario ocultismo hermético antes de estudiar la naturaleza de la luz, la óptica, el cálculo infinitesimal y la gravitación.

Algunos de los principios de la doctrina hermética eran: el pensamiento simbólico, el ser humano como nexo entre el microcosmos y el macrocosmos, el anima mundi, la teoría de las correspondencias entre niveles, la complementariedad de los contrarios, la meditación como técnica de ascesis y la vida como vía de transmutación personal.

En el libro de Walter Isaacson Einstein: his life and Universe aparece la cita:

«Intenta penetrar con nuestros limitados medios en los secretos de la naturaleza y encontrarás que, detrás de todas las leyes y conexiones discernibles, permanece algo sutil, intangible e inexplicable. La veneración de esta fuerza que supera todo lo que podemos comprender es mi religión. En ese sentido yo soy, de hecho, religioso.»

En cuanto a Nietzsche, este se refiere al hombre capaz de superarse a sí mismo y a su naturaleza a fin de alcanzar la libertad de su esencia. Para ello debe romper también con la forma mental dogmática de las tradiciones.

El «escepticismo griego» y la «epojé» de Husserl estaban diciendo: pon todo en cuestión, no partas de nada establecido, a partir de ese lugar trata de explorar el mundo que te rodea y el modo en que lo ves y lo estructuras. Trata de comprender con la mente despejada de toda idea preconcebida.

Ortega y Gasset observó que para hacer eso se requiere de valentía e hizo referencia al «pecho», como un punto donde se registra.

Ortega describe la falta de valor en el Epílogo sobre el alma desilusionada.

«…el alma supersticiosa es, en efecto, el can que busca un amo. Ya nadie recuerda siquiera los gestos nobles del orgullo, y el imperativo de libertad, que resonó durante centurias, no hallaría la menor comprensión. Al contrario, el hombre siente un increíble afán de servidumbre. Quiere servir ante todo: a otro hombre, a un emperador, a un brujo, a un ídolo. Cualquier cosa, antes que sentir el terror de afrontar en solitario, con el propio pecho, los embates de la existencia.»

¿No es correcto pensar que de existir una «realidad primordial», apartar el temor al vacío sería el punto de partida para poder captarla?

En lo que se refiere a la espiritualidad el tiempo es no-lineal. Se encuentran los mismos desarrollos y planteamientos en momentos muy alejados en el tiempo.

El budismo ha sido interpretado como una forma de ateísmo, precisamente porque parte de la «ataraxia». Es a partir de una mente suspendida en el vacío, que se puede avanzar, lo cual no es nada distinto al «gnosticismo» y a «la nube del no saber» de los Padres del desierto del cristianismo oriental.

Sin entrega y desprendimiento de la razón no hay revelación.

 

TRADICIÓN

Roma, Italia

El germen de las civilizaciones choca con lo establecido en las civilizaciones

La devoción mística no ha fijado su interés en polemizar con la herencia del conocimiento antiguo, sino en tratar de experimentar un contacto interior con lo esencial, apartando todo aquello que interfiera.

Se trataría de ir a la búsqueda de una experiencia y no de discutir interminablemente con el sistema de creencias establecido en cada época.

Evidentemente este punto es muy problemático en el mundo histórico social. El contacto con lo profundo no pasa desapercibido. Sin querer o queriendo se tocan cosas «sagradas», lo cual no suele estar bien visto.

Generaciones anteriores establecieron lo que es sagrado y debe ser protegido con celo, pero aquello que, en un primer momento, fue experiencia de contacto pura, luego se externalizó y quedó como un sistema formal equivalente una cáscara con dudoso fruto.

De otra parte, una experiencia de contacto, aunque intensa y pura, no garantiza una correcta traducción de la misma por parte del devoto, que una vez fuera de la experiencia está determinado por su paisaje temporal.

Es interesante observar cómo de algo tan nimio como la experiencia de contacto interior con lo profundo surgen civilizaciones milenarias.

 

DINÁMICA DEL TIEMPO HISTÓRICO

Conclusiones.

Un posicionamiento necesario en favor de la vida

Comprendemos como motor de la historia a las generaciones, en el sentido de lo expuesto por Ortega y Gasset . A partir de esta mirada se observa la problemática histórica. Es decir, se trata de un modo de observar, una ley que actúa sobre el proceso histórico.

«Ha habido generaciones que sintieron una suficiente homogeneidad entre lo recibido y lo propio. Entonces se vive en épocas cumulativas. Otras veces han sentido una profunda heterogeneidad entre ambos elementos, y sobrevinieron épocas eliminatorias y polémicas, generaciones de combate. En las primeras, los nuevos jóvenes, solidarizados con los viejos, se supeditan a ellos: en la política, en la ciencia, en las artes siguen dirigiendo los ancianos. Son tiempos de viejos. En las segundas, como no se trata de conservar y acumular, sino de arrumbar y sustituir, los viejos quedan barridos por los mozos. Son tiempos de jóvenes, edades de iniciación y beligerancia constructiva». (Ortega y Gasset 1983).

Siempre la generación instalada tenderá a querer preservar su estatus, mirando con nostalgia hacia un pasado que se desvanece en el recuerdo. La generación tiende a la extinción, no se reconoce en el presente y cada vez tiene menos control sobre el futuro.

Este desgaste es tan traumático que puede dar origen a una vía de violencia sistémica a fin de intentar controlar el tiempo por la fuerza, es decir perpetuarse intentando manipular y reprimir a lo emergente.

Sin embargo, resultaría simplista limitarnos a afirmar:  lo nuevo es lo bueno y lo viejo es malo.

En la dinámica generacional de las diferentes culturas se observa también un desgaste espiritual dispar.

En el Mundo Occidental, hoy vemos a una vieja generación instalada que quiere jugar a ser Dios, sin haber comprendido nada del proceso humano.

Estos moribundos van a mezclar cosas para disfrazarse de filántropos, van a hablar de un paraíso terrenal para unos pocos, el cual pasa por convertirse en un ciborg estúpido aunque con grandes habilidades.

Ellos dicen que son el futuro porque tienen recursos económicos para aparentar modernidad. Estos recursos han sido obtenidos de forma ilícita con un sistema de pensamiento y una metodología colonialista.

Estos globalistas no son el futuro, son el pasado, su concepción del mundo es el pasado. Para alimentar a un sistema de estafa y crimen organizado que llamaron Capitalismo se fundamentaron, sobre todo, en la industria de la guerra.

Rentabilizan todo: la guerra, la reconstrucción, la enfermedad, la salud… Mientras el futuro de la humanidad es postergado, atrapado en el colapso de las generaciones.

Poco importa que hayan instruido en sus centros de poder a un puñado de jóvenes privilegiados (que presiden empresas y países como obedientes servidores), su modelo es el viejo colonialismo.

En cambio, en el Mundo Oriental, así como en los pueblos originarios de América, las sociedades no están todavía tan desestructuradas, conservan algo que las sostiene, un sustrato que les aporta cierto equilibrio ético y moral.

Tratando de hallar a la espiritualidad no-lineal, observamos que lo nuevo está también latente en pasado (no importa si pasaron miles de años) y aparecerá en el futuro de algún modo hoy desconocido.

En el plano de la geopolítica el resultado del choque entre los dos mundos afecta a la supervivencia de la humanidad.

Se trata de civilizaciones no de siglas partidarias. Carece de sentido un no-posicionamiento equidistante. No hay nada nuevo –no hay verdadera reflexión– en corrientes políticas, filosóficas y espirituales que tratando de representar lo nuevo aspiran a inhibirse y aislarse del mundo.

«No hay partido ni movimiento en el planeta que pueda acabar con la violencia» (Silo 1969). Así, el posicionamiento existencial por la supervivencia –en el propio pecho– es un requerimiento del momento histórico.