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Dilthey y el descubrimiento de la vida

Una cosa es la idea que tenemos de las cosas y otra, muy diferente, es cómo vivimos las cosas. En rigor, nuestra forma de sentir en mundo (incluidos nosotros mismos) determina nuestra conducta independientemente de las ideas u opiniones que podamos tener acerca de las cosas. En términos generales es muy común que lo que pensamos y decimos vaya en dirección opuesta a lo que sentimos y hacemos. A esta contradicción se le denomina incoherencia y es muy común en todos los ámbitos de la vida humana.

 

Entonces, una cosa es la idea que tenemos de las cosas y otra el nivel de «internalización», de conciencia que tenemos respecto a esa idea. Por ejemplo, yo puedo pensar que mentir es malo y decirle a mi hija que diga la verdad y, sin embargo, ser un mentiroso, un mal ejemplo. Puesto en situación, mi idea de «no mentir» es superada por mis propias compulsiones que me arrastran a conductas que no deseo y me dejan sensación de malestar interno (sufrimiento mental).

La internalización de una idea es algo dinámico que tiene que ver con la comprensión de la misma. Comprender es internalizar, es decir, introducir la idea en uno mismo, viviéndola hasta el punto de incorporarla como realidad propia de la que no me hago cuestión. De este modo la idea, deja de ser idea para constituirse en lo que siento, aquello que determina mi conducta, y que, sólo con esfuerzo de autorreflexión crítica puedo reconocer.

Desde este punto de vista podemos afirmar que es a partir de Dilthey, en el siglo XIX, que comienza a internalizarse el concepto de «vida» y, particularmente, la dimensión histórica de la vida humana. La idea que el ser humano tiene historia hoy está bastante aceptada. Hablamos de «modas» para referirnos a tendencias acotadas en el tiempo. La frase «Fulano fue el resultado de su tiempo», o «la generación de la era digital», y otras por el estilo resultan más o menos comprensibles para cualquiera y todas ellas denotan esa idea de «dimensión histórica», que todo tiene una historia, un principio y un final.

Antes de Dilthey esto no era así. La visión del ser humano y de su historia estaba determinada por factores externos. El propio Dilthey tuvo que bregar con la concepción naturalista del mundo propia del romanticismo sin poder escapar totalmente de ella. La historia podía ser concebida como una secuencias de etapas encaminadas a la consecución de un fin último. O se podía considerar que el presente era lo determinado sin tener en cuenta cómo se había llegado hasta ese momento. O que la historia era una suma de errores hasta llegar a la «verdad» actual. Etcétera.

Concebir la vida desde una perspectiva naturalista, objetual, denota incoherencia y falta de comprensión del significado de estar vivo.Haz click para twittear

Dilthey introduce la idea de la vida como el lugar desde el que conceptualiza el mundo. Esto es una ruptura con lo anterior porque la vida resulta esencialmente indeterminada, es un misterio en sí misma, que no puede ser concebida ni estudiada según los modelos de las ciencias empíricas, es decir, en términos lineales de causa-efecto. De este modo, reclama para las ciencias del espíritu (ciencias sociales) una metodología basada en la comprensión, una hermenéutica que permita interpretar lo ajeno, al otro, desde la propia mismidad.

A partir de Dilthey ya no se puede concebir lo humano como algo estrictamente biológico o material. O mejor dicho, concebir la vida desde una perspectiva naturalista, objetual, denota incoherencia y falta de comprensión del significado de estar vivo.

Este pensador, que todavía hoy es considerado de segunda fila por no haber desarrollado una filosofía completa, tiene el mérito de haber iniciado una idea que fue desarrollando una línea de pensamiento hasta el día de hoy. Esta «idea de la vida» todavía está en proceso de internalización y, en la medida que se va instaurando en el sentir común (como aspiración a una vida mejor) pone en evidencia las enormes incoherencias en la sociedad actual.

En el libro que presentamos, traducido y prologado por Julián Marias, se puede comprender la propuesta y la importancia de Dilthey así como una aproximación a la tesis de cómo la imagen del ser humano, que opera en cada época, influye en la visión del mundo y el comportamiento de los pueblos. Esta imagen es dinámica, es rastreable históricamente y es fundamental para comprender el momento histórico que vivimos y su dirección futura.

Teoría de las concepciones del mundo

Dilthey expone en este libro su concepción histórica de la vida. El mundo deja de considerarse algo determinado y comienza a comprenderse que es una construcción del ser humano.

Leer el libro

dilthey-wilhelm-teoria-de-las-concepciones-del-mundo.pdf (42 descargas)