El enigma del tiempo: Fenomenología de la conciencia interna del tiempo

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San Agustín fue uno de los primeros pensadores en ocuparse del problema del tiempo afirmando que todos sabemos lo que es pues lo experimentamos cotidianamente pero cuando intentamos definirlo, apresarlo conceptualmente, se nos escapa completamente.

 

Podemos diferenciar entre un tiempo objetivo, el tiempo de reloj, y un tiempo vivencial, nuestra experiencia del devenir. Históricamente, el tiempo objetivo se ha asociado al espacio considerándose, ambos absolutos, es decir, entidades fijas en las que se constituye el mundo. Por ejemplo, Kant afirmaba que tiempo y espacio eran las condiciones a priori para que se organizase la experiencia interna y los fenómenos externos. La Teoría de la relatividad de Einstein modificó este estado de las cosas unificando el concepto espacio-tiempo y haciéndolo relativo al observador. Sabemos que si viajamos por el espacio a gran velocidad nuestro «tiempo de reloj» será más lento que en la Tierra. Actualmente, la física cuántica ha puesto en cuestión, nuevamente, la concepción del tiempo objetivo afirmando que, a nivel subatómico, no existen ni el tiempo ni el espacio.

De este modo el tiempo se nos sigue escurriendo de las manos. Pero hay que tener en cuenta, y por obvio se desatiende, que todas esas expresiones del tiempo se dan en un «tiempo» muy concreto, que es el tiempo vivencial. Detrás (y antes) de toda explicación acerca de lo que es el tiempo está la persona concreta que lo vive y decide afirmar esto o lo otro.

La Fenomenología es una corriente filosófica inaugurada por Husserl a principios del siglo XX que se esfuerza, precisamente, por la descripción de los fenómenos de conciencia, de nuestra vivencia de la realidad. Para ello es necesario intentar evitar lo que Husserl denomina «actitud natural» que es justamente todo aquello que nos lleva a dar explicaciones «objetivas» acerca de las cosas del mundo. En definitiva, toda teoría u opinión responde a consideraciones epocales, de creencias, intereses, etc. Husserl propone practicar la «epojé», que no significa negar esa realidad sino ponerla «entre paréntesis». Orientar nuestra atención hacia la vivencia del objeto (no al objeto en sí que hemos puesto entre paréntesis). Descubrimos entonces que hay una estructura acto-objeto que, siguiendo a su maestro Brentano, denomina «intencionalidad». Todo acto de conciencia es intencional porque necesita estar ligado a un objeto. No hay conciencia si no es «conciencia de». De este modo, en la epojé, desatendemos al objeto real, en este caso, el tiempo objetivo para convertir en «objeto» nuestra vivencia del mismo, es decir, lo que sería el «acto» de experimentar el transcurrir en «actitud natural». Es como «echar la mirada hacia atrás» y observar la «experiencia» de mirar (Husserl dirá «Fenómeno trascendental») o cualquier otro acto de conciencia (relativo a la percepción: escuchar, sentir, imaginar…)

El libro que presentamos fue publicado en 1928 a partir de una composición de manuscritos y lecciones que, el propio Husserl encargo a su asistente y doctora en filosofía Edith Stein y que pretende aclarar la estructura interna de la conciencia que capta el paso del tiempo. Se trata de una de las principales investigaciones fenomenológicas de Husserl y, después de esta brevísima introducción a la fenomenología, esperamos que suscite vuestro interés.

Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo

El enigma del tiempo y el misterio de la conciencia revelan aquí una sorprendente afinidad intrínseca, que admite, con todo, aclaración descriptiva, es decir, fenomenológica.

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