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El nuevo pensamiento vino del Este

Es sabido que la Historia la escriben los vencedores. En su carácter hegemónico, el pensamiento occidental impone su Relato que es aceptado como la verdad misma, como si las cosas fuesen objetivamente como se cuentan. De este modo, la historia está repleta de grandes figuras que han sido protagonistas de gestas o planteamientos que han sido pasados por alto, ninguneadas o, directamente tergiversadas porque no tenían encaje en el relato oficial y «objetivo» de los hechos.

 

La historia consagrada nos explica que el sistema comunista representado por la Unión Soviética fue un fracaso insostenible cuya caída dejó la vía abierta al único modelo factible que resultó triunfante: el capitalismo. En Occidente, Mijail Gorbachov es celebrado como el gran estadista que propició tal acontecimiento y cuya contribución a la paz fue premiada con el premio Nobel en 1990.

El vencedor siempre se considera mejor que el derrotado y esa es su ingenua justificación. Si el socialismo real fue vencido entonces el liberalismo económico es un modelo superior… y lejos de hacer una reflexión de algún calado se lanza con renovadas fuerzas en un neoliberalismo depredador ya sin oposición alguna.

Pero, si nos detenemos un minuto a pensar sobre este hecho histórico podemos observar que Gorbachov fue protagonista de un acontecimiento inaudito, probablemente único en la historia que es inconcebible que no haya sido estudiado y valorado en absoluto. Sin entrar en detalle es conocido el proceso de transformación que puso en marcha a través de la «perestroika» (reforma) y la «glasnost» (apertura) que pretendían reorientar el Socialismo en una dirección humanista.

Este intento de transformación, desde dentro, de las estructuras profundas de una potencia económica y militar que controlaba la mitad del mundo ya es digno de consideración y merece un pensamiento. Desde nuestro punto de vista, el comunismo soviético ya venía fracasado desde sus inicios pero, hay que tener en cuenta que, la concepción marxista en que se inspira ya era una respuesta que se presentaba contra el sistema capitalista que había fracasado mucho antes.

Si estamos ante dos sistemas sociales inoperativos, incapaces de resolver los problemas y necesidades del ser humano desde hace más de 100 años podemos determinar una diferencia elemental. El sistema soviético tuvo la dignidad de reconocer su fracaso e intentar un cambio de dirección. Esto fue posible porque el socialismo tiene una esencia humanista, es susceptible de humanización (como puede reconocerse en el «joven Marx») a diferencia del capitalismo cuya esencia es anithumanista y depredadora. Si el comunismo pudo hacer su intento, debemos comprender que para el capitalismo esto es imposible porque no es susceptible de humanización.

La victoria capitalista fue una mala noticia para la humanidad pues abrió el campo hacia el aumento de la violencia, las guerras y la injusticia en el mundo. Pero advertimos que el capitalismo es un sistema fracasado que nos arrastra en vertiginosa caída. Y esto nos lleva al segundo motivo de incredulidad ante unos hechos inauditos ingenuamente relatados.

Todo un poderosísimo sistema se cae. Se independizan países, se «derriba» el muro de Berlín, hay un golpe de Estado en el que el propio Gorbachov es secuestrado… ¡y no hay una sola víctima! Esto es algo alucinante y digno de tener en cuenta. Sin embargo nadie dice nada al respecto. Y eso es así porque detrás de Gorbachov había un nuevo pensamiento de base humanista y no violenta.

Pía Figueroa nos recuerda unas palabras de Gorbachov escritas en 1997 en relación a la afinidad del nuevo pensamiento y el humanismo universalista de Silo: «Las coincidencias en la historia no son algo frecuente, pero se las encuentra. En algunos casos como resultado de la casualidad, en otros como un reflejo de legitimidad. La coincidencia a la cual nos referimos aquí no solamente es legítima, sino en cierto modo también notable.

Se trata de que, aproximadamente en un mismo tiempo, alrededor de los años 80, surgieron dos tendencias del pensamiento y la práctica, se podría decir, dos fenómenos filosófico-políticos: el Movimiento Humanista y el Nuevo Pensamiento.» afirmando que, probablemente, en el campo en el que convergieron mayormente ambas tendencias fue en el del desarme, la paz y la conciencia no violenta.

La última vez que coincidieron Gorbachov y Silo (fallecido en 2010) fue en 2009 con motivo de la presentación de la Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia en el Summit de Nóbeles de la Paz celebrado en Berlín. En su alocución Silo alertó del aumento de la violencia en sus distintas formas y la necesidad de que se instale en la sociedad una idea y una sensibilidad de repulsa profunda y asco moral ante la monstruosidad de todo acto violento. «Por nuestra parte, haremos todos los esfuerzos necesarios para instalar en el medio social la vigencia de los temas de la Paz y la No Violencia y es claro que el tiempo llegará, para que se susciten reacciones individuales y también masivas. Ese será el momento de un cambio radical en nuestro mundo.»