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El proceso humano y la libertad de elección

La conciencia humana es muy joven. ¿Qué son 2 o 3 millones de años en la historia de la vida en este planeta?

Silo, 1991

 

Imagínense aquellos momentos, una especie bastante mal equipada para defenderse de las agresiones de su entorno, un Cromagnon vagabundo en quien un día se manifiesta por primera vez un fenómeno no propio del mundo natural. Un fenómeno no propio de su naturaleza.

Un chispazo de reversibilidad que lo impacta y que no comprendió.

Tuvo que pasar bastante tiempo para que este fenómeno pudiera manifestarse nuevamente, tal vez 200 o 300 años más tarde, en algún descendiente.

Luego ese fenómeno se hizo más frecuente y empezaron a producirse en su cerebro primitivo una aceleración de estímulos y nuevas conexiones.

Captó en el fondo de esa conciencia en penumbras algo que no comprendió, captó una intención lejana, y la proyectó fuera de sí, sobre ese mundo natural que lo rodeaba y no comprendía.

Así dotó de intención al rayo, al río, a la lluvia…

Comenzó a agruparse con otros para defenderse mejor y poder satisfacer sus básicas necesidades.

Tal vez un día, en una zona cálida, vio una rama caer y cómo al chocar con otra se producía un extraño fenómeno: el fuego. Primero aprendió a conservarlo y luego a producirlo.

Pudo en un mundo que se le presentaba diverso y polifacético empezar a realizar las primeras abstracciones, comenzando así a sustraerse de la dictadura de lo natural. Comenzó a desarrollar esa capacidad de abstracción que sería la base de todo su desarrollo.

Testimonio de ésto, lo tenemos en las pinturas rupestres, que han sido encontradas en las cuevas, donde intentó plasmar ese extraño fenómeno no manifestado en ningún otro ser viviente.

Abstracciones manifestadas en los primeros símbolos. Si un ser extraterrestre hubiera pasado por allí en ese momento habría comprendido que el proceso se había disparado.

Luego vino el lenguaje oral que lo alejó de los primitivos gritos guturales propios de otras especies.

Después pudo externalizar también otra forma de comunicación y comenzó la escritura que trascendía el tiempo vital individual.

A partir de allí esa conciencia primitiva fue creciendo y emergiendo de las tinieblas impuestas por el mundo natural, en un proceso que al principio fue lento y que cada vez se aceleró más y más.

Su conciencia iba poniendo orden a ese mundo natural, creyendo descubrir las leyes que regían ese extraño universo al que se sentía arrojado.

Un chispazo de comprensión, otro y otro. Fue creciendo y abarcando todo con su conciencia, y cuando sus sentidos le quedaron estrechos inventó instrumentos para multiplicar los alcances de esa limitada prótesis natural que era su cuerpo.

Y así como en un salto hasta llegar a Hegel, cúspide de un momento histórico, máximo exponente de ese pensamiento, de esa abstracción que lo llevó a creer que lo natural tenía leyes, tenía sentido, tenía finalidad y que él se acercaba a su comprensión.

Lo que no comprendió es que era su intención proyectada afuera lo que daba coherencia a ese mundo caótico.

Hoy ese mundo hegeliano también murió y empiezan a operar las tendencias reales de la historia y no la idea de la historia.

Hoy está crujiendo el edificio del pensar humano, de un modo de pensar de un mundo que se fue. Estamos frente al principio de la historia humana.

Muchas veces se ha pasado por encrucijadas históricas similares que afectaron a un pueblo o a una civilización. Hoy por el avance de las comunicaciones y la mundialización creciente, es toda la especie simultáneamente la que se encuentra en este punto.

De un modo no muy claro siempre se ha estado luchando por superar lo natural, los condicionamientos, el dolor y el sufrimiento.

Hoy ya se está dirigiendo la mirada hacia ese instrumento limitado que es el propio cuerpo, con la intención de romper la última atadura que impone lo natural.

Hay una clara intención de despliegue de la conciencia a partir de ese homínida casi ridículo en un proceso que habla a través de cada una de esas células que son los individuos. La conciencia no es de él, es parte de un proceso humano. A pesar de él va a seguir trabajando por más que él mismo se ponga una censurita. Ni la autocensura puede con la conciencia.

Con avances, retrocesos, líos, la conciencia humana avanza. No es azar, es un proceso bien acotado, con una intencionalidad clara, con una dirección, con una fuerza que nada podrá detener.

No es el fin de la historia, es el fin de la prehistoria y el comienzo de la historia humana.

LA LIBERTAD DE ELECCION

No existe libertad en el acto humano aislado. Puesto en situación no hay elección posible. La elección está en la puesta o no en situación.

Tomemos un ejemplo conocido. Alguien está con su bote a orillas de un río torrentoso. Allí tiene posibilidad de optar: se mete en el río o no se mete. Si se mete al río ya no hay elección, tendrá que dar respuestas situacionales y no podrá optar hasta que llegue a un recodo, allí nuevamente podrá elegir: sigue en el río o no.

La libertad no está en cada acto humano, porque allí actúan factores y determinaciones que lo condicionan.

La elección ocurre cuando el sentido de la vida va para un lado o para otro y ésto son pocas veces.

Uno no puede hacer actos conscientes motivado por compulsiones. Si se piensa mecánicamente, no se pueden producir actos no mecánicos. Hay que subir de nivel para poder elegir entre una cosa y otra.

En los recodos se decide. Seguimos en el río o tomamos el recodo. Ahí se puede decidir. Es ese el momento que habilita para una vuelta sobre sí. Ese momento es el hoy desde el que se avanza hacia el futuro.

Racionalmente, puedo planificar una acción, por ejemplo un asesinato; pero lo más importante que es de dónde viene, en qué se basa, su dirección, puede ser totalmente irracional, motivada por el desquite, por ejemplo.

A los efectos de los procesos históricos la libertad se expresa de otro modo. Ciertos momentos históricos son aptos para que la gente pueda optar, pero no entre paisajes no queridos ni elegidos por ellos, sino optar libremente.

Las sociedades, los pueblos, los individuos, van montados en su hoy, pero a veces recuerdan y prevén y, en momentos, pueden cambiar de dirección en una suerte de reflexión sobre el proceso histórico.

Hay momentos históricos que habilitan y otros que no.

En este momento se está abriendo la tapa del baúl, aunque todavía no está totalmente abierto.

En otros momentos es imposible “ver” porque se está con lentes ahumados que sólo dejan pasar determinados colores y otros no. Esos otros, sencillamente no se ven, no existen. Recordemos para ejemplificar, que hace no tanto tiempo, era una verdad aceptada, que nada más pesado que el aire podía volar. No veían los albatros.

Este es un momento de cambio, cuando los pueblos se convierten a un destino humano.

Si somos el momento histórico, no hay forma de pararlo. Ya pondrán todas las tablitas que necesitemos para poder pasar el puente. Claro que tendremos que hacer nuestra parte: como mínimo tener piernas.