¿Es posible la inmortalidad?

Recientemente, los medios de comunicación se han hecho eco de las predicciones de Ray Kurzweil, exingeniero de Google, que anuncia que en los próximos 9 años, el ser humano estará en condiciones de ser inmortal. Pese a lo que pueda parecer se trata de una premonición sustentada por datos técnicos por una persona que acierta en el 86% de sus predicciones. Es relativamente plausible creer que el avance tecnológico posibilite un mundo que alcance una “singularidad” que impacte en la evolución humana. La cuestión es que el hecho de que exista la posibilidad de algo no significa que vaya a ocurrir si no media un cambio mental que se abra a esa posibilidad.

 

Traemos a colación los apuntes de una conversación con Silo titulada Consecuencias de la revolución tecnológica  que, en 1989, reflexionaba sobre este tema y ahora resultan muy pertinentes.

La desaparición del tiempo como límite sería para nuestra conciencia un salto cualitativo tan importante, como lo fue la oposición del pulgar en los primates.Haz click para twittear

 

Hay cuatro cuestiones que, como intuiciones, han operado en lo profundo de la conciencia humana, desde siempre. Las cuatro están relacionadas entre sí y referidas a lo mismo, aunque se presenten como formulaciones diferentes.

1.- Existe un Orden (lo que supone un sentido previo, un responsable, un creador, etc.).

2.- Los humanos somos una especie rara, única.

3.- Esta todo vacío, no hay nada.

4.- La muerte es algo absurdo.

A partir de estas intuiciones, se han originado dioses, religiones, filosofías, etc. Esta situación se ha mantenido a lo largo de miles de años, sin embargo, hoy parece estar a punto de cambiar, debido al avance tecnológico.

En efecto, las posibilidades abiertas a la investigación en general, y en particular la exploración del espacio y los progresos de las comunicaciones, han hecho que tales formulaciones comenzaran a desplazarse del campo de la intuición, al de la percepción y la comprobación: ondas radiales, rayos láser, satélites de todo tipo, etc., produjeron y producen información que corroborará las intuiciones mencionadas.

En todo lo que se va recorriendo o reconociendo, se descubren leyes (“alguien se está divirtiendo con todo ésto”); en toda la Vía Láctea – o sea, al menos en esta galaxia, no se sabe en otras – somos una especie única y rara: las enormes distancias temporoespaciales, las que separan un planeta de otro, hablan del enorme vacío, de la nada en la que estamos suspendidos; y todo ello refuerza la impresión respecto del absurdo de la muerte.

Al mismo tiempo, la comunicación en el planeta permite la circulación de estos datos entre todos los humanos, de modo que es factible suponer a corto plazo (máximo 20 años) la concreción de una experiencia sin precedentes: la caída en cuenta conjunta de toda la especie respecto de ésto, y ello podría traer aparejado una toma de decisión sobre la dirección en que se orienta la vida humana.

Lo que hay en juego es muy importante: ya existen los medios – están resueltos científicamente – para prolongar la vida humana de modo indefinido.

Los principales aspectos involucrados son: alimentación (se estaría en condiciones de proveer todo el alimento que fuera necesario para cualquier número de gente); población (podría poblarse el espacio, el vacío); salud (aparte de lo que quedaría resuelto sólo por una alimentación y organización de vida adecuadas, se cuenta además con significativos avances en el campo de la biogenética – clones, transplantes, etc.).

La concreción de ésto requiere poner todos los recursos que cuenta la especie al servicio de éste objetivo (y no al de los que plantea el sistema: armamentismo, guerra, etc.). O sea, se requiere que el sistema cambie.

¿Qué pasa si uno imagina que va a vivir o años? (para no asustar con la palabra “Inmortal”). De inmediato “todo” se modifica. Esto es porque el tiempo (y la infinitud) es el condicionamiento más importante de nuestra vida. La desaparición del tiempo como límite sería para nuestra conciencia un salto cualitativo tan importante, como lo fue la oposición del pulgar en los primates. Nuevas funciones generaron nuevas conexiones nerviosas, modificación del sistema en general y, en síntesis, otra especie.

La decisión de si eso va a ocurrir o no, se tomará en algún momento de los próximos 20 años. Tal como están las cosas (consolidación del sistema y creencia en la muerte) no parece que vaya elegirse la opción de prolongar la vida humana indefinidamente. De hecho, la información sobre la existencia de esta posibilidad no es secreta, los datos circulan, pero nadie está dispuesto a creerlo. Los ciudadanos que pagan impuestos salen a manifestar para conseguir reivindicaciones en el marco del sistema, pero no lo hacen para exigir que se investigue y se prolongue su vida o la de sus hijos. (*) Los únicos que apostamos a favor de la vida y el salto cualitativo somos nosotros. Si no estamos influyendo en lugares claves en el momento de tomar esa decisión – (transformar el sistema y ponerlo al servicio de la prolongación de la vida) – tal cosa no se producirá.

 

 

 


(*) NOTA DEL COPISTA: Que exista conocimiento científico necesario para producir determinado avance no significa que tal cosa vaya a ocurrir necesariamente si no se cumplen condiciones en el medio social que la hagan posible. En el siglo V a.C. los griegos ya habían descubierto la Máquina a Vapor (se encontraron los planos y las explicaciones correspondientes). Sin embargo, no se produjo ni se usó. Algunos comentaristas sostienen que, debido a que su orden social incluía la esclavitud, la Máquina a Vapor no sólo no era necesaria para ellos, sino que su incorporación habría sido riesgosa para la forma de vida y organización de tenían diseñada.