Greenberg, el expresionismo abstracto y la CIA
Una reflexión sobre la relación entre el expresionismo abstracto estadounidense y el contexto político de la Guerra Fría.
Por Prado Gómez
La relación entre Greenberg, el expresionismo abstracto y la CIA, no se refiere a que este organismo haya creado directamente el movimiento artístico, sino a una relación histórica documentada entre el arte y las estrategias culturales estadounidenses. Como explica Frances Stonor Saunders (Londres, 14 de abril de 1966-31 de agosto de 2026), historiadora y periodista en su libro, La CIA y la guerra fría cultural, durante la Guerra Fría la CIA desarrolló una estrategia de influencia cultural destinada a contrarrestar el comunismo y a presentar Occidente como un espacio de libertad intelectual y artística.
En este contexto, el expresionismo abstracto adquirió una dimensión política internacional. Su defensa de la experimentación, la individualidad y la libertad formal podía representar una alternativa a la estética oficial del realismo socialista soviético.
La CIA no necesitaba crear un movimiento artístico, sino aprovechar una corriente que ya existía y cuya defensa de la libertad individual podía convertirse en una herramienta de prestigio cultural frente al bloque soviético. No se trata de negar el valor artístico del expresionismo abstracto, sino de comprender las circunstancias que contribuyeron a su reconocimiento internacional.
La figura de Clement Greenberg resulta especialmente significativa, fue uno de los críticos que más contribuyeron a legitimar el expresionismo abstracto y a situar a artistas como Jackson Pollock en el centro del debate artístico. Además, los archivos del Smithsonian documentan su incorporación, en diciembre de 1950, al American Committee for Cultural Freedom, vinculado a la red cultural anticomunista de la CIA.
También me parece interesante recordar que este reconocimiento no dependió únicamente de los artistas y de la crítica. Galerías y museos desempeñaron un papel importante. Peggy Guggenheim, por ejemplo, apoyó a artistas como Pollock y Rothko a través de su galería Art of This Century. El MoMA, por su parte, contribuyó a difundir internacionalmente el arte moderno estadounidense.
Esta relación entre cultura y política tampoco se limitó a las artes plásticas. Otro ejemplo es la adaptación cinematográfica de Rebelión en la granja, de George Orwell, financiada encubiertamente por la CIA. La película de animación de 1954 modificó aspectos del desenlace de la novela, reforzando su utilización como instrumento de propaganda anticomunista.
Por todo ello, considero que el caso del expresionismo abstracto demuestra, que el arte, una vez más, nunca está completamente aislado de la política y de las circunstancias históricas. Una corriente artística puede tener una identidad y unos valores estéticos propios y, al mismo tiempo, ser utilizada por las instituciones y el poder político para transmitir determinados mensajes.
¿Hasta qué punto el prestigio de una obra depende de sus cualidades artísticas y hasta qué punto depende también de los críticos, las galerías, los museos y las instituciones que la legitiman? Aunque una obra no tenga una intención política, su difusión y reconocimiento dependen muchas veces de museos, galerías, instituciones y poderes económicos. Quizá los mecanismos hayan cambiado, pero sigue vigente la misma pregunta: ¿quién decide qué arte merece ser reconocido y qué intereses hay detrás de ese reconocimiento?
La CIA y la guerra fría cultural,
Frances Stonor Saunders
Capitulo 16
Garabatos yanquis (Yanqui Dookles)
«Cuando vemos… cuánto se ha elevado el nivel del arte americano en los últimos cinco años, con el surgimiento de nuevos talentos llenos de energía y satisfacción como Arshile Gorky, Jackson Pollock, David Smith… se nos impone la conclusión, para nuestra propia sorpresa, de que las premisas fundamentales del arte occidental por fin han emigrado a los Estados Unidos, a la vez que el centro de gravedad de la producción industrial y del poder político»6. Los Estados Unidos, en otras palabras, ya no era el lugar del que los artistas «tenían que escapar, para madurar en Europa»7. Jason Epstein, comentando esta afirmación, pero no estando de acuerdo con ella, dijo: «Estados Unidos —y especialmente Nueva York— se han convertido en el centro del mundo, política y económicamente y, por supuesto, también se han convertido en el centro cultural. ¿Qué podría hacer una gran potencia sin un rute apropiado? No se puede ser una gran potencia si no se tiene un arte que vaya con ese estatus, como Venecia sin un Tintoretto o Florencia sin un Giotto»8. La idea de que el expresionismo abstracto podía llegar a ser un vehículo de las nuevas responsabilidades imperiales, comenzó a tomar cuerpo. Pero su surgimiento, en una época de tanto odio político y moral representaba para sus futuros promotores un importante dilema.
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6 Clement Greenberg, «The Decline of Cubism», Partisan Review, marzo de 1948. 7 Robert Hughes, American Visions: The Epic History of Art in America, Knopf, Nueva York, 1997. 8 Jasen Epstein, entrevista, Nueva York, junio de 1994
“En un famoso artículo, titulado «Vanguardia y kitsch», Clement Greenberg, el crítico de arte que más hizo por promover al expresionismo abstracto, estableció la racionalidad ideológica para poder aceptar la protección de un mecenas ilustrado. Publicado en Partisan Review, en 1939, el artículo aún no ha sido superado en cuanto a su fe en el elitismo y en el concepto antimarxista de la modernidad. La vanguardia, escribió Greenberg, había sido «abandonada por aquellos a los que en realidad pertenece —nuestra clase dirigente—». En Europa, tradicionalmente, el apoyo venía «de la elite de las clases dirigentes… de las cuales [la vanguardia] suponía ser independiente, pero a las cuales siempre siguió vinculada por el cordón umbilical del oro»15. En los Estados Unidos, decía, ha de prevalecer el mismo mecanismo. Aquí encontramos la profunda relación que existía entre el expresionismo abstracto y la guerra fría cultural. Acorde con este principio funcionaba la CIA, junto con sus capitalistas privados”.
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15 Clement Greenberg, «Avant-Garde and Kitsch», Partisan Review, otoño, 1939
Recomiendo miréis sobretodo el enlace de la exposición en el Guggenheim.