La necesidad de construir una actitud personal frente a la barbarie

Nos encontramos en un momento convulso de la historia en el que a diario quedamos impactados por noticias desgarradoras imposibles de integrar, lo cual está creando una gran inestabilidad en muchas personas. Ese es el mundo que nos toca vivir.

Por Javier Belda –

 

Un ejemplo de ello es la última masacre de este fin de semana. Hemos podido ver las imágenes de la escabechina en la escuela Al-Fakhoura, donde muchas personas se encontraban refugiadas, huyendo de los bombardeos de Israel.

Circula en los medios y redes sociales el video donde se muestran los numerosos cadáveres de personas de todas las edades distribuidos por las diversas estancias de la escuela. Algunas fuentes periodísticas narraron como llegó el ejército sionista y fue ametrallando a todas las personas, aula por aula, en el edificio de varias plantas.

Otras informaciones apuntan a que ésta y otras escuelas fueron bombardeadas, como parte de los operativos de Israel en la Franja de Gaza.

Sea como fuere, se trata de una masacre más, a sumar a una lista diaria e interminable sobre el pueblo indefenso de Palestina y otros países vecinos.

La escuela pertenecía a la Agencia para los Refugiados Palestinos en Oriente Próximo (UNRWA), la cual es dirigida por la ONU.

Esta escuela era, hasta ahora, un precario oasis al que poder asomarse entre las noticias –en el lugar más infernal del mundo– y registrar un poco de paz, viendo a los niños jugando en el patio, ajenos a tanta desgracia.

Este tipo de noticias producen una fuerte conmoción en quienes las recibimos. Los que estamos lejos de eso también quedamos en shock.

¡Detengámonos en este punto! ¿Qué es lo que hace que no seamos indiferentes al dolor y el sufrimiento de los demás seres?

Como vemos, no se trata de una cuestión que se resuelva mentalmente, sino algo que nos pasa con mayor o menor intensidad según la tendencia personal a empatizar mucho o poco. No es algo voluntario.

Pasado un tiempo después del shock –entonces sí– comenzamos a tomar decisiones.

Una postura, por la cual optan la mayoría de las personas, es desconectar. Para aquellos que han experimentado un impacto emocional no resulta una postura demasiado satisfactoria, ya que se dan cuenta de que tienen la capacidad de sentir la humanidad, más allá de su individualidad y de su voluntad. Se trata por lo tanto de una postura contradictoria.

Evidentemente los hay que no experimentan nada, pero no vamos a perder palabras aquí en hablar de muebles o bicicletas o máquinas de casino… Es decir, seres hipnotizados y convertidos en cosas.

Otra postura es conectar. Poco importa el matiz de si conectar excesivamente o conectar moderadamente, porque sería como atravesar un pantano, con un traje blanco y pretender mancharse solo un poco.

Para aquellos que conectan la cuestión es: ¿qué hacer a partir de ahí?, ¿angustiarte todos los días, culpar a quienes no estén angustiados, resentirte con toda la humanidad…?

Existe una alternativa a eso. Según tus herramientas podrás hacer más o menos, pero el caso es comprender que tú eres la humanidad, no solo que formas parte de ella. Si existe algo trascendente en ti, es justamente eso.

Toda esta vida en el planeta está impulsada por una energía vital que no es neutra, sino que tiene atributos comunes para todos. De ahí surge la idea de belleza, la idea de compasión, o la idea de bondad

Los humanos se reconocen en eso cualitativamente, aunque muchos estén exánimes (sin alma). Pero también hay mucho construido en el pasado, un gran legado de intenciones humanas de paz y de renovación vital.

El pensador humanista Silo preguntaba «¿Sirve acaso a la vida la derrota anticipada del escéptico?».

Hoy el nuevo mundo se expresa por voz de los que no se rinden y no cesan en su empeño.

En palabras de Serguéi Lavrov, «Occidente ha tomado decisiones por el resto del mundo durante más de 500 años. Esta época está llegando a su fin. Después de un tiempo, para sustituir este sistema, llegará la multipolaridad que ya ha comenzado a formarse».

¡Qué no sea esto una excusa para relajarnos con simples palabras, sino para reconocernos en los nuestros y sumarnos con fuerza a la tarea de construir el Nuevo Mundo!

El Humanismo Universalista dice: «Entre las aspiraciones humanistas y las realidades del mundo de hoy, se ha levantado un muro. Ha llegado pues, el momento de derribarlo. Para ello es necesaria la unión de todos los humanistas del mundo».

Con una mirada común no-exánime nos reencontramos, cada cual aporta lo que puede, los recursos y habilidades que posee, pero lo más importante es que sabemos que somos la humanidad sufriendo, comprendiéndose y reaccionando. No individuos aislados.