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Luis Vives y el humanismo social

Juan Luis Vives, nacido en Valencia en 1492, fue uno de los grandes precursores humanistas del Renacimiento. Su ascendencia judía le obligó a abandonar España por temor a acabar como su madre condenada a muerte por la Inquisición por practicar el judaísmo. A pesar de haber muerto antes de ser dictada, la sentencia fue cumplida irremisiblemente: Sus restos fueron desenterrados y quemados por su condición de judía.

 

Los humanistas históricos se caracterizaron por elaborar una nueva imagen del ser humano y del mundo como respuesta creativa a la visión oscurantista medieval. El canto a la dignidad del hombre de Pico della Mirándola representa una cúspide de esa nueva visión que nos presenta a un ser humano «escultor de sí mismo» esencialmente indeterminado, libre para hacerse a su propia imagen.

Pero, los humanistas, no vivían en un contexto secular ni eran antirreligiosos. Erasmo, por ejemplo, planteaba la necesidad de recuperar los valores del cristianismo primitivo como punto de partida para construir un nuevo tipo de sociedad cristiana. Esta suerte de «comunismo cristiano» necesariamente chocaba con los valores vigentes y con el modelo social imperante. Los humanistas denuncian la contradicción de la Iglesia Católica que traiciona a su propio dogma en aras de sus intereses espurios e indignos.

En este sentido, Vives demuestra una enorme sensibilidad ante la cantidad de personas que vivían en la pobreza y la marginación. Nuestro humanista no pierde la perspectiva cristiana pero no puede dejar de denunciar cómo la Iglesia ha tergiversado el mandato evangélico de «caridad» para convertirlo en fuente de control social, beneficio económico y generador de conflicto e inmoralidad. En su libro Tratado sobre el socorro de los pobres señala que la Iglesia promueve un estado de mendicidad perpetuo que reduce la condición del ser humano a una vida de dolor y sufrimiento que fácilmente podría mitigar aprovechando su enorme riqueza.

La injusticia no es un 'fenómeno natural' sino un problema que responde a intenciones humanas (intereses) que son susceptibles de ser modificadas.Haz click para twittear

Pero la propuesta más interesante e innovadora, a nuestros efectos, es el desarrollo de una teoría de la caridad (preludio de lo que serán las «políticas sociales») que desvincula la gestión de la pobreza de las instituciones religiosas. Para lograr la «armonía social» era menester que las instituciones cívicas se hicieran cargo de los pobres. Una idea revolucionaria (y muy actual) es que la solución al problema de la pobreza no podía depender de la caridad privada sino que se traba de una cuestión social que requería el establecimiento de un programa político institucional.

Dicho programa comenzaba con una definición y clasificación de «pobre» que incluye a enfermos, vagabundos, ancianos, huérfanos y, en general, todos aquellos que carecen de medios suficientes de subsistencia. Una vez censados, las instituciones deben detectar a los «falsos pobres» y a los susceptibles de resultar provechosos socialmente y distinguirlos de los inválidos que requieren especial cuidado. Se trata de poner en marcha acciones de reinserción educativas con el objetivo de recuperar para la sociedad a los caídos en las garras de la esclavitud mendicante cristiana.

Otro factor al que otorga enorme importancia es al de la educación de huérfanos y pobres, que debe estar a cargo de profesores de cuidada sensibilidad, como una oportunidad para los niños de escapar de la cárcel de la pobreza. Hay que tener en cuenta que todavía, dos siglos más tarde, Kant, el padre de la Ilustración, ponía en duda que los huérfanos tuvieran si quiera derecho a la vida.

En resumen, Luis Vives es el precursor de un humanismo social que plantea la necesidad de una redistribución de la riqueza y la construcción de un mundo más justo. Su pensamiento tendrá continuidad en las corrientes socialistas que cuestionarán los estragos que produce el capitalismo posesivo individualista al que tratarán de contrarrestar en lo que hoy conocemos como Estado del Bienestar o la política de contención social.

La época de Vives estaba todavía fundamentada en la creencia en Dios y era la Iglesia la gran interesada en el uso de la pobreza como mecanismo de control de la gente y como estructura de enriquecimiento institucionalizado. Todavía hoy, hay adalides del neoliberalismo como Milton Friedman que han apelado a la caridad cristiana privada como único mecanismo de gestión de la pobreza y están en contra de cualquier tipo de intervención pública al respecto.

Nuestra época se fundamenta en la creencia en un dios secular: el Dinero y hoy, a los nuevos humanistas les toca denunciar cómo el pensamiento oscurantista se infiltra en las llamadas políticas sociales en forma de mercantilismo. Hoy son las instituciones públicas las gestoras de la pobreza y, como antaño, tampoco parecen tener demasiado interés en erradicarla. Podríamos conectar con mucho de lo señalado por Vives y comprobarlo en nuestro mundo contemporáneo: La gestión de la pobreza como forma de control social, los mecanismos de prestación social que encadenan a las personas a determinados tipos de vida indigna, en gran negocio que se encubre tras la «solidaridad» en forma de oenegés, sindicatos, burocracia de las ayudas sociales, etc., el problema de la educación y la falta de oportunidades…

Y todo esto para justificar la incongruencia de un Sistema en que se concentra la riqueza de forma incomensurable. De hecho, si requisáramos el 99,9 % al 0,1 % de la población más rica, ésta continuaría en un alto nivel de riqueza. En términos redistributivos no haría falta llegar a tanto pues con mucho menos se podrían resolver fácilmente todos las necesidades alimentarias, sanitarias, participativas y de vida digna para la totalidad de la población mundial.

Hoy se plantea el mismo problema que enfrentó Vives en un plano superior, por así decir. La existencia de la injusticia social, el problema de la pobreza, responde al interés de las fuerzas oscurantistas para las que su erradicación es verdadera cuestión de pervivencia.

Luis Vives cuestionó un sistema de creencias que consideraba la pobreza un mal necesario, un fenómeno natural imposible de erradicar. Esta concepción de la pobreza sigue operando hoy día en la medida que aumenta la injusticia distributiva entre pobres y ricos. Es necesario revertir este estado de cosas humanizando el mundo, comprendiendo que la injusticia no es un «fenómeno natural» sino un problema que responde a intenciones humanas (intereses) que son susceptibles de ser modificadas.