El Renacimiento y la recuperación del pensamiento utópico

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Hay momentos históricos que son cambios de época. Periodos, que pueden durar varios siglos, en los que se desmorona la estructura social vigente a la vez que emerge el nuevo mundo que superará lo anterior. El Renacimiento de los siglos XIV al XVI es un ejemplo arquetípico.

 

La larga Edad Media había llegado a su final. Muchos, en el seno de la Escolástica y la propia estructura eclesiástica abogaban por un cambio. La visión de un Dios omnipotente ordenador del mundo en una escala jerárquica donde el ser humano era un miserable pecador obligado a sufrir en este valle de lágrimas para ganarse la trascendencia celestial tenía cada vez menos adeptos.

En un contexto de crisis social, de confrontación, luchas de poder, guerras… los renacentistas enfrentaron a un sistema social decadente pero sumamente reaccionario. El Renacimiento es mucho más que un movimiento artístico y cultural. Los humanistas partían de una nueva concepción del ser humano que ponía en valor su dignidad, su creatividad y su libertad para autodeterminarse. Renegaban de la metafísica escolástica por ser un retorcido intento de justificar un orden social insostenible. La filosofía humanista comienza por ser filología porque tenía que desmantelar la manipulación teológica medieval.

La teología cristiana había hecho uso de la filosofía clásica en aras de su propia elaboración. Los humanistas vuelven a los textos originarios de Platón o Aristóteles para demostrar cómo los escolásticos los habían tergiversado. Leonardo Bruni tradujo del griego a Aristóteles llegando a afirmar que las traducciones medievales eran tan malas que no tenían que ver con lo que había escrito el «verdadero» Aristóteles. Lorenzo Valla descubre que el documento de donación del Imperio romano a la Iglesia, por parte de Constantino, es inconsistente y falso. Y, Erasmo, con igual espíritu depurador, estudia los textos sagrados para rescatar al cristianismo original de vida en comunidad, paz, amor, justicia y caridad.

La filosofía del humanismo histórico no es metafísica sino filosofía práctica. Los filósofos humanistas no harán complejas cavilaciones para explicar la estructura total del mundo y la existencia sino que se preocuparán por el ser humano concreto y su desarrollo en sociedad. Evidentemente, las fuerzas del oscurantismo contraatacaron persiguiendo y acusando a los renacentistas. Un caso emblemático fue el juicio y ejecución en la hoguera de Giordano Bruno por defender que la Tierra gira alrededor del Sol y el Universo es infinito.

Un género que también resurge en el Renacimiento es el de la utopía. Tomás Moro es su principal impulsor y es quien establece el que será formato clásico que consiste en criticar la sociedad actual para, acto seguido, proponer la alternativa ideal característica del pensamiento utópico. En todo caso, en Utopía se plasma la idea moderna de que es posible una organización social planificada racionalmente.

Hay que tener en cuenta que este género literario se da en el marco del reciente descubrimiento de América. Para los renacentistas el Nuevo Mundo supuso una ampliación del horizonte espacial abierto a enormes posibilidades pues no estaba «contaminado» con las excrecencias del Viejo Mundo. Para Montaigne, los «salvajes bárbaros» somos los europeos que vamos a llevar nuestra «incivilización» a los civilizados nativos americanos. El oscurantismo se encargó de invertir los términos para poder legitimar su violencia y las teorías evolucionistas lo acabaron formulando científicamente: «los nativos son salvajes en una etapa inferior de barbarie que deben ser civilizados por nosotros que estamos en una etapa evolutiva superior».

Utopía es un libro inspirado en la ironía socrática en un tono sumamente burlesco y critico con la época que le tocó vivir. El nombre «Utopía» significa «en ninguna parte» y es una isla fundada por Utopo abastecida por un río llamado Anhidro («sin agua») y un gobernador llamado Ademo («sin pueblo»). Como contraposición a la época que estaba viviendo, Moro, vislumbra las consecuencias de un capitalismo incipiente y advierte sobre los peligros adheridos a la hipostasiación de la propiedad privada y la acumulación de riqueza.

Se trata de una interesante lectura que nos conecta con aspiraciones profundas con total vigencia en el mundo actual ¿Será que estamos viviendo un «nuevo Renacimiento»? Podemos pensar que, análogamente, hoy también se está cayendo un Sistema social y las fuerzas del oscurantismo se reavivan con fuerza en su desesperación por no sucumbir. Estamos en una época de cambios muy acelerados y, por primera vez en la historia, de alcance mundial. Algo nuevo está naciendo y el pensamiento utópico puede ayudar a configurarlo. La utopía nos abre el futuro porque va más allá de la simple crítica del presente aplicando la imaginación a orientar nuestras acciones en una dirección más posibilitaria que el pesimismo nihilista del sinsentido.

 

Tomás Moro: Utopía

La mejor forma de comunidad política y la nueva isla de Utopía. Librito de oro, tan saludable como festivo, compuesto por el muy ilustre Tomás Moro ciudadano y sheriff de la muy noble ciudad de Londres.

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