Mi vida es yo y mi circunstancia

Publicado en: Raciovitalismo 0

Cuando existe «duda», decíamos, existe absolutamente: yo que dudo y lo dudoso, y esa distancia entre mi y ello. Yo dudo, es decir, 1º), yo encuentro que no existo yo solo, sino que, 2.), mi existir consiste ahora en dudar de todo, y 3º), esto que llamo «todo» no es más que el conjunto de mis opiniones, las cuales opinan sobre muchas cosas, incluso sobre mi. Dejemos ahora, a un lado aquella porción de mi dudar que se refiere a mí, ya que ella no es sino un trozo entre los innumerables que constituyen mi duda universal.

Por Ortega y Gasset – ¿Qué es conocimiento?

Yo dudo de mi opinión, según la cual esta habitación que me rodea consiste en una realidad material independiente de mi pensamiento. Pero esto quiere decir –dicho grosso modo pero no obstante con todo el rigor adecuado, ni más ni menos, a las necesidades presentes- que de lo que dudo es de la definición filosófica que puedo con seguridad dar de lo que me rodea; en suma, mi dudar ahora consiste en no encontrar suficientemente firme o verdadera ninguna teoría.

Si yo no hiciese teoría, si yo no teorizase, yo no dudaría en esta forma. Mi existir como dubitante no es, pues, más que una acción, o momento parcial, de un existir mío más amplio, de mi existir como teorizante. Mi duda sobre todo implica, pues, mi no duda sobre que yo teorizo, porque sólo en función de esto tiene sentido mi dudar. Pero teorizar es algo que yo hago por algo. Si yo fuese sólo teorizante no sería ni teorizante. Teorizo porque yo soy algo más amplio y previo al teorizar, algo de lo cual se origina mi hacer teorético y en el cual este hacer se motiva y tiene sentido. Teorizar es producir una cierta cosa: la verdad conceptual o conocimiento rigoroso. Por tanto, yo soy un ente que posee la función de conceptuar, o inteligencia “sensu stricto”. Que la poseo es un hecho absoluto que mi duda implica, que la hace posible. Yo que dudo soy, sin duda o absolutamente, un ser inteligente que emplea o pone en actividad su inteligencia porque lo necesita.

La inteligencia, por sí, ni puede ni necesita ser empleada: o, lo que es igual, es una actividad o dote que no puede existir aislada. Es menester que el yo o ente de quien es dote esté constituido por algo previo a la inteligencia, y que ese algo previo a la inteligencia y al teorizar mueva estas facultades, les dé motivo y materia, las haga entender algo y para algo.

Y, en efecto, yo teorizo porque antes que inteligente soy un ente cuyo ser o existir consiste en hallarse rodeado de otras cosas –minerales, animales y personas- que existen, a su vez, tan absolutamente como yo. El existir de mi yo no es un existir aparte de ese contorno o circunstancia sino, por el contrario, es un existir junto con todo eso. Mi existir ahora es estar aquí, entre estos muebles, rodeado de esta habitación, leyendo bajo esta luz –que no es cómoda- frente a ustedes cuya opinión me importa, quiera yo o no, porque mi existir depende, más o menos, de ella. Si ustedes piensan hoy que yo soy imbecil mi existir será distinto que si piensan que no soy un imbécil, sino un hombre cuya obra tiene sentido y seriedad. Mi existir –repito- no es un existir aparte, sino un existir junto con esta habitación y ustedes. Pero este junto no expresa bien este absoluto elemento de la absoluta realidad que es mi relación con la habitación y con ustedes. No es que yo exista y ustedes también, con un existir al lado yo de ustedes y ustedes de mi. Sino que en mi existir son ustedes ingredientes, que mi existir depende sustantivamente de ustedes, que mi existencia está esencialmente trabada con la de ustedes, en suma que mi existir es desde luego, en su «sustancia» misma un actuoso y funcional coexistir con lo que no soy yo.

Pero viceversa: el existir de esta luz y de esta habitación y de ustedes no consiste en estar todo ello ahí, aparte de mí, sino que consiste exclusivamente en lo que ustedes y la luz, etc., son en mi existir o para mí. Que ésta sea una luz poco cómoda, que esté ahí, que esté encendida y a tal justa distancia de mí, todo ello se debe a que yo quiero ver estas cuartillas para leerlas. En función de esta voluntad mía y de este propósito mío –para leer a ustedes- existe esa luz ahí que tiene esa carácter de no cómoda. Viceversa, si ustedes existen, como ahora y aquí, y su existencia consiste ahora en oir, y no existen ustedes ahora en un cabaret, es porque yo les he llamado, yo que soy fulano de tal, con tales y cuales condiciones y atributos de existencia individualísima. Bien entendido, la existencia absoluta de ustedes es la que ustedes tienen para mí –y ésta es la parte de razón que tiene el idealismo-; mas ese mí que soy yo, a su vez, existe para mi también y sólo para mí, pero esa su existencia consiste en depender, en parte de ustedes, y, por tanto, en no existir para mi más ni menos que ustedes –y esta es la parte de razón que tiene el realismo.

La existencia absoluta de la duda, actividad teorética, supone, pues, o complica la existencia absoluta de una realidad que denomino «coexistencia actuante de mi o de yo con la circunstancia o mundo». Yo soy el que tiene que existir aquí con ustedes, y ustedes y aquí son aquello con quien yo, Fulano de Tal, ente individualísimo, único, tengo que coexistir. A este coexistir llamo «mi vida».

La circunstancia o mundo está, pues, constituido exclusivamente por la estricta correspondencia o lo que yo, Fulano de Tal, sea.

Fíjense en la extraña condición con que desde luego se nos presenta esa absoluta realidad que es Mi Vida.

Yo soy quien existe, por lo pronto, pero ese mi existir y, por tanto, yo, consiste en coexistir con lo otro, con el mundo. En otros términos; yo soy el que vive pero vivir en sostenerme, preexistir en el mundo. Mi vida, pues, depende de lo que sea el mundo. Pero ese mundo no es una entidad aparte de mi vida, y, por tanto, de mi que soy el viviente, sino que es formal y exclusivamente «aquello con quien yo coexisto»; por tanto, su consistencia, su ser, su perfil ontológico depende de quien sea el que vive en él. Si yo soy ciego el mundo es absolutamente otra cosa que si soy avizor. Si yo soy artista, distinta de si soy economista. Si soy un negro, distinta de si soy un español.. Si soy Ortega distinta de si soy X. ¿No es estos un círculo vicioso? Mi vida será según sea el mundo en que vivo: el mundo es según sea yo que vivo en él. Aunque fuera definitivamente un círculo vicioso tendría que cometerlo, y reconocerlo como la pura verdad. Pero el término «mi vida» empieza a rendirnos sus buenos servicios.

Yo no tengo un ser, no existo aparte de mi vida; el mundo tampoco. Por tanto, ambos son sólo componentes abstractos de la realidad radical que es «mi vida».

Ese componente abstracto de «mi vida» que soy yo, considerado abstractamente es, por ejemplo, un filósofo. El mundo de «mi vida» será el conjunto de facilidades y dificultades, aspectos y caracteres que «lo que no soy yo» ofrece a quien, como yo, necesita existir como filósofo. «Mi vida» es posible que resulte mínimamente filosófica. Yo podía haber nacido en una tribu del Congo. En suma, yo no soy Mi Vida, sino solo un elemento de ella.

Yo, considerado abstractamente, soy un filósofo pero, claro está, soy aun dentro de la misma consideración abstracta muchas cosas más; por ejemplo, soy un hombre. Y a mi ser-Hombre responde el otro elemento abstracto de mi vida, el mundo o circunstancia constituyéndose con ciertos caracteres. A fuer de hombre me encuentro adscrito a un cuerpo de varón con el cual tengo inmediatamente que coexistir y que me impone el repertorio de sus instintos, de sus facultades somáticas, excelentes unas, defectuosas otras, de su temperamento clínico, sus enfermedades, etc. Yo no soy mi enfermedad, sino que ésta es un carácter absoluto del mundo con el que me encuentro, y con quien tengo que contar para existir. El concepto patológico o médico de la enfermedad es la definición teorética de una realidad absoluta, cuyo concepto primordial tiene que dar la metafísica.

Siendo Mi Vida la realidad absoluta el elemento de ella que llamo contorno, circunstancia o mundo estará, pues, constituido originalmente no por lo que luego, y bajo una óptica ya parcial, secundaria y relativa (no absoluta) llamaremos cosas, sino por estas tres categorías o modos fundamentales del mundo: forzosidades, facilidades y dificultades. Como mi vida es existir yo coexistiendo con lo otro, ese otro se compondrá de lo que no tengo más remedio que hacer, o con lo que por fuerza tengo que contar para existir, por tanto: «lo forzoso» y «lo que facilita mi existir» y «lo que lo dificulta».

Baste esto, por ahora, como vaga entrevisión del aspecto que el yo y el mundo presentan cuando se trata de pensar lo que son como absolutos elementos de la absoluta realidad que es Mi Vida.

Tiene ésta, pues, dos dimensiones esenciales que consisten en encontrar dificultades y facilidades. Por tanto la vida –el existir- es fácil, pero también, la vida –el existir- es difícil. Pocas cosas nos aclararán mejor la esencia de la vida como la construcción hipotética de lo que sería la vida si fuese sólo fácil y lo que sería si fuese sólo difícil. Esas dos contrucciones –ya se verá también la importancia radical que tiene nuestra capacidad de construir o razón pura- al oponerse nos descubrirán, nos harán ver y concebir ya sin construcción, lo que la vida real es, a saber, a un tiempo: forzosa, fácil y difícil.

Pero ahora voy sólo a esto: entre las dificultades que encuentro algunas nacen de que mi psique forma ideas opiniones sobre las cosas, es decir, que se encuentra con un mundo constituido no sólo por absolutas realidades, sino también por ideas sobre esas realidades. Se encuentra, por ejemplo, con una enfermedad, con un dolor de muelas, con el mar, con el frío, con el calor, con la necesidad de alimentarse, con los otros hombres individuales y en colectividad; pero también se encuentra con una idea sobre lo que es la enfermedad y el dolor físico, con otra idea sobre lo que es el elemento líquido marino, la nutrición, el prójimo, la sociedad… Ahora bien, estas ideas u opiniones son constitutivamente nuevas dificultades, porque son constitutivamente problemáticas. Tengo que vivir o existir con mis ideas, sostenido en ellas, y ellas no son firmes, sólidas, seguras; pierdo pie en ellas, dudo.

Vida es, en una de sus dimensiones constituyentes, duda sobre sí misma, es decir, duda sobre las ideas que tiene de sí misma o lo que es igual, vivir es también, teorizar, dudar y esforzarse en superar la duda y es, por tanto, últimamente, radical dudar y radical teorizar, o sea, filosofar.

(Aquí podíamos repetir cuanto dijimos preambularmente sobre el propósito filosófico que entonces parecía vago o arbitrario y ahora reaparece íntegro teniendo un carácter ya de determinación interna a la filosofía misma y como una dimensión de la realidad absoluta que es mi vida.)

Mi vida, repito, es yo y mi circunstancia, con quien existo coexistiendo. Como mi circunstancia está en parte, al menos, constituida por dificultades mi existir es difícil. Ahora bien, para un yo que es fatalmente inteligente, es decir, uno de cuyos modos de existir es entender y pensar, la circunstancia difícil se convierte en una nueva clase de dificultad, a saber: la dificultad originaria y real se convierte además en problema, o dificultad intelectual. Quiera o no tengo que resolver el problema intelectual que me plantea mi circunstancia –esto es, la cultura teorética-, tengo que reabsorber en teoría mi circunstancia, mi vida.

No vivo porque pienso –como quiere el idealismo- sino pienso porque más radicalmente que pensar vivo, y mi vivir moviliza mi pensar y me obliga a pensar sobre mi vida.

¿Qué es conocimiento?

Serie de cinco artículos publicados en El Sol en 1931.

Leer el libro

QUÉ-ES-CONOCIMIENTO.pdf (2802 descargas )

image_pdfDescarga en PDFimage_printImprime el texto

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.