Luce López-Baralt: “Se puede ser agnóstico y tener una experiencia mística”

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El místico descubre algo que es abismalmente sencillo, pero que, sin embargo, suena muy dramático. En ese momento en que aborda el conocimiento infinito desde otro plano de conciencia, descubre de súbito que “¡Yo buscaba a Dios afuera (a Dios o al Amor, o como lo queramos llamar) y resulta que todo el tiempo estaba dentro de mí!”. Todos tenemos esa Belleza y ese Amor sin límites dentro, pero al místico le llega un momento en que se le abre una metafórica ventana y se da cuenta de ello.

 

Por Luis Fernández Mosquera

La puertorriqueña Luce López-Baralt ha sido profesora e investigadora en diferentes universidades americanas, como las de Harvard, Yale, Brown, México y Buenos Aires, y en otras de Europa y Asia, pero prefirió quedarse en la Universidad de Puerto Rico y contribuir así al desarrollo de su país natal. Ha estudiado la influencia de las religiones orientales en la historia y la cultura españolas y, concretamente, en la obra de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Ha escrito más de treinta libros sobre literatura española y árabe, literatura aljamiado-morisca, misticismo y literatura hispanoamericana. Hablamos con ella en su viaje reciente a España para ser investida doctora honoris causa por la Universidad Complutense de Madrid.

Empezamos por el principio: haciéndole una pregunta esencial, porque quién mejor que ella para responderla.

La primera pregunta es obvia: ¿qué es la mística o el misticismo?
La más obvia es la más difícil de todas, pues esa definición está muy disputada. Etimológicamente, “místico” proviene de la voz griega mystikos, asociada con los misterios iniciáticos y con lo secreto. Deriva del verbo myo, que significa la acción de cerrar la boca y los ojos. Esto quiere decir que el místico en el fondo es una persona ensimismada, introspectiva: un enmudecido. Ese es el sentido que tuvo el término en sus orígenes; luego ha tenido muchas más acepciones y matices… No sé si en España también, pero en Hispanoamérica la voz “místico” aplica a muchas cosas. Si alguien es remilgoso para comer, se dice “Fulano es un místico con la comida”, o “Fulano es muy delicado, es un místico”.

De manera que el término místico es elástico, pero el sentido estricto en que lo utilizamos desde el punto de vista filológico se relaciona con una persona que tiene una experiencia trascendente al margen de los sentidos, de la razón, del espacio-tiempo y del lenguaje. Y es una experiencia que dura segundos o medio segundo, pero la persona pasa a percibir una realidad que lo trasciende: el Todo, Dios, la Realidad con mayúsculas, o como lo queramos llamar. Es una experiencia de inmersión en el todo, en la cual el místico conoce cuál es la urdimbre del amor que sostiene el universo. Esta vivencia, en términos humanos, se mide en poquísimo tiempo, pero el místico siente que ha ingresado en el no-tiempo, en la eternidad.

“El término ‘místico’, desde el punto de vista filológico, se relaciona con una persona que tiene una experiencia trascendente al margen de los sentidos, de la razón, del espacio-tiempo y del lenguaje”Haz click para twittear

Se suele de hablar de una experiencia abisal. ¿Qué significa este adjetivo?
Estás usando un término de San Juan de la Cruz, que lo emplea en vez de abismal. Quiere decir que la persona ha llegado al abismo, al límite profundo de las experiencias de las que el ser humano es capaz. Él dice abisal con mucha más dulzura, pero se refiere a la experiencia avasallante de algo que te supera, que no puedes medir con las coordenadas limitadas del tiempo y del espacio.

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Usted lo explica como que el místico deja de ser…
El místico deja de ser él tal como se conoce a sí mismo dentro de estas coordenadas temporales, espaciales, de la razón y del lenguaje, en las cuales estamos inmersos, y pasa a percibirse dentro de otro tipo de realidad. Y lo que percibe en esa otra realidad es imposible de comunicar a través del lenguaje humano, por lo que el místico siempre lucha contra el lenguaje. Sabe que está derrotado ab initio, desde el principio, porque ha vivido una experiencia imposible de comunicar. Yo siempre cito un verso de José Ángel Valente que me gusta mucho sobre la experiencia mística: “El místico se debate entre la imposibilidad de decir y la imposibilidad de no decir”. ¿Por qué? Porque a pesar de que es una experiencia intransferible, es tan avasallante que el místico siente que lo desborda, y que la tiene que comunicar. De ahí que la poesía sea un medio muy bueno en este intento de sugerirla, porque es ambivalente. Muchas veces el místico se expresa a través de dislates, como sucede en el caso de San Juan o de Ibn Arabi, o simplemente mediante exclamaciones que no tienen un sentido racional específico. El lenguaje colapsa ante una experiencia que lo trasciende del todo.

¿Cómo hace el místico entonces para comunicar su experiencia mediante el lenguaje? ¿Cuál es el resultado?
El resultado es que el místico va a transmitirte una experiencia distinta de la que él sintió, pues lo vivido queda al margen del lenguaje. Lo que sucede es que al místico se le detona el instinto artístico, ya que en la mayoría de los casos se siente impelido de decir su experiencia. No es que la vaya a comunicar, porque eso es imposible, pero va a comunicar al menos su estado de estupefacción, de asombro, de sentirse completamente avasallado ante eso que le pasó. Pero nunca lo va a poder dar a entender, como diría San Juan,distintamente, de una manera precisa. Apunta Henri Bergson, por su parte, que se trata de una experiencia que no es mensurable. Por eso, en general, el lenguaje místico suele ser poético: se expresa en verso o en prosa poética. A veces puede ser también a través de la pintura, escultura, música… Hay muchas expresiones, incluso arquitectónicas, pero en todas ellas el místico solo puede sugerir que ha atravesado un estado de conciencia distinto.

 

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