La filosofía de “El Capital” de Marx

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A pesar de que el libro que publicamos en el web se aleja un poco de la línea editorial de este portal, nos ha parecido interesante la reflexión ortodoxa que extrae del pensamiento marxiano a partir de un texto que muchos ni siquiera consideran filosófico sino, más bien, una especie de tratado de economía como es Das Kapital. Esa era nuestra opinión, máxime cuando nosotros simpatizamos más con el “joven” Marx, del que puede derivarse un marxismo de tipo humanista.

 

El texto que presentamos corresponde a la tesis doctoral de Felipe Martínez Marzoa elaborada a principios de los años ochenta. Esta obra se enmarca en el contexto de recuperación de la figura de Karl Marx como filósofo clásico. Poco antes, el estructuralista francés Louis Althusser había denunciado que a Marx se lo encuadra como un pensador en el ámbito de un proyecto histórico y político ligado al materialismo dialéctico o histórico y no como a un filósofo clásico en sí mismo, como pudiera ser Nietszche, Freud o Kant.

Nuestro autor critica el poco rigor filológico de los estudiosos y seguidores de Marx que se han fundamentado en textos secundarios como prólogos, o de encargo como El Manifiesto Comunista, o, directamente, en autores ajenos como Engels, para decretar los postulados del marxismo. Para Marzoa, la verdadera filosofía de Marx se encuentra en la última obra que escribió, que no es otra que la revisión de la segunda edición de Das Kapital publicada en Alemania de la cual se propone hacer una investigación sincrónica, es decir, derivando todo el pensamiento marxiano a partir de su teoría económica que considera una filosofía completa, cerrada en si misma, sin necesidad de condiciones históricas de desarrollo.

Marx se enfoca en el análisis crítico del modo de producción capitalista a partir de la exposición detallada de la Teoría del valor realizada en El Capital. El desarrollo de esta teoría será, de este modo, la filosofía fundamental de Marx y la tesis que defiende Marzoa en su libro, siguiendo la senda heideggeriana que diferencia la pregunta por el “ser” u ontológica, de lo ente material o reflexión óntica. Por lo tanto, si el elemento primordial del sistema capitalista es la mercancía entonces, de su reflexión ontológica deduciremos el valor de uso, el valor de cambio y, finalmente, el valor de trabajo abstracto como elemento clave del que se derivará la plusvalía y la explotación al trabajador.

La sociedad sobre la que investiga Marx es la burguesía capitalista de los siglos XVIII-XIX caracterizada por la enorme abundancia de mercancías. Por lo tanto, todo el planteamiento filosófico marxiano debe derivarse de la premisa anterior ceñida al tipo de sociedad en la que se inserta. Para Marx la mercancía es el ente fundamental, de manera que, su reflexión ontológica deberá ser un estudio sobre el capitalismo que es el modo de producción en que aparece tal noción de ser.

Este desarrollo del conjunto de la filosofía marxiana a partir de la noción de mercancía le permite contrastar algunos tópicos del marxismo hechos desde perspectivas diacrónicas, es decir, de carácter histórico social. Por ejemplo, que la Teoría del valor derivada de la mercancía es propia del capitalismo burgués siendo que no se puede hablar con propiedad de sociedades pre-capitalistas. Esto es así porque tal noción de ser de la mercancía sólo puede constituirse en el marco de calculabililidad del pensamiento cientifico-matemático moderno. De esta manera, la burguesía ha producido la revolución capitalista generando un modo de producción, el capitalismo, que es esencialmente revolucionario.

La anterior afirmación puede resultar extravagante pues descalifica el movimiento anticapitalista derivado del pensamiento marxista. Marx defiende la república democrática de derecho del estado moderno. Lo que critica es el modo de producción que funciona de manera ciega porque no se le aplican los principios de democracia y justicia característicos de este tipo de sociedad. Esto es así porque la clase prevalente es la burguesa, una clase “en sí” que se apropia de la plusvalía, la diferencia del valor del trabajo humano abstracto que el trabajador consume (substantivada en el salario) y el beneficio que genera, que es la base de la explotación capitalista. Ahora bien, la plusvalía puede ser absoluta cuando depende del trabajo físico manual, o relativa cuando se hace más eficiente gracias a la implementación tecnológica. Pues bien, paradójicamente, es mayor la explotación y la alienación del trabajador especialista, bien remunerado, que la del esforzado obrero manufacturador cuyo nivel productivo es claramente más bajo.

Por todo ello, es necesario que la masa de trabajadores se constituya en una clase social “para sí”, esto es, en el proletariado, que mediante su acceso al poder esclarezca el funcionamiento de la Teoría del valor iluminándola con los estamentos de la democracia y la justicia. Es decir, lo que Marx está planteando en Das Kapital no es una sustitución del capitalismo por otro modo de producción sino que el sistema capitalista deje de funcionar bajo el fundamento de una “ley ciega” y sea un capitalismo consciente de su propia dinámica interna en la medida que el trabajador pueda co-participar en la producción de manera democrática y justa.

El concepto de revolución, como hemos visto, se imbrica en el seno de la sociedad capitalista en la medida que se instaura la dictadura del proletariado resultando ésta una noción muy alejada de la presentación leninista-stalinista que derivó en una dictadura del partido sobre el pueblo. El término “dictadura” es equívoco pues, en nuestro caso, hace referencia al proceso de autoconstitución del proletariado como clase revolucionaria que se “autodicta” para ser parte principal del engranaje del sistema. El proletariado no es un concepto sociológico sino un proyecto político en el que el socialismo resulta una solución a la contradicción del sistema capitalista. El socialismo es una paideia en la medida que “humaniza” o ilumina el modo de producción moderno permitiendo su funcionamiento de modo racional, no obnubilado como hasta ahora.

Marx no está en contra del racionalismo científico y la transformación democrática de la realidad. La revolución socialista es avance tecnológico más soviets, es decir, un pueblo organizado sin facciones mediadoras (partido) que se beneficia, en conjunto, del progreso técnico y social. La alternativa a esto es la barbarie, como decía Rosa de Luxemburgo: “socialismo o barbarie” pero es ésta una revolución un tanto conservadora, en el sentido que no cuestiona de fondo el carácter “revolucionario” de la sociedad moderna. Precisamente, en discusión con Bakunin, uno de los fundadores anarquistas, se plantea este punto. Los anarquistas ponen en cuestión el modelo de Estado democrático de derecho liberal postulando la necesidad de transformarlo desde ya. Marx, por el contrario, defiende el carácter necesario y evolutivo del capitalismo como puente hacia una futura sociedad comunista sin clases sociales en la que se pueda implementar la idea de “a cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades”.

 

La Filosofía de “El Capital”

Felipe Martínez Marzoa hace un análisis sincrónico de la filosofía contenida en El Capital de Marx. Una brillante exposición de un marxismo ortodoxo que nos permite repensar algunos tópicos como la revolución, la explotación, la ideología o la dictadura del proletariado.

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