“I believe in Spinoza’s God who reveals himself in the orderly harmony of what exists, not in a God who concerns himself with fates and actions of human beings.” respondía Einstein interpelado por un rabino de la Sinagoga de Nueva York en abril de 1924.

Unos años más tarde observamos la innegable influencia de Spinoza en Deleuze, uno de los grandes pensadores del mundo contemporáneo, que afirma:
La paradoja de Spinoza consiste […] en que, siendo el filósofo de los filósofos, en cierto modo el más puro, es al mismo tiempo el que más se dirige a los no filósofos y quien más intensamente solicita una comprensión no filosófica. Por ello, estrictamente todo el mundo puede leer a Spinoza y extraer de su lectura emociones enormes o renovar completamente su percepción, aunque comprenda mal los conceptos spinozistas.
¿Qué hace a Baruch Spinoza tan actual? ¿Por qué este renovado interés por el pensamiento del “filósofo judío”? Para mejor comprender a nuestro filósofo es menester situarlo mínimamente en su contexto histórico porque sabemos que todo pensamiento siempre es situado. Spinoza estuvo, necesariamente, determinado por su tiempo pero, a la vez se sintió impulsado a superarlo.
La crisis del XVII en el contexto del cambio de paradigma: relación de fuerzas en pugna
Podríamos definir grosso modo el siglo en que vive Spinoza como el final, o la conclusión, de un proceso de cambio, de transición entre dos grandes paradigmas o formas de ver y sentir el mundo. Este proceso se empieza a evidenciar ya en la Baja Edad Media, incluso antes del siglo XIV, cuando la Escolástica comienza a debilitar el concepto de Dios (en la medida en que lo conduce a la Razón, lo “filosofa”), y alcanza su máxima confrontación con el programa renacentista de los siglos XV y XVI. En el Renacimiento se intentaba armonizar la idea de Dios y de la Razón dentro de una relación holística entre Ser Humano y la Naturaleza. Esta pugna del paradigma teocéntrico medieval contra el paradigma antropocéntrico humanista del Renacimiento implicaba concepciones diametralmente opuestas en torno a la estructura y la organización de la sociedad, es decir, en torno a quien ostenta el mando: el poder clerical o el poder civil, y venía acompañada de enormes connotaciones teoréticas y prácticas en la vida de los pueblos. Una crisis en toda regla y a todos los niveles.
El fracaso del programa renacentista culmina en el advenimiento de la Edad Moderna que, en el siglo XVII, desde nuestra perspectiva histórica, representa el inicio de un antropocentrismo, es decir, de una concepción del mundo fundamentada en el hombre (no en Dios) pero despojada del humanismo holístico renacentista, es decir, de su conexión orgánica con la Naturaleza. Resultado: Un Racionalismo fuerte representado por los tres grandes filósofos del siglo XVII, o sea, Descartes, Spinoza y Leibniz.
Pero todo esto no es nada lineal. Hay, por lo menos, tres grandes fuerzas operando en este siglo: 1.- Los racionalistas modernos (que incluyen a filósofos pero también a políticos, revolucionarios, inventores, artistas, etcétera) adalides de un antropos descarnado (porque al final, el fundamento del mundo es el varón blanco, occidental, europeo y propietario); 2.- Las fuerzas oscurantistas adaptadas a los nuevos tiempos (tras la Reforma y la Contrarreforma) y bien situadas en sus casilleros del poder y; 3.- Las fuerzas oscurantistas reaccionarias defensoras del Antiguo Régimen más beligerantes que nunca en razón del estertor de su propia decadencia. De esta manera, el siglo previo al clasicismo de la Ilustración vino acompañado de terribles guerras de religión y de una inusitada actividad de la Inquisición perseguidora y aniquiladora de toda propuesta que se alejara de su ortodoxia. En ese contexto viene a nacer Spinoza en 1632 cuya intensa biografía demuestra que no acabó de encajar bien con las peculiares tensiones del momento que le tocó vivir.
Deus sive Natura: Monismo vs Dualismo
Evidentemente, Spinoza es racionalista. No puede no serlo. Su pensamiento se embrica en los presupuestos (prejuicios) de su época que se resumen en tres: 1.- El conocimiento de las causas; 2.- El modelo matemático (o geométrico) y el procedimiento deductivo (método científico) y; 3.- Una plena confianza en la Razón. La claridad del conocimiento matemático y el rigor del procedimiento deductivo se convierten en lugar común de la época; los Elementos de Euclides se consideran como el ideal de demostración científica. Y es sobre la base de ese ideal que Spinoza elabora su obra magna. La Ética demostrada al modo geométrico es un compendio riguroso que deriva desde el estricto método deductivo definiciones, axiomas, demostraciones, escolios… en una estructura lógica y cerrada sumamente coherente.
No es casual, por lo tanto, que la primera definición de la Ética verse sobre la causalidad: “Por causa de sí entiendo aquello cuya esencia implica la existencia, o, lo que es lo mismo, aquello cuya naturaleza sólo puede concebirse como existente”. Esta noción de causa sui es una preparación para la definición de Dios como “un ser absolutamente infinito” Dios es definido por Spinoza como una substancia infinita incausada, es decir, que como “lo que es en sí y se concibe por sí”. Tenemos una descripción de Dios como substancia existente absolutamente, es decir, como una totalidad. El término “Dios” es filosófico. Podría sustituirse por “Naturaleza”, por “Substancia infinita”, por “Realidad” y no cambiaría nada del sistema spinozista.
En relación a esto, se ha interpretado a Spinoza como panteísta en el sentido de que otorga una identidad a Dios con el mundo en tanto inmanencia. Parece que el término pan-teísmo no es totalmente apropiado pues contiene un halo de religiosidad en la medida que sugiere, de algún modo, que Dios está en la Naturaleza. Spinoza es radicalmente monista cuando dice que Dios es la Naturaleza y eso lo enfrenta directamente al dualismo cartesiano. A partir de su duda metódica Descartes deduce que hay dos substancias, la res cogitans y la res extensa y concluye que como éstas son imperfectas, necesariamente, hay un ser perfecto que sólo puede ser substancia infinita o Dios. A Spinoza, que comparte la definición de substancia con Descartes, todo esto le parece absurdo: “quienes confunden la naturaleza divina con la humana atribuyen fácilmente a Dios afectos humanos sobre todo mientras ignoran cómo se producen los afectos en el alma”. Dios no es ningún género, no puede ser más o menos perfecto. En las proposiciones de la Ética ha demostrado que a la naturaleza de una substancia pertenece el existir y que toda substancia es necesariamente infinita por lo que no puede, obviamente, existir más de una substancia infinita.
El pensamiento de Spinoza discurre todo el tiempo en una doble perspectiva difícil de apresar. La noción de “substancia infinita” es, por un lado, totalidad, es decir, el conjunto inabarcable de todo lo que hay. En ese sentido es un concepto “estático” una eternidad inmutable, lo absolutamente todo. Pero por otro lado es infinitud, es decir, un concepto “dinámico” que implica una secuencia o una duración interminable que tampoco tiene principio ni final. De este modo Spinoza rompe la escisión cartesiana entre Dios, el cuerpo y la mente. Para Descartes, y en eso coincide con Espinosa como racionalistas ambos, el ser tiene entidad, existe, es decir, lo pensado o concebido es un ente. Sin embargo, Descartes comienza por lo más concreto, por el cogito como «cosa pensante» y, de este modo, se conduce de la parte a la totalidad a través de un método que, desde nuestro punto de vista (y coincidiendo con Espinosa) es engañoso porque no alcanzamos a ver por qué, desde la propia duda metódica no podríamos cuestionarnos la misma idea de cogito como ilusión infundada por la hipótesis del genio maligno cartesiana. Esta hipótesis sostiene la tesis de un Dios maligno que nos engañara completamente respecto a nuestras percepciones como si viviéramos en un sueño. En esta hipotética situación llega Descartes a la conclusión de que, de lo único que puede estar seguro, es de su propio pensamiento aunque sea sonámbulo ¿Por qué. si es un Dios todopoderoso, no nos va a engañar también en eso?
Por su parte, Spinoza toma el camino inverso a Descartes y comienza por el Todo. De esta manera construye un Sistema en el que la dificultad estriba, precisamente, en introducir la dinámica, el devenir (el cambio), pero no hace trampa, en el sentido de que puedes aceptar o no su sistema pero no le puedes negar coherencia. En los próximos artículos veremos cómo Spinoza integra la parte en el todo, cómo de lo infinito puede surgir lo finito, cómo de la inmortalidad nace la muerte (o la ilusoriedad de la muerte) e intentaremos integrar las diferentes tradiciones interpretativas de este enigmático pensador.
Bibliografía básica:
• Deleuze, G. Spinoza: Filosofía Práctica. Ed. Tusquets. Barcelona, 2023
• García Ruzo, A. Eternidad y duración: perspectivas de la Naturaleza spinoziana. Contrastes. Revista internacional de filosofía. Vol. XXVIII 3. Universidad de Málaga, 2023
• Spinoza, B. Ética demostrada según el orden geométrico. AE. Madrid, 2023
_______ Tratado de la reforma del entendimiento. Ed. Tecnos. Madrid, 2018
• Zurro, MdR. Método y sistema en Spinoza
Bibliografía complementaria:
• Deleuze, G. Conversaciones (1972-1990). ARCIS, Ed. electrónica
• Hinrichs, E. Introducción a la historia de la Edad Moderna. Ed. Akal. Madrid, 2001
• Marías, J. Historia de la Filosofía. AE. Madrid, 2016
• Sánchez Meca, D. Diccionario de Filosofía. Ed. Alderabán. Madrid, 1996
• Tornero, E. Ibn Tufayl y Spinoza: sobre el conocimiento del tercer género. Universidad Complutense. Madrid, 2013 (Revista Española de Filosofía Medieval, número 20)
Recursos web:
• https://diariojudio.com/opinion/einstein-spinoza-y-dios/302636/


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