No sobra la gente… ¡sobra el dinero!

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¡No hay dinero! Es la premisa, cual mantra del capitalismo (neoliberal de izquierda o neoliberal de derecha) para justificar, en esta sempiterna crisis, todo tipo de medidas restrictivas de las condiciones sociales y laborales de los ciudadanos: desde los despidos hasta la explotación o los recortes sanitarios. La cuestión es que, como todo mantra, a fuerza de ser repetido por todos los medios y por todos los economistas, acaba por convertirse en una verdad inveterada contra la que no hay nada que hacer.

 

El objetivo de esta breve nota es tirar algunos datos para para poner en cuestión la susodicha premisa capitalista como mascarada de cómo son en verdad las cosas: ¡Nunca en la historia de la humanidad ha habido tanto dinero! Hay una cantidad desproporcionadamente ingente de dinero, casi inconmensurable y, por lo mismo, se deduce que nunca ha habido una redistribución más desigual e injusta de la riqueza. No decimos que, en términos generales, no vivamos ahora mejor que en la Edad Media, por ejemplo. Decimos que la distancia económica entre ricos y pobres es infinitamente mayor que nunca. Decimos que el proceso de concentración del capital ha llegado a un límite insostenible y absurdo. Decimos que el tema de la redistribución real de la riqueza debe ser central en cualquier propuesta que se autoproclame como “progresista” (si no aborda esta cuestión, no lo es), es decir, es “pro-sistema” todo debate que no ponga en cuestión la certeza de fe de la proclama capitalista.

Lo más hilarante del asunto es que estamos sometidos a tal grado de hipnosis, por parte del sistema, que pueden plantearnos la cuestión con total desenfado y alarde. Así, sin necesidad de hacer mucha investigación de campo, abrimos el web de Forbes y encontramos el siguiente titular: Más de 3.000 multimillonarios con un patrimonio de 16 billones de dólares “El club de los multimillonarios nunca ha sido tan grande ni tan rico.” El articulito nos informa que, por vez primera, se ha superado el hito de las 3.000 personas de más de 1.000 millones de dólares gracias a la última incorporación de 247 sujetos a la exquisita lista. Y añade que, en su conjunto, este 0,00000000000000375 de la población mundial (que es de algo más de 8.000 millones de personas) ostenta una riqueza equivalente al PIB de todos los países del mundo (descontando a USA y China), una cantidad de recursos que se va incrementando vertiginosamente. Anota también Forbes la jerarquía dentro del grupo en el que destacan 15 individuos con más de 200.000 millones por barba.

Si damos otra vuelta informativa para ampliar el arco a los 80.000.000 de considerados ricos del planeta, que representan el 1% de la población mundial, nos dice Oxfam Intermón que acumulan el 95% de la riqueza y que se integran como la seda en el tejido de los grandes grupos de inversión y multinacionales que controlan el mundo en lo que podríamos definir, perfectamente, como una oligarquía económica o paraestado mundial, perfectamente estructurada, cuyo poder aumenta día a día.

Nos es personal, son negocios. Afirmaría cualquier liberal de turno. Y es así, no hay ninguna conspiración rara, se trata, simple y llanamente, de la consolidación de un proceso aledaño al desarrollo del capitalismo durante el cual el poder económico se ha ido acrecentando paulatinamente hasta llegar al extremo actual de constituir un neofeudalismo o tecnofeudalismo salvaje dispuesto a succionar hasta el último penique de la Tierra.

Evidentemente, para sostener este estado de las cosas es necesario toda un constelación de creencias, de premisas aceptadas, de valoraciones… es decir, de toda una visión del mundo y del ser humano que, en su totalidad, se pone en cuestión cada vez desmentimos cualquiera de ellas, como por ejemplo, esta de que no hay suficiente dinero. Si resulta que, en realidad, es todo lo contrario, es decir, que hay demasiado dinero, pues, entonces, la respuesta es clara: Repartamos una migaja del pastel ¡Una migaja! Probablemente, con que todos los millonarios del mundo pagaran el mismo porcentaje de impuestos que cualquier trabajador habría dinero de sobra para solventar la sanidad, la educación y una calidad de vida digna para todos o, en todo caso, para alentar una notable mejoría en la situación general.

Si sabemos que los ricos no estarán dispuestos a aportar ni menos de lo que les corresponde en justicia, si no somos capaces de imaginarlo siquiera, si incluso justificamos la desigualdad estructural por histórica, sistémica, meritocrática o lo que sea… es porque estamos vencidos por el sistema o lo que es lo mismo, porque vivimos en un estado de conciencia hipnotizada. Silo nos recuerda que la mejor herramienta contra la hipnosis del sistema es la atención. Atender es aprender ver y relacionar lo que vemos con nosotros mismos abriendo la realidad a toda su multiplicidad de posibilidades.

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